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Celebrarán Independencia de Corea mañana domingo

Emilio con tres elegantes jóvenes de Corea del Sur.

La Asociación de Descendientes Coreanos en Yucatán (CORYUC) celebrará mañana domingo el Kuam Bokchol, la fiesta por la consumación de la independencia de Corea, en el parque del barrio de Santiago, donde habrá discursos conmemorativos y bailes típicos coreanos y yucatecos de 8 a 10 de la mañana. Asistirán integrantes de esa asociación civil sin fines de lucro, así como representantes de los tres niveles de gobierno y público en general.

Emilio Corona Hernández, secretario de CORYUC, asociación que se constituyó legalmente en 1997, informó que el embajador de Corea en México encabezará en Cuba este 15 de agosto el centenario del arribo de los coreanos a esa isla caribeña.

Emilio Corona Hernández en Hannok Village, Corea del Sur.

Añadió que, como lo hicieron por primera vez en 2003, algunos de los integrantes de CORYUC harán un nuevo censo de los descendientes coreanos dispersos en municipios de Yucatán, que van por la séptima generación. En aquel año reunieron información sobre unas 500 personas. Se calcula que hay más de tres mil descendientes de coreanos en la entidad, un tercio de los cuales radica en Mérida. Adelantó que es una tarea difícil porque la mayor parte de los descendientes de quienes llegaron en 1905 para trabajar en las haciendas henequeneras han sido asimilados totalmente por la sociedad yucateca prácticamente desde la segunda generación.

–Muchos yucatecos ni siquiera saben que son descendientes de coreanos, lo cual dificulta ubicarlos y entrevistarlos; hay que preguntar en las comunidades si conocen a personas de ojos rasgados y cuando damos con algunas de ellas entonces tenemos que vencer su desconfianza, indica Emilio.

Recordó que del grupo original de coreanos que migraron a Yucatán, que sumaban poco más de mil, unos 700 eran varones, 200 eran mujeres y el resto, menores de edad. Los apellidos coreanos más comunes aquí son Lee, Park y Kim.

Nuestro entrevistado opina que los descendientes de los coreanos redescubrieron sus raíces hace poco más de dos décadas, luego de que Corea del Sur registró un despegue económico espectacular, gracias a su cultura que privilegia el trabajo.

–Se podría decir sin exageración que el desarrollo tecnológico de Corea del Sur, así como el famoso k-pop y el cine coreano, contribuyeron de manera decisiva en esta revaloración, indica.

Emilio es originario de Colonia Yucatán. Su papá era coreano y trabajaba como mecánico general del aserradero que operaba en esa comunidad; su mamá, originaria de León, Guanajuato, se dedicaba a las labores domésticas. A los 16 años, después de concluir la secundaria, vino a Mérida en 1974 a estudiar la prepa. Ahora es investigador del Cinvestav.

–Mi abuelo era yanbam, es decir, letrado, vivía en la capital de Corea. A los tres meses de que mis abuelos arribaron a Yucatán tuvieron a mi papá, quien coincidentemente nació el 15 agosto, día de la consumación de la independencia de Corea. Mi papá aprendió a hablar perfectamente el coreano, y también español gracias a que convivía con niños yucatecos en la calle. Mis padres se conocieron y se casaron en Timul, comisaría de Motul. En esa época la mujer que se iba a casar con un coreano tenía que vivir quince días con su futura suegra para que le enseñara todo lo que le gustaba y necesitaba su futuro esposo, desde la comida hasta la forma de lavar, planchar y doblar la ropa, etc. Mi mamá entendía el coreano, pero no lo hablaba. En ese entonces no había mucha comunicación entre padres e hijos; los papás pasaban mucho tiempo en su trabajo y cuando regresaban a la casa era para descansar, así que mi papá no nos enseñó coreano, más que unas palabras y expresiones. Yo fui el último de doce hermanos.

Comenta que el interés por conservar las costumbres de los abuelos fue lo que impulsó a un grupo de descendientes coreanos a juntarse, conocerse y hacer cosas en común. Durante la primera década recibieron apoyos de pastores metodistas coreanos y después de la embajada coreana en nuestro país.

Con el propósito de acercar a las sociedades mexicana y coreana, Emilio fundó en 2005 la Escuela de Coreano de Mérida, que opera en la calle 44 Núm. 519 M, entre 69 y 71, a la que acuden unas 70 personas.

Cuando le pregunto por el perfil de quienes estudian allí, me responde:

–Hay más yucatecos interesados en aprender coreano: solo uno de cada diez estudiantes es descendiente de inmigrantes coreanos. Tenemos alumnos de todas las edades, desde 11 hasta más de 60 años. La media es de 18 a 20 años, y muchos de ellos llegaron atraídos por el k-pop, gracias al internet. Por otra parte, hace más de dos décadas que Mérida está hermanada con la ciudad de Inchon (antes Chemulpo), cerca de Seúl.

Emilio ha viajado tres veces a Corea del Sur: la primera vez en 1999, para participar en un congreso de emigrantes coreanos. En esa ocasión contó la historia de su padre en Yucatán. En 2017 regresó con una de sus hermanas y en 2019 acudió a recoger una medalla al mérito patriótico que el gobierno de Corea le concedió a su abuelo en 2015 por su contribución a la independencia de esa nación.

–¿Qué es lo que más te impresionó al conocer el país de origen de tus antepasados?

–El desarrollo económico, la honestidad de su gente y su educación de calidad. Duele decirlo, pero los coreanos aventajan a los mexicanos, confiesa.

Finalmente Emilio nos invita a conocer el Museo de la Inmigración Coreana ubicado en la calle 65 con 44, que abre todos los días de 10 a 17 horas, excepto los domingos que cierra a las 13 horas.

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