Bienestar Espiritual

Oración Matinal

Iglesia Ortodoxa Bienestar Espiritual

Salmo 146

¡OREMOS AL SEÑOR! ¡SEÑOR, TEN PIEDAD!

¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Abre tus ojos, alma mía, ve que el Señor te ha dado la dicha de ver la luz de un nuevo y esperanzador día. Aprovecha para agradecerle, para alabarle, para adorarle, para glorificarle por todo cuanto él hace en tu favor.

A cada instante que respiras, a cada instante que disfrutas de todo cuanto tu Dios ha dispuesto a tu derredor para que lo goces y te extasíes en él, a todo reto que se te presenta, a todo tropiezo que sale a tu encuentro, que te sea motivo de agradecerle porque sabes que la gracia divina te hace más placentero el momento y en los instantes de prueba, de desencanto, sabes que lograrás vencerlos por ese inmenso poder de Dios que está en ti y, no olvides que cada tropezón es para que fortalezcas tu voluntad. Por eso, alma mía, ¡alaba al Señor, porque tú, mi cuerpo y mi espíritu alabaremos toda nuestra vida alabaremos con la belleza de los salmos Su Santo y Poderoso Nombre!

Alma mía: ¡Desconfía de los poderosos de este mundo, porque son simples mortales que no pueden salvar, porque un día tornarán al polvo, su espíritu se apartará de ellos y sus planes de desvanecerán!
Comprende, alma mía, que es mejor confiar en el Dios de Abraham, Isaac y Jacob; confiando en Él y esperando de Él la ayuda necesaria, porque Él si que lo puede todo. Piensa que Él hizo toda la creación visible e invisible y todo cuanto en ella hay, pues Él es la Verdad Eterna e Inmutable. Él es justiciero con los oprimidos que da de comer al hambriento, libertad al cautivo, vista a los ciegos; Él sostiene a los que sufren, a los cansados, ama a los justos, protege al extranjero, sostiene al huérfano, a la viuda y frustra los planes de los malvados.

¡Oh Monte de Sión! ¡Que el Señor reine eternamente de generación en generación!

Ves, alma mía, el ¿por qué debemos alabar al Señor mientras vivamos? Por eso, te invito a que despiertes y te levantes de tu lecho para que los primeros instantes los dediques a Dios, porque alabando, agradeciendo y adorando, es como la gracia divina fluye en ti y en mi cuerpo y hasta el mismo Espíritu se regocija y se eleva a las alturas alcanzado de Dios apoyo, favor y comprensión.

¡Alma mía! ¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!

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