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Lo qué nos falta por ver

Cuatro años van de la actual administración estatal, cuatro años que pasarán a la historia, pero lo triste es que pasarán a la historia como los de una de las peores administraciones que Yucatán haya tenido a lo largo de su vida. Históricamente, se registra la desafortunada imposición de Tomás Marentes, como gobernador de Yucatán, por Miguel Alemán Valdez, como la peor en la historia de Yucatán; pero la actual está empeñada en igualarla, e incluso superarla, y en ese sentido, va abonando puntos a su favor. Los desatinos se han dado en los tres poderes, que, actualmente, ya son uno solo, ya que los otros dos están supeditados a la misma voz. Así las cosas, pasaremos a aportar las causas de estas afirmaciones, que, por cierto, no son gratuitas, sino fundamentadas en hechos concretos.

El primer año de esta administración estatal pasó sin pena ni gloria, pero al iniciar 2020, junto con el inicio de la pandemia, pero sin que ésta se hubiera desatado y afectado la vida del mundo, del país y, desde luego, del estado, y causado daños severos a la economía, la visión del ejecutivo se nos reveló con unas lamentables concepciones sobre la importancia de la cultura, sus alcances y, sobre todo, su acción benéfica en la sociedad, y se realiza un anuncio que cimbró la cultura local en sus cimientos: El ejecutivo declara que, no cuenta con los recursos para sostener importantes instituciones culturales de la talla de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, el Museo de Arte Contemporáneo MACAY, el Museo de Arte Popular y el Museo de la Canción Yucateca. Una situación negativa sin precedentes y de una gravedad extrema, pues ponía en riesgo un importante rubro de la cultura local, incluido el proyecto cultural más importante del estado, la Orquesta Sinfónica.

El ejecutivo del estado declara no tener dinero, pero a contra parte, se echa un gasto de ciento once millones en la mal planeada y peor construida, aventura de las ciclopistas. Una vez más aclaramos que, consideramos necesarias, más bien indispensables, estas vías para los ciclistas, pero éstas estuvieron mal planeadas, y peor construidas, y el tiempo ha puesto en evidencia su pésima calidad, pues hay que verlas hoy, casi totalmente borradas; sólo se les percibe por las tortugas que marcan sus límites. Y una realidad es que, con menos de la mitad de lo gastado en este fallido proyecto, se sostenía sin problema a la sinfónica y los tres museos. El caso fue una cuestión de concepción, no de recursos.

El escándalo mayor vino con la presentación del proyecto del tan llevado y traído Estadio Sustentable, que aseveramos, nunca se tuvo la intención de construir, pero lo que si es una realidad es que, la Escuela Normal Urbana “Rodolfo Menéndez de la Peña” fue sacada de su ubicación en un lugar privilegiado de la ciudad, y enviada a la zona más insalubre de la misma, y hoy es vecina del Rastro Municipal y la Central de Abastos. El mentado estadio no se va a construir, o cuando menos no ahí, pero el privilegiado terreno ya fue dado de baja del patrimonio del estado y esto lo hace vendible a particulares. Un negocio redondo en puerta.

La impartición de justicia tampoco abonó mucho de positivo a esta situación. El sonado caso de Juan Campos Casares y su esposa Lucely Peniche Pasos, asesinados en su casa de la Avenida Colón. Un par de asesinos confesos y con pruebas contundentes, apelan la sentencia condenatoria, y el Primer Tribunal de Revisión encuentra fallas administrativas en el proceso y los deja en plena libertad sin restricción alguna. Un par de asesinos confesos, libres totalmente, vulnerando todo sentido de justicia. Emma Molina, clama la protección de la autoridad por las amenazas recibidas de su esposo, desde un penal de Tabasco; la apoyan un tiempo, luego le retiran la vigilancia, finalmente Emma es degollada en presencia de sus pequeños hijos. Andrea, joven de veinte años, es brutalmente golpeada por Christian, su novio karateca de treinta y dos años; el novio es encarcelado por el cargo de feminicidio en grado de tentativa, delito grave; la defensa de Christian pide un amparo, el delito se reclasifica como lesiones que ponen en peligro la vida, y el brutal karateca recupera su libertad.

El Poder Legislativo también ha puesto lo suyo a la mala administración, y esta soberanía lo ha hecho recientemente. Usando la condición de mayoría en la cámara local, la bancada panista ha aprobado con una inusual rapidez un par de leyes muy controversiales. En la primera, de un plumazo desaparecieron a todos los integrantes del Tribunal Superior de Justicia y el Consejo de la Judicatura del Estado, dejando con ello al ejecutivo el camino allanado para llenar estas vacantes con las personas de su elección, pues ya ha quedado evidenciado que no hay separación de poderes entre ejecutivo y legislativo; y a resultas de esta nueva ley, tampoco habrá separación entre ejecutivo y judicial. Y luego vino lo peor, con una celeridad poco usual, se aprueba la nueva Ley del ISSTEY que lesiona seriamente la economía de los trabajadores. No importó que, la economía de la institución la hubieran quebrado las malas administraciones, el quebranto lo pagarán quienes en cuarenta y seis años la han sostenido con sus cuotas, retenidas vía nómina.

Los efectos de la Ley del Poder Judicial, ya se están dejando sentir, y el ejecutivo se va despachando con la cuchara grande. Una exlegisladora, que se destacó por sus posturas contrarias a la diversidad sexual y los Derechos Humanos, y que lo corroboró con su voto, ha sido elevada a Magistrada del Tribunal Superior de Justicia. Y algo aún peor, un juez de segunda instancia que ha causado escándalo por ser golpeador de sus esposas, en sus dos matrimonios, ha sido elevado a miembro del Consejo de la Judicatura del Estado. Ya las lindezas se van enseñoreando en el nuevo Poder Judicial de nuestro estado.

¡Y LO QUÉ NOS FALTA POR VER!

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