CulturaEspeciales

La biblioteca de Stalin (I)

De izquierda a derecha: Kliment Voroshilov, Maxim Gorky y Josef Stalin, 11 de octubre de 1931.

¿Se puede conocer la personalidad de alguien a través de los textos que lee o atesora? Muchos creen que sí es posible. Con base en esa premisa, el historiador Aaron J. Leonard, especialista en historia del radicalismo, entrevistó al profesor Geoffrey Roberts por la aparición de su libro Stalin´s Library: A Dictator and His Books, publicado por Yale University Press en febrero de este año.

El diálogo entre ambos historiadores se publicó ayer en el portal History News Network auspiciado por la Columbian College of Arts and Sciences de la Universidad George Washington.

Aaron Leonard (AL): Su libro deja claro que Stalin era un apasionado lector. ¿Podría hablarnos sobre la amplitud y profundidad de su biblioteca personal?

Geoffrey Roberts (GR): Había alrededor unos 25,000 libros, folletos y publicaciones periódicas en la biblioteca de Stalin cuando murió en 1953.  El plan era mantener la colección intacta como parte del Museo de Stalin con sede en su principal residencia de Moscú, como se había hecho con la antigua casona de Lenin en Gorki, a las afueras de la capital soviética. Cuando Lenin murió en 1924 tenía casi 9,000 libros en su biblioteca personal. Sin embargo, los efectos personales de Stalin, incluidos sus libros, se dispersaron después de que Jruschov denunció al dictador en el 20º Congreso del Partido en 1956. No obstante, los archivadores del partido conservaron en un almacén unos 5,500 textos que eran identificables como propiedad de Stalin, ya sea porque contenían su ex libris o porque él los había marcado de alguna manera. También mantuvieron varios cientos de libros dedicados a Stalin por sus autores. Los restos de su biblioteca solo estuvieron disponibles para los investigadores a partir de finales de la década de 1980.

Stalin era un devoto lector de ficción y no ficción. Se supone que su colección de libros contenía miles de novelas, obras de teatro y cuentos. Desafortunadamente, Stalin no marcaba habitualmente las obras literarias ni les imponía el sello de su biblioteca. Con todo, el tipo de ficción que le gustaba y sobre sus autores preferidos me permitió escribir un capítulo sobre Stalin y la literatura soviética.

Los libros que figuran en los remanentes que sobrevivieron de la biblioteca de Stalin son textos que uno esperaría encontrar en la colección de un marxista devoto con intereses particulares en historia, filosofía, economía y política. La mayoría de los autores de estos libros son marxistas y socialistas, pero Stalin no tenía prejuicios para tomar ideas e información de cualquiera, incluidos sus opositores políticos como León Trotsky. El historiador favorito de Stalin era el no marxista Robert Vipper, que se especializó en la historia cristiana primitiva. Vipper también escribió un libro que cambió la visión de Stalin de la historia rusa: una defensa de Iván el Terrible como constructor del estado patriótico.  Los zares habían hecho muchas cosas terribles, dijo Stalin a sus allegados más cercanos en 1937, pero también habían construido un estado vasto y fuerte, que los bolcheviques que ahora lo controlaban tenían el deber de defender.

Otro constructor de estado muy admirado por Stalin fue el «Canciller de Hierro», Otto von Bismarck, cuyas memorias leyó.  Marx, Engels y Lenin también estaban muy interesados en Bismarck, particularmente en su «revolución desde arriba» que había unificado Alemania. Como ha señalado Arfon Rees, más de un biógrafo de Stalin ha comparado esa revolución bismarckiana con la modernización estatal de la Rusia soviética a través de la industrialización acelerada y la colectivización de la agricultura impulsada por Josef. Pero también creo que Stalin estaba interesado en Bismarck como practicante de la realpolitik en materia de política exterior. Había muchos libros sobre diplomacia, guerra y relaciones internacionales en la colección de Stalin.

Como internacionalista, los intereses de Stalin eran globales por lo que recopiló y leyó libros sobre muchos países: China, Japón, India, México, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia, Alemania, Irlanda y muchos otros.

Aparte del ruso, la comprensión de Stalin de los idiomas extranjeros era muy limitada. Había cientos de libros en inglés, francés, alemán, italiano y otros idiomas en su colección, pero no hay evidencia de que haya leído ninguno de ellos. La biblioteca de Stalin era principalmente una colección de textos en ruso, más algunos libros en su georgiano natal.

Stalin anotó y leyó en ruso y hay casi 500 libros que contienen sus pometki (marcas), aunque en su mayoría en forma de subrayados en lugar de palabras.

AL: La formación religiosa de Stalin parece haber dejado una impresión duradera en él. Recuerdo haber leído en su obra posterior, Problemas económicos del socialismo en la URSS, su desafío a un camarada que invocaba el concepto de pecado: «Equiparar una parte de los medios de producción (materias primas) con los medios de producción, incluidos los implementos de producción, es pecar contra el marxismo …». Esto sugiere que para él los principios del marxismo eran, como en la religión, irrefutables. ¿Cómo ve su formación temprana con respecto a su posterior marco ideológico?

GR: Como se sabe, Stalin se educó en una escuela de la iglesia en su ciudad natal de Gori y luego en un seminario ortodoxo en la capital de Georgia, Tbilisi, donde se formó para ser sacerdote. Pasó una década inmerso en la educación cristiana antes de rebelarse contra la Iglesia y renunciar al sacerdocio para convertirse en un revolucionario profesional. A Stalin le gustaba recordar la lectura de El Capitalde Carlos Marx, pero supongo que no hay libro que haya leído más a fondo que la Biblia cristiana.

La creencia de Stalin en el marxismo era ciertamente muy dogmática en el sentido de que la ideología se consideraba verdadera e incuestionable. Por lo tanto, se podría percibir el abandono de sus convicciones cristianas de la infancia y adolescencia y su tránsito al marxismo como el intercambio de una fe por otra. Pero no era así como Stalin lo veía. Para él, el marxismo estaba basado en la razón y la ciencia, y el conocimiento que producía era empíricamente verificable. Creía que el marxismo era irrefutable porque era verdadero, pero podía, en principio, ser refutado, a diferencia de la religión, cuyas verdades eternas se basan en la fe y la revelación.

Stalin usó palabras y frases religiosas a lo largo de su vida, como lo hacen muchos ateos convencidos, pero no creo que esto significara ninguna influencia profunda o duradera de su educación religiosa, excepto en un aspecto importante: las convicciones cristianas de Stalin eran profundamente emocionales y lo mismo era cierto de su marxismo y comunismo.

En el libro propongo que deberíamos ver a Stalin como un intelectual sentimental para quien las ideas tenían una resonancia emocional y racional. Fue la fuerza emocional de su sistema de creencias lo que sustentó sus compromisos intelectuales y le permitió, como persona, sostener décadas de gobierno brutal y dictatorial que resultó en la muerte de millones de personas inocentes. Las sensibilidades religiosas del piadoso joven Stalin pueden verse como el inicio del tipo de intelectual político en el que más tarde se convirtió. (Continuará)

Deja un comentario

Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.