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El Sistema Ponce

He sabido toda la vida que yo también era uno de los escogidos. Tuve siempre confianza en los sueños, porque se que tras ellos se esconde la puerta de la inmortalidad. Tuve siempre confianza en mis manos porque adivinaba que tenían el poder de crear puentes mágicos hechos de rama, de telas de araña, de todo aquello que hace posible la comunicación universal. Por ello las autoridades hace mucho tiempo me buscan, aunque hasta ahora no han logrado identificarme. Se que el día que lo logre no tendrán consideración de mi. Me apuntaran con sus armas y ni siquiera se molestarán en registrarme para ya la debida identificación: la licencia de conducir, las huellas digitales, cualquiera de esas pruebas que en mi caso resultarían gratuitas.

Mi bisabuelo había llegado a Yucatán vestido de chaleco, saco y corbata y resoplando “¡que calor” !, como si en Cuba hubiese hecho mas fresco que en Yucatán. A pesar de su apariencia de mago caído en desgracia, el haber cruzado el atlántico lo rodeaba una aureola de prestigio, había llegado teniendo un sueño: dividir en dos mitades el continente nuevo abriendo la arteria de comunicación buscada por el hombre occidental durante siglos: Panamá o Tehuantepec pero si se pensaba cavar en el continente virgen el surco habría de ser la hazaña geográfica del siglo. Al fracasar en aquel intento ya no quiso abandonar América, pero había llegado a Yucatán con los bigotes rubios aun rizados por los sueños. Al poco tiempo de su llegada se dedico a diseñar hermosas maquinarias de metal que elevaban las pesadas pencas de henequén. Aquellas maquinas ofrecían a los habitantes un cambio refrescante de las antiguas maquinarias construidas antes. Su fama llego hasta el punto de ser conocido por toda la península como el gachupín de las maquinas, pero el jamás le dio importancia al distintivo, ya que dichos aparatos no eran otra cosa que la cristalización inevitable de su sueño. Jamás pensó por aquellos tiempos en quienes hacían el durísimo y cruel de quienes hacían el trabajo trabajo de cortar las pencas: los indios mayas, sus relaciones. Fueron solamente con la gente de poder, es decir los hacendados. Fue por aquellos tiempos que conoció a la yucateca con la cual se caso. Pasaron varios años y el era un hombre casi tan rico como los propios hacendados gracias a su maquinaria. Era conocido entre la cerrada alta sociedad de los reyes del henequén como el inventor del sistema Ponce que tal era su apellido. Entre aquella bucólica, extravagante y hasta ridícula sociedad conocida posteriormente como la casta divina el tiempo paso mas rápido de lo que el imaginaba. El país vivía tiempos violento y cierta noche ya un anciano fue hallado su cuerpo en la escalinata de la casa principal a lado del cadáver del dueño de la hacienda los cuerpos despedazados a machetazos. La revolución llegaba a Yucatán.

Me fui a Progreso a comprobar como pregonaron los “ambientalistas” que quedaría color mermelada de pitaya. Atribuido este color a Andrés Manuel López Obrador a causa del tren maya. Juar juar juar

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