CulturaEspeciales

Meche Carreño (1947-2022): la chica del monoquini

El erotismo es algo fundamental. El espacio que ocupa en nuestro lenguaje y  nuestro pensamiento demuestra que es una de nuestras principales preocupaciones. Vemos imágenes eróticas en todas partes: y eso dice más sobre nosotros que sobre el mundo que habitamos. No es de extrañar, por tanto, que el erotismo sea uno de los temas más comunes en el arte.

John Williams

Delgada y morena, de pelo lacio y negro como ala de cuervo, Meche Carreño saltó a la fama por posar en monoquini, traje de baño que resultó escandaloso e inmoral para aquellos fresas y reprimidos sesenta. Nacida en Minatitlán un 15 de septiembre, dio su grito de independencia al dejar descubiertos sus firmes senos de nínfula olmeca.

 Nuestra sociedad, a diferencia de la sajona que por raíces religiosas dice sus pecados en voz alta, los guarda en cajas de Olinalá  y los amarra con listones de seda. Es tal vez por eso que el pecado en nuestro país tiene un sabor más rico y más cachondo. Meche es junto con Fanny Cano e Isela Vega, para una generación de jóvenes mexicanos, la corroboración de lo sabroso del cuerpo humano femenino, así como su contraparte masculina Jorge Rivero Andrés García Y Gregorio Casal, hicieron lo suyo con las «niñas» de la época al mostrar su musculatura, y en varias ocasiones algo más que sus masculinos y hermosos glúteos… 

 Los sesenta mexicanos son el verdadero inicio del «destape», influyó en esto, tal vez, el nacimiento del «jipismo», Bertrand Russell, los Beatles, los Doors, Ursula Andrews y el que Marlon Brando cabalgara con un rítmico movimiento de nalgas, en Reflections in a Golden Eye (1967).

 La edición donde Meche posó en monoquini, se agotó como pan caliente de El Molino. La controversia alrededor de esta «descarada», recorrió todos los espacios del país: cafés, hogares, oficinas, fábricas, comercios, escuelas, periódicos y revistas.

 «Yo lo que quería, declara Meche, era trabajar. En ese tiempo circulaba la versión de que una forma de lograrlo era el monoquini. Protesto que no lo hice por publicidad. Entonces no sabía yo ni siquiera lo que era eso.»1

 Pero lo supiese o nó, el caso es que se le abrieron las puertas del cine. Primero haciendo el desnudo que se negó a filmar Ana Martin en Blue Demon contra las diabólicas (1966), después en plan estelar en Damiana y los hombres (1966), cuyo argumento escribió ella, así como el de su segunda película: No hay cruces en el mar (1967); siguió a ésta un proyecto escrito y dirigido por Julio Bracho: Andante (1967), película fallida a pesar de su muy alto presupuesto.

 El filme que la consolida como mito erótico es indudablemente: La sangre enemiga (1969), cuyo guión se basó en un best seller de Luis Spota. Entrevistada sobre su intervención en esta cinta declaró:

“-De todo lo que he hecho, «La Sangre Enemiga», es lo que más me gusta, interpreto el papel de una chica que no se puede decir buena, buena, pero es real, al menos así lo siento yo. Tiene todos los matices y vive el momento como debe de ser con absoluta sinceridad.»2 .

 En este filme comparte créditos con la bonita y fresca Leticia Robles, y con un símbolo sexual masculino rival de Jorge Rivero en músculos y desnudeces, el guapo Mister México Juan Miranda.

                                                            

Notas

  1. CONTRA PORTADA MECHE CARREÑO. Cinelandia Nº 300, México, 27 de marzo de 1971,   p. 14
  2. ibid. p. 14
  3. Sánchez, Alvaro. Ronda por los estudios, Meche Carreño EN UN PAPEL DIFERENTE
  4. EN «LA INOCENTE», Cinelandia N§ 300, México, 27 de marzo de 1971, p. 15
  5. Ayala Blanco, Jorge. La Condición del Cine Mexicano, Editorial Posada, México, 1986, p. 256-257

Fernando Muñoz Castillo

Escritor, hacedor de libros objeto, dramaturgo y director de teatro. investigador e historiador de teatro y cine. curador y museógrafo. periodista cultural. ha publicado varios libros.

Deja un comentario

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.