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El extra

Hubo un tiempo en que el Estado de Yucatán fue objeto para algunos realizadores cinematográficos nacionales e internacionales para sus filmaciones, pienso que por la luz natural durante tantos meses les permitía filmar casi sin interrupciones. La temática fue durante aquella época de lo mas variado y con actores y películas de bajo medio y alto presupuesto y de también la mas variada temática que iba desde la comedia, el drama, históricas e incluso de épicas batallas. Para tal objeto siempre solicitaban artistas locales para que actuaran como extras en algunas escenas. La mayoría de las veces provenían del trabajo experimental que estaba en su momento de gloria. Al correrse la noticia por la Ciudad de Mérida, esta siempre gris y muy leal se enteraba de las locaciones y acudíamos en masa a mirar de cerca a las luminarias del momento. Por mas que la producción intentase no divulgar en donde se filmarían aquellos exteriores siempre, mucha gente, siendo los yucatecos como somos tan discretos se sabia en donde se llevaría a cabo todo el proceso aunque sea de una sola escena. Ahora bien, hubo películas que necesitaban extras durante varios días y de alguna manera mágica siempre eran los mismos los que se enteraban de la solicitud para estas pequeñas participaciones, incluso recibiendo un sueldo y comida con el resto del staff. Siempre de los siempre eran los mismos como por ejemplo un mamarracho un mamarracho conocido como el químico Lara, un pobre diablo que se decía descendiente de la nobleza de apellido Azcorra , o el loquito Pinkus, siempre presentes haciendo relleno tanto en el set como en las locaciones.

 En cierta ocasión se filmaría en Yucatán específicamente en Chichen Itzá un churro gringo aprovechando la fama que tuvieron los ya en decadencia George Chakiris “amor sin barreras” y el actor rapado Yul Bryner “El rey y yo”.

La trama de la película era de un surrealismo de risa loca: un conflicto bélico entre los mayas de Chichen Itzá encabezados por Chakiris (Unac Cel) contra los de Uxmal cuyo actor no recuerdo.

Resulta que Unac conocía a un genio para la guerra que habitaba en la Florida. Un indio seminola (Bryner)  y lo va a ver en canoa. Trayéndolo para dirigir a sus tropas que estaban en inferioridad numérica. Obviamente había una princesa maya que estaba de muy bien ver, los invetables sacrificios de lanzar doncellas al cenote sagrado. La cuestión es que solicitaron a cientos de personas para las escenas de batalla, entre estos se inscribió un compañero de escuela “el frijol” Hernández. El director les dio orden a todos estos loquitos ya caracterizados con plumas arcos y flechas de guerreros mayas que iban a entrar a una batalla y que lo que iban hacer cuando el dijera ACCIÓN! Gritaran con la mayor furia posible lo que se les ocurriera como si en ello se les fuera la vida. Luces, cámara ¡acción!, y comienza la gritería de los “bravos” combatientes mientras la cámara y el sonido recorrían sus rostros que demostraban una gran rabia. Se posesionaba de su papel. Al llegar la cámara y el sonido con el “frijol”, esta se detuvo porque era el mas entusiasta y gritaba a todo lo que daban sus pulmones: “¡pelaná, pelaná!”.

La película obviamente paso sin pena ni muerte por el mundo, sin embargo en esta simpática Ciudad con simpatiquísimos y nada de gente jodona, el cine Cantarey (en donde hoy se encuentra Elektra del parque Hidalgo) registraba llenos en sus dos funciones diarias y las cuatro domingueras. El comentario era al correr la voz: “¿ya viste la película de pelaná?” anda a verla te vas a cagar de risa.

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