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Los rumores del agua

Diego Rivera: El cenote y Mestiza maya yucateca (1925), fresco, edificio de la Secretaría de Educación Pública, Cd. de México.

“No hay que decirlo mucho, pero cuando en el resto de México no haya agua, en Yucatán todavía nos quedará suficiente”, “No se debe divulgar, pero la Península de Yucatán es una enorme reserva de agua”. Cuando escuchaba frases como esas en la década de 1990 las creí tal cual las dos primeras veces.

Conforme pasaban los años y las seguía oyendo, con la misma advertencia de mantener tal información en secreto -un procedimiento mañoso para una difusión malintencionada-, me fue naciendo la sospecha de que conllevaban un trasfondo de perversidad. Quizá algunas de las personas que las repetían lo hacían de manera inocente, sobre todo cuando no tenían conocimientos relativos a la ecología, pero quienes originalmente las soltaban sí perseguían determinados fines de conveniencia económica. Consideraban necesario protegerse a futuro con el saqueo y la contaminación del agua para beneficio de sus empresas, construyendo el falso aserto de que no había problema en hacerlo porque teníamos de sobra en el subsuelo, los cenotes y en otras cavidades.

Ahora sabemos que no es así, que no somos reserva, que cuando falte el vital líquido en México -cosa que está ocurriendo ahora dramáticamente- de ningún modo seremos la excepción porque apenas será suficiente para nosotros durante algún tiempo. Sabemos ahora que nuestra agua no es completamente buena, que se le están infiltrando elementos tóxicos ya sea industriales o meramente humanos. Que aquella información distorsionada se difundía en beneficio de determinadas actividades económicas que buscaban cubrirse de las futuras acusaciones de estar destruyendo el entorno y acabando con las fuentes de agua.

Cuando vemos ahora lo que está ocurriendo en gran parte del territorio mexicano con la sequía, que da lugar a obligadas restricciones en el uso de los recursos hídricos, recordamos aquella frase que durante algún tiempo se volvió un lugar común y, por tanto, desgastado en su contenido, pero que se ha vuelto temiblemente probable: que las guerras del futuro no se efectuarán por las riquezas monetarias ni el petróleo sino por el agua.

Cuando uno piensa en términos de las culturas ancestrales y aun vivas, esas que sólo son miradas en su exterioridad superficial sin considerar el sentido y la razón de ser que les han permitido persistir, encontramos que las sociedades de otra época se establecían en lugares donde había fuentes de agua que les permitieran efectuar sus actividades económicas y hacían sus construcciones teniendo en consideración los fenómenos del medio ambiente. Las zonas áridas correspondían a pueblos nómadas, de escasa población, a menudo dedicados a asolar a las poblaciones establecidas. Esa historia corresponde a zonas del suroeste norteamericano y del norte de México, zonas de la Península Arábiga y del Extremo Oriente, pero que ahora están pobladas, con urbanización y diversificación de actividades económicas. Si la carencia de agua era parte del entorno, ahora se ha agravado aun más y sólo se podrá resolver forzando los modos de trasladarla hacia donde se necesita con urgencia.

En ese mismo sentido, hay que considerar cuál fue la situación en Yucatán respecto a la relación de asentamientos humanos y las fuentes de agua en los tiempos prehispánicos, coloniales y del siglo XIX. En qué zonas no se establecían ni construían los habitantes de esta península, teniendo en cuenta las posibilidades de abastecimiento hidráulico.

Para generar más conciencia en la actualidad ahora aquel rumor de la abundancia tendría que expresarse de modo contrario al que se venía haciendo: “No se lo digas a nadie, pero en Yucatán ya estamos teniendo muchos problemas con el agua”. Tal vez con el morbo del chisme logremos crear más conciencia acerca del cuidado de este indispensable recurso.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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