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Cuando fuimos niños:  aquellas costumbres familiares de antaño (4)

Sin lugar a dudas, en la familia de los niños de ya hace más de 6 décadas, las costumbres eran muy arraigadas y se llevaban a cabo a pie juntillas. No es que existiese una reglamentación para ello, simplemente que eran cosas que había que hacer.  Las mamás por lo general eran las encargadas de ver que eso se llevase a cabo tal y como se acostumbraba. Las familias de hoy día ya no lo realizan, a menos que se vean comprometidas por las personas mayores de la familia.

            En la familia del que lo cuenta, siendo niños, nuestra mamá tenía la costumbre, como la tenían todas las mamás de aquellos años, de llevar a los hijos de edad temprana a que se “tomaran” una foto de caritas que una vez entregada por el estudio fotográfico, se colgaría para lucirla en la sala de la casa. Las fotografías podían ser de color o bien en blanco y negro difuminadas en el fondo. De cuatro, cinco o seis caritas, el de la tinta (no recuerda que haya tenido alguna foto de ese tipo ya que no hay constancia de ello, pero sus hermanos mayores y sus primos si la tuvieron y engalanaron la sala durante muchos años, hasta que los protagonistas de las mismas las quitaban, ya sea por pena o por algún otro motivo.

            Otra costumbre familiar de aquellos años, era el momento de “estrenar” ya sea ropa(camisas o pantalón) o bien zapatos (en el caso de los tenis, conocidos en aquellos años como zapatos de goma,  podía ser en cualquier momento), podía ser en dos días, el de cumpleaños o bien y en el mayor de los casos los domingos para ir a Misa. Antes de estas dos posibilidades u opciones no se podía estrenar nada. Esto con el paso del tiempo se fue diluyendo en la bruma del pasado. Hoy día cualquier día y momento es el ideal para estrenar.

            Cada familia tiene una costumbre para festejar a los hijos, en el caso particular de la familia del de la letra, lo común era que se comiera el día del cumpleaños de alguno de los hermanos o el del que lo cuenta ensalada de verduras (hasta hace poco el que lo cuenta supo que esa ensalada se llama rusa). Se almorzaba y se cenaba con galletas de soda. Por la tarde o cuando el cumple caía en días de clases, se pasaba a la casa de la abuela paterna, conocida como Mamadam (su nombre era Damiana Braga) quien nos hacía un pay de piña. Esa fue una costumbre que se cumplió al pie de la letra hasta llegada a la edad de la preparatoria. También era normal que la tía Rita nos regalara dinero de acuerdo a la edad que se cumplía, al de la letra le tocó recibir hasta los 16 años, ya que posteriormente la tía falleció, en la casa del que lo cuenta nunca hubo piñatas para los cumpleaños.

            Hace 60 años más o menos, no era común tener coche para el servicio de la familia, aunque si se podía observar que en algunas familias si tenían uno, pero eran aquellas consideradas como ricas. La mamá del que lo cuenta fue profesora y el papá un empleado de hotel (bellboy) no había la posibilidad de tener coche. En la casa del de la tinta, el primer coche que se compró, fue un VW para que el hermano mayor, el orgullo de la familia(estudiaba medicina) lo usara para ir a sus clases y prácticas.

            Cuando se requería el uso de urgencia de un coche (ya que los camiones pasaban en la puerta de la casa de la familia y de las tías) se llamaba a un Sitio de Taxis o coches de alquiler para que pasaran a la casa por la solicitante. Era un lujo el alquilar un taxi. Cuando esto ocurría los vecinos siempre estaban pendientes para verlo llegar y partir. Los Sitios de Taxi estaban cerca de la casa, el de San Cristóbal o bien el de San Juan. En casi toda la ciudad había sitios de este tipo para el servicio de la sociedad y de las familias yucatecas y meridanas.

            Había también otra opción, pero menos cómoda por el zangoloteo que el pasajero pasaba cuando viajaba en este vehículo, el de la grafía se refiere al coche de caballito (llamado elegantemente calesa y que hoy ya hay algunos sin el cuaco), era un poco más trabajoso el contratar a uno, ya que no tenían un sitio como los taxistas, se podía subir a uno en la plaza para hacer el contrato del día siguiente o del futuro viaje y en ocasiones se aprovechaba regresar de la plaza o del mercado en este vehículo. Es una sensación única el viajar en ellos. ¿Y ustedes caros y caras lectoras, han viajado en alguno de ellos?

            El ambiente comercial de aquellos años, comparado al de ahora que se desarrollaba en el centro de la ciudad (ya que hay que recordar que no había aún plazas comerciales) es muy distinto. El que lo cuenta recuerda que era común acompañar a alguna tía a realizar algún pago o compra al centro (con la mamá era muy raro hacerlo). La tía Rita fue toda su vida modista  y luego la tía Tere (combinaba el ser modista con su trabajo por las tardes de secretaria en la famosa y conocida Academia Pittman) , y por el motivo de la costura, iba con ellas para comprar telas en alguna de las tiendas de prestigio : La Diosa, El Cielo o Casa Álvarez, cuando se trataba de adquirir telas de calidad o bien en San Francisco de Asis u otras tiendas como  Casa Abud para comprar telas de menos calidad, también se acudía a alguna mercería (Huacho Martín) o alguna del mercado para comprar hilos, cierres, broches, agujas, alfileres, botones, en este giro estaba también La Mundial en fin lo necesario para la tarea de elaborar vestidos. Las personas que les gustaba tejer, estaba para surtir sus necesidades de estambre la tienda Peraza, posteriormente apareció otra de nombre El Gato. Cuando se acompañaba a la tía Rita era común ir a la librería Selecta para comprar algún artículo relacionado con la Iglesia, ya sea misales, mantillas u otra cosa relacionadas con el tema.

            En la plaza y cerca del mercado grande (no había otro, más que los de los barrios como Santiago, San Sebastián, Santa Ana, entre otros) se encontraban tiendas de diversos giros, estaba Beto Barato, con su amplia gama de juguetes de todo tipo, cerca de Correos (enfrente) estaba la famosa ferretería El Siglo XIX, a un costado los kioscos, donde se encontraban una gran variedad de artículos, principalmente dulces y piñatas, también licores, sombreros y miscelánea en general. Por el portal de Granos estaban las tiendas de frutas y carnes frías y demás, como Casa Barbosa y Casa Manzano. ¡¡¡Por los años setenta se construyó enfrente del Bazar García Rejón una tienda que fue muy popular en esa época Me lo Llevo!!!, en la esquina del Cine Aladino estaba un puesto de revistas El Candado. Casi enfrente de lo que hoy es la Primera Calle Nueva estaba un local donde vendían mariscos Soberanis y llegando a la esquina, situándolo de manera correcta enfrente de donde estaba La Diosa, se encontraba una zapatería que fue muy famosa hasta hace algunos años Canadá. A un costado de esta zapatería estaba La Literaria, papelería y juguetería y enfrente otras tiendas donde destacaba una de zapatos para niños, el establecimiento se llama Chalin.  Una de las características de esta zapatería es que las sillas que había para que los clientes se sentasen a probarse los zapatos eran de madera, similares a las que había en los cines.

            Ya estando en la plaza principal era común que se aprovechara para comprar buen pan dulce, había varias opciones, en primer lugar estaba la tradicional y antigua panadería La Vieja, en ella además del francés y pan dulce se elaboraban un postres cuya base era un pan de mantequilla y encima se les ponía un poco de merengue de color, también otras opciones, recuerda el de la letra uno que parecía un cisne. En la calle 60 x 65 z un lado de Casa Achach estaba la panadería La Modelo, entre los panes famosos estaban el Nevado y los famosos y siempre esperados swines. Una especie de churro hojaldrado que la tía Tere siempre llevaba a la casa después de salir de la Academia. Otra panadería famosa estaba enfrente del cine Mérida (hoy Teatro Armando Manzanero) llamada Centenario.

            Ya que estamos enfrente al hoy Teatro Armando Manzanero, hace algunos años, a un costado de la panadería El Centenario se ubicaba uno de los puestos más famosos de la ciudad hace ya unos años atrás. El lugar era conocido como Salbutes de El Chino, a la entrada del mismo estaba una gran vidriera en donde despachaba un gran personaje, grande y de sobrepeso,  sentado en un alto banquillo, El Chino,  desde donde como un director de orquesta, preparaba los grandes y deliciosos salbutes. y  a un lado de él, se situaban dos grandes ollas llenas de cebolla en escabeche, e donde sumergía sus manos para poner una generosa ración en cada uno de los salbutes que preparaba.

            Durante muchos años esta era una opción para comprar comida para cenar, y ya que se está refiriendo a comidas preparadas, había que retroceder un poco más nuestros pasos y entrar al Bazar García Rejón y enfilarnos hasta el pequeño puesto de las Tortas Pacheco, eran de ensalada, con un pan muy suave, un pedazo de queso, una rajita de chile jalapeño y si el parroquiano deseaba se le agregaba un chorrito de aceite Sensat. El que esto escribe nunca las probó con este aceite. También podían ser tortas de jamón y queso pero las famosas eran las de ensalada, dando las seis de la tarde ya era casi imposible poder conseguir las de ensalada, se agotaban de manera muy rápida. En la actualidad sigue este negocio atendido por los nietos pero con una calidad menor.

            Nuestro paseo por la plaza principal en aquellos años se podía rematar con ir a comprar en los Bajos del Novedades, alguna revista para la tía Bettyo bien ir a la Dulcería  Colón para disfrutar alguno de sus sorbetes muy buenos, que a pesar del paso de los años sigue siendo de muy buena calidad o bien alguno de los dulces que se vendían en este lugar como cuadrados, merengues, galleta rosada, piononos, chuses, amplia variedad.  Y7 si había un poco de dinero, la opción para una buena cena era comprar en el Restaurant del Louvre una de las ricas tortas que allá se vendía. En la actualidad hay una o dos restaurantes en algunos puntos de la ciudad, con la calidad un poco menor, pero buenas por lo general. Después de este paseo, retornaba a la casa en compañía de alguna tía y con algo en las manos en espera de otra salida.

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