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Ya habían regaderas y baños públicos en Mérida a los comienzos del Siglo XX

El yucateco siempre ha gustado del baño, de sentirse freso y limpio, a diferencia de otras entidades del país (comenzando por la Ciudad de México) donde hasta de broma dicen que el sábado es el día escogido para bañarse y acicalarse un poco. Desde los viejos tiempos de la época clásica los mayas eran (y son) muy aseados y daban buen aspecto a quienes los conocían.

En los libros de historia de Yucatán y en los de literatura se alude a dicho hábito, por ejemplo en «El Niño Proletario» y en «Lecturas Infantiles».

Baños y regaderas públicas

La prensa de principios del Siglo pasado anuncia por esos días que en una vieja casa construida en 1880 en el cruce de las cales 62 y 45, aprovechándose de un inmenso terreno que ahí tenía el Sr. Albino Manzanilla la brillante idea de establecer baños públicos con regaderas (posiblemente las primeras en la península), duchas y todos los servicios para los bañistas.

En 1900 era conocida la casa como El tivoli, como lo es (pensamos) hasta la fecha con tal nombre, pero volcamos a los baños públicos, que tenían asimismo a su servicio unos pequeños cuartos o vestidores (o desvestidores) para el público que acudía constantemente a darse un chapuzón, especialmente los fines de semana que acudían con toda la familia. que disfrutaba también en un trampolín para los que gustan de los llamados clavados.

En el cruce de las calles 75 y 64-A un señor Manuel Arjona tuvo por la misma época la idea (que se hizo realidad) de levantar una casa de huéspedes que contaba, como la expresadas líneas de arriba con un amplio servicio de baños, duchas, regaderas y por si fuera poco, una piscina (algo poco conocido en aquella Mérida del 800).

Finalmente el negocio tenía servicio de bar y restaurant, y además ofrecía funciones de teatro. ¡Pero era otra Mérida!.

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