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Los males del transporte urbano

Estamos viviendo un retroceso de más de 30 años en materia de transporte urbano. Escasos autobuses, con horarios recortados y largos tiempos de espera para los pasajeros. Vehículos en mal estado, malas maneras contra estudiantes y adultos mayores y un desperdicio de tiempo en lo individual y lo colectivo, con los consiguientes daños a la salud emocional.

Si bien es un logro haber echado a andar la ruta del Periférico y también lo es la idea de que haya servicio en algunas rutas hasta las 3 de la madrugada, en general el transporte urbano en Mérida anda mal y de malas. Tal parece que se trata de golpear a los trabajadores y a la gente de escasos recursos, que ya no buscan su esquina.

Hace unos días llegué al paradero de la combi de Águilas pocos minutos antes de las 9 p.m. y había una fila de gente esperando. Trece minutos después llegó una unidad y abordamos. El conductor comentó que ya había terminado su jornada, pero que vio la cola y decidió dar el servicio. Años atrás esa ruta tenía su última salida a las 10 de la noche, ahora termina a las 9 y para colmo hay choferes que no respetan ese horario de cierre. Así que de no ser por la voluntad de aquel conductor -movida por la ganancia, dada la cantidad de gente- los usuarios de esa noche hubieran tenido que ver si alcanzaban a tomar algún autobús de otra ruta que los acercara un poco a su destino, con la resignación de que tendrían que completar su trayecto caminando un largo tramo.  

Esa noche la combi partió con nueve pasajeros (no “pasajes” como inhumanamente nos llaman a los usuarios) y al llegar a la avenida Rómulo Rozo, en Itzimná, ya tenía el cupo lleno y por ello en el camino dejó a dos personas sin poder abordar. Varias personas preguntaron acerca del horario y la queja fue de que es una exageración que la ruta termine tan temprano cuando ya se han normalizado las actividades en la ciudad.

Así sea a la luz del día, las esperas son demasiado prolongadas y la alternativa del taxi y las plataformas también se ha ido para arriba. Cuando una noche no me quedó más remedio que tomar un taxi, tuve que bajarme apresuradamente cuando el marcador ya había llegado a los 90 pesos, aun cuando estaba a muchas esquinas de mi casa. Las opciones de transporte se han reducido, cuando hasta hace tres años parecía que habíamos mejorado en ese aspecto.

Debido a que la frecuencia de los autobuses se ha reducido drásticamente, en estos meses he estado llegando tarde a casi todos lados, a pesar de que salgo de mi casa con más tiempo de anticipación, por lo regular, de 30 minutos a una hora.

Hay torpeza política cuando se crean leyes que van en contra de los derechos del trabajador para beneficiar a la abstracta institución, como ocurre con las recientes reformas a la Ley del ISSTEY, atendiendo sólo a intereses cuantitativos en favor del Estado, concebido como ominosamente autoritario e insensible. Y dentro de ese desprecio del poder en turno hacia el pueblo no se ve que procure acciones alternativas que sirvan de paliativo a las dañosas medidas.

Bastaría con que el servicio de transporte retorne a las condiciones de hace tres años en cuanto a número de unidades, horarios de inicio y final, frecuencias de salida y ubicación de los paraderos. Que a ello se agregue el respeto a los adultos mayores, estudiantes y personas con discapacidad y, en general, a todos los pasajeros (no “pasajes”, reitero, somos humanos, no dinero ni papeles). Es necesario que se revierta el retroceso de más de 30 años que estamos padeciendo en materia de transporte público.

Siempre he pensado que si se resuelven los problemas del transporte urbano de Mérida mejora en consecuencia un gran número de problemas, sean económicos, laborales, educativos, de salud mental, de aprovechamiento del tiempo y -de lo poco que le interesa a los malos gobiernos- de control social y político.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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