Bienestar Espiritual

Oración

Salmo 4

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

Muy buenos días, Señor y Padre: Hoy quiero iniciar mi día clamando a Ti desde mi soledad, desde mis entrañas, desde mi vacío que anhela ser llenado por Ti y por aquello que Tú sabes que sería mi añadidura para la vivencia plena de Tu Reino.

¡Respóndeme, Señor, cuando a Ti elevo mi clamor! ¡Estoy consciente de mi pecado, pero también estoy seguro de que Tú, mi Padre, me has vestido con dignidad, me has colocado un anillo de alto precio, has calzado mis pies, has hecho un banquete con el becerro más gordo y con la música encantadora haces más placentera mi fiesta! En pocas palabras, Padre Amado, me has justificado declarándome inocente. ¡Me has librado de todos mis problemas y lo seguirás haciendo día con día! ¡Ten misericordia de mí y escucha mi ferviente oración! ¡Me vas a conceder el deseo de mi corazón para que mi vida transcurra en una continua alabanza y un continuo glorificarte con mis propios bienes para salud de todos mis hermanos!

Mis enemigos quieren arruinarme por completo y me quieren ver sumido en la miseria y en la ignominia para reirse y destrozarme.

Ya es mucho el tiempo de su burla y sus opresiones. ¡Ya es hora de que les pongas un final, mi Señor! ¡Ya basta de tantas y tan necias acusaciones mentirosas en mi contra!

Padre Amado: Creo que de algo pueden estar seguros mis enemigos: De que yo estoy contado entre los justificados y tengo el privilegio de ser escuchado cuando a Ti clamo. Yo sigo invitando a todos a que depongan su necia actitud ante Ti y ante Tus siervos, porque cuando esto hacen, su enojo los descontrola y desajusta. Los invito a que reflexionen en el silencio maravilloso de la noche y ofrezcan sacrificios con un espíritu de rectitud y con una confianza plena en Ti, Señor.

Muchos, que no Te conocen, oh Padre Santo, seguirán diciendo desconsolados: “¿Quién nos augurará y asegurará tiempos de excelencia?” Señor: ¡permítenos que vean todos cuando Tu rostro resplandezca sobre nosotros y Tu sonrisa nos consuele!
¡Sé que hoy y justamente hoy estoy más alegre por lo mucho que ya has hecho y por lo muchísimo que aun harás en mi favor! ¡Mis cosechas rebasan mis graneros y el vino nuevo es una gran bendición! ¡Mis sueños son de calidad, porque la paz de mi alma la garantiza Tu Divina Presencia en mí y sé que al acostarme me protegen Tus Santos Ángeles, quienes por orden Tuya me mantienen sano, salvo y libre de toda adversidad!

¡Muchas gracias, Señor, por Tu Inmensa Bondad! ¡Muchísimas gracias, mi Padre Santísimo, por Tu Gran Amor, por Tu Inmensa Bondad y por Tu Gran aprecio!

¡Bendito y Alabado seas, oh Dios y Padre de nuestros benditos Padres! Amén.

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