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La nueva ley del ISSTEY, una puñalada a la clase trabajadora

De nada sirvieron los análisis, sugerencias, pronósticos o cualquier observación sobre la situación financiera del Instituto de Servicios de Seguridad Social para los Trabajadores del Estado. De nada sirvieron las posibles soluciones planteadas al problema, que eran sencillas, veraces, factibles. La actual administración estatal, que ya es una sola, pues la división de poderes ya no existe, tomó el camino fácil, pero más injusto; serán los trabajadores, con nuevas y draconianas cuotas, quienes sacarán a la institución del quebranto económico en que la pusieron administraciones incorrectas, deshonestas, corruptas pues. Nada de averiguar y analizar las causas de la inmoral quiebra, nada de restituir lo desviado ilegalmente, nada de eso. Como dice el refrán, y los refranes son sabios, “La soga revienta por lo más delgado”, y lo más delgado en este caso, es la clase trabajadora. Y ahora, por decisión de la Legislatura, por mayoriteo de la fuerza blanquiazul, serán los trabajadores quienes paguen el quebranto económico de una institución que fue creada precisamente para protegerlos.

Desde su creación en septiembre de 1976, todos los trabajadores de las dependencias del gobierno del estado, han aportado sus cuotas, voluntariamente o no, pues les son descontadas vía nómina; así que, desde ese punto de vista, la situación económica del ISSTEY estaba totalmente garantizada, cuando menos en lo financiero, pues su administración dependió siempre de las diferentes administraciones estatales. Pero sucesivamente, fuero ocurriendo cosas no esperadas y menos correctas. Los recursos económicos del ISSTEY eran cuantiosos, así que fue muy fácil pellizcarlos una y otra vez, para esto o para aquello, sin que esto se reflejara en sus finanzas. Las diferentes direcciones de la institución siempre contaron con hábiles contadores que supieron cubrir y maquillar esta cuenta pública, hasta para desaparecer la compra de rábano y cilantro para el frijol con puerco, de cada lunes, de la casa de un director, que eso fue pecata minuta, lo grande es que, el ISSTEY, se volvió la caja chica del ejecutivo del estado, y ahí ya no fue pellizco, sino un sangrado torrencial. Y eso, no hay economía que lo aguante, por abundante que sea.

Silenciosamente, opacamente, las finanzas del ISSTEY se fueron quebrantando, al punto de ya no tener la liquidez para financiar los préstamos que por ley se tiene que hacer a los trabajadores. La solución a esto fue una verdadera barbaridad. Se negoció con financieras privadas que, gustosamente, absorbieron este rubro, pero cobrando altos intereses a los trabajadores, que deberían recibirlos en condiciones blandas, pues debían provenir de sus propias cuotas aportadas. ¡Ah, pero además, esto fue un gran negocio para la administración del ISSTEY! Las financieras dieron generosos moches a los funcionarios, y todos contentos. A esta corrupción, muy pronto se unieron las diferentes administraciones de las dependencias estatales. Se volvió una costumbre muy cómoda, no depositar al ISSTEY las cuotas retenidas a los trabajadores. Esa fue la puntilla para la institución. Esas cuotas de los trabajadores importan una cantidad estratosférica, y nadie sabe que destino tuvieron, pues al ISSTEY nunca ingresaron.

Así las cosas, llegamos a la actual administración estatal, quien se percata de que tiene entre las manos una enorme bomba de tiempo que está apunto de detonar. Ya no hay margen de tiempo para manejar más la situación, ya no queda posibilidad de ninguna maniobra. Y tiene que buscar una solución a la voz de ya. Pero qué creen; nada de hacer que las dependencias se pongan a día con las cuotas que retienen; nada de investigar para fincar responsabilidades y hacer que los corruptos regresen los que se robaron, no. La solución genial, ¿será el producto del análisis de la junta de expertos? Se encamina contra los más vulnerables, ¡los trabajadores! La clase trabajadora pagará los platos que no rompió. No importa que, durante cuarenta y seis años los trabajadores hayan aportado puntualmente sus cuotas. No importa que no sea responsabilidad de los trabajadores la mala administración del ISSTEY. Ellos, y sólo ellos, van a pagar las consecuencias de la corrupción.

El ejecutivo del estado, envía a la legislatura una nueva ley para el ISSTEY. En ella se contempla un aumento desproporcionado e inhumano de las cuotas de los derechohabientes, se aumenta el término de la edad para gozar de una jubilación, se aumenta el plazo del tiempo de servicios para gozar de esta prestación, que es un derecho básico consagrado en la Constitución General de la República y en la Ley Federal del Trabajo. O sea, la clase trabajadora pagará por las deshonestidades de los funcionarios corruptos. La clase trabajadora es castigada por una falta que no cometió. Y los corruptos… Seguramente muy tranquilos, tal vez tomando una cervecita a la salud del ejecutivo del estado. Total, a ellos no les va a pasar nada, nadie los va a molestar.

La bancada albiazul, rápidamente, sirve a la voz de su amo. Con un desvergonzado mayoriteo aprueba con una rapidez inusual la nueva ley. Las argumentaciones de la oposición son “vox clamantis in deccerto”. La multitud de falsos portales pagados por suponemos quien, anuncian con bombo y platillo la nueva ley que, es “una garantía y una sólida protección a los trabajadores de Yucatán”. Las voces populares les responden llenas de justa indignación.

Hay una voz pendiente de ser oída, esta es la voz de las urnas. Esta voz se levantará en 2024. ¡Esperamos que se oiga con fuerza!

Un comentario

  1. Un análisis preciso y justo . El abuso una vez más, a manos de la clase gobernante – empresarial prianista que tanto desprecio ha proyectado en gobiernos sucesivos que parecen no terminar. La gente seguirá votando por estos partidos?

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