CulturaEspeciales

El poeta Alberto Bolio Ávila y su amor por los parques de Mérida

Conocimos al poeta Alberto Bolio Ávila allá por los años cincuenta, tocaron una mañana a la puerta de nuestra casa y acudimos a responder. Nos topamos con hombre pulcramente vestido con una guayabera hecha a su medida de pequeña estatura y de cuerpo sumamente delgado; en la cabeza un sombrero de pajilla (como los que usaban todos los caballeros en aquel tiempo) pantalones de dril y brillante calzado de color tabaco. Preguntó por nuestro padre, quien lo recibió con afecto y pasaron a charlar a la biblioteca paterna.

Era, nos repetimos, el poeta Bolio Ávila y nosotros andábamos entre la niñez y la adolescencia. Más tarde leeríamos sus versos, sencillos pero bellos, más por la diferencia de edades nunca tuvimos oportunidad de entablar amistad. Bolio Ávila escribió muchos poemas dedicados a los parques de Mérida, para nuestra basta un botón: uno dedicado al:

Parque de San Sebastián

Religioso jardín de monasterio

santificado de auras floraciones,

que tiene en sus fulgentes callejones

un paisaje estival de cementerio.

Ráfagas encendidas de misterio

haciendo el aire azul con vibraciones,

de esquilas que salmodian oraciones

desde las torres de su cautiverio.

Hay sagrados perfumes de leyenda

que mistifican su quietud ambigua,

con la casta nave de un santuario

Y en la paz religiosa de su senda

una anciana que pasa se santigua

con la cruz de marfil de su rosario.

Lo publicó el poeta el hoy lejano año de 1916.

Deja un comentario

Botón volver arriba
error: Este contenido está protegido. Gracias.