Bienestar Espiritual

Oración

San Mateo 17: 14-21

“CUANDO TU FE SE VEA DEBILITADA”

Perdon, Señor, por saludarte tan temprano, pero sé que “EL PASTOR DE ISRAEL NUNCA DUERME NI HACE SIESTA”(Salmo 121:4). En este momento estoy invitando a que mis hermanos y amigos, elevemos nuestra mente hacia Ti, Señor, porque habemos muchos que nos hemos comprometido contigo para que Tú seas quien a pesar de NUESTRA POCA FE, acudas en nuestros momentos donde las fuerzas oscuras nos nublan la mente y nos apartan de Ti. Esto que provocan las fuerzas de la maldad es para que debilitados, nos sintamos abandonados, desprotegidos, desahuciados, que de pena, ni de Ti nos acordemos.

Por esos momentos de sombras de muerte en los que parece que la fe se empequeñece, las fuerzas nos abandonan, los amigos se apartan de nosotros, nuestra soledad nos hace temblar y perdernos en el mar de la desesperación, no nos resta más que clamar con lágrimas y suplicar Tu ayuda, como humildemente Te lo pidió el papá del joven de las convulsiones: “¡ —¡Sí creo! —exclamó de inmediato el padre del muchacho—. ¡Ayúdame en mi poca fe!” (San Marcos 9: 24). No importa cuánta sea nuestra fe en Ti, Señor, lo importante es tenerla y que acudamos a Ti, oh Padre, porque la fe es y será mientras vivamos, el gran poder que lo mueva todo y nos haga aceptos a Ti en todo.

Padre Comprensivo: De rodillas clamamos que ayudes a nuestros hermanos que cada uno Te hemos presentado por su nombre, para que seas Tú quien recibas nuestras súplicas, Te apiades de nosotros y nos concedas a satisfacción la petición, para que Tú seas el glorificado y nosotros, Tus hijos, los beneficiarios de ese divino favor.

Señor: ¿Quién que haya acudido a Ti con fe ha sido ignorado? ¿Quién no ha recibido de Ti, el grandísimo favor de vivir muy a pesar de enfermedades fulminantes, de enredos financieros, de peligros de muerte, de estar en medio de fuego cruzado, de accidentes graves, de problemas judiciales o de cualquier otra índole? Siempre nos ha sucedido que de manera incomprensible nada nos ha pasado, nada nos ha destruído y nada a podido acabar con nosotros. ¡Es evidente que Tu Mano divina y ese ejército celestial es el que por orden Tuya nos ha apartado de todo mal!

Gracias, un millón de gracias por ese don bendito de la fe! Amén.

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