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Los teatreros me dan risa

Los mayas hicieron teatro. Ahí están, en Chichén Itzá, algunas edificaciones como prueba de ello. Escribieron obras para ser representadas. Se mantiene con vida el Rabinal Achi.

Luego de la llegada de parentela Montejo a Ichcaanzihó y fundar sobre ella a Mérida, algunos de los colonos documentaron las habilidades de la raza dominada para causar risa, hacer imitaciones de aves y personajes y decir chistorradas. Es decir, hacer pantomima y comicidades.

Después de esos hechos, la historia de la expansión territorial española sobre la península maya, se convierte en una larga documentación de estancias, rancherías, estadísticas sobre la población y escrituras acerca de la resistencia de los mayas huidos, los mayas costeños y los mayas idolatras. Muy poca información escrita tenemos sobre los gustos artísticos de la población maya aletargada y desencantada con lo que le tocó vivir a lo largo de trescientos años; es decir, de 1542, hasta finales del siglo XIX, cuando se documenta una obrita llamada Al rábano por las Hojas o Fiesta en Hunucmá, de García Montero. Párenle de contar.

En el marco del gobierno socialista de Felipe Carrillo Puerto, en los años veinte del siglo XX, nos enteramos que había un teatro sucediendo tanto en la ciudad como en el interior de Yucatán. Este último era asumido, por un fabuloso personaje, no estudiado a profundidad todavía, llamado José “Pepe” Talavera y León, quien, a decir a historiadores de la literatura nuestra, andaba por cancabosos caminos, levantando el polvo en una carreta para llevar sus comedias a diferentes poblados. La cama de la carreta era convertida en escenario y con unas orquetas y sogas, colocaban unos adornos como escenografía.  En pleno siglo XX yucateco, eso es escandaloso, porque así se realizaba esa actividad en el medioevo europeo, que temporalmente coincide con el teatro de los mayas. 

En la época en que estamos ubicados, surge el teatro regional, influenciado por el teatro bufo cubano. Tiene tanto pegue y éxito, que se hace un concurso de obras de teatro regional, en el que participan importantes plumas de la literatura formal de Yucatán. Concursaron más de cien obras. ¿Existe en algún archivo oficial esa producción teatral, o para nuestra desvergüenza, no hay nada de ellas?

En mi infancia, las representaciones teatrales se efectuaban en los solares, es decir, en los patios de algunas casas. De ahí que una agrupación contemporánea se haga llamar el Xtocoy solar. Hubieron casas en el centro meridano donde se hacia los mismo. Se amarraba una sábana blanca entre dos árboles, se colocaba un foco de 40 o 60 bujías y, ¡a darle!

Luego viene la revolución de Fidel Castro en Cuba y la Alianza para el Progreso, creada, obviamente, por Estados Unidos, prohíbe cualquier manifestación que estimulara el nacionalismo, el regionalismo o el chauvinismo, por miedo al contagio de la justicia social, que a fin de cuentas es el socialismo.

Entrando a la segunda mitad del siglo XX, la dramaturgia sucedía en la Sala Jacinto Cuevas, el teatro Universitario, y el regional deambulaba por aquí y por allá, hasta que ancló en el teatro Fantasio. Para ese momento, el dramaturgo yucateco, Wilberto Canto era una celebridad por sus obras irreverentes y residía en ciudad de México. Fernando Muñoz da muestras de su vocación escritural y representa algunas obras, en esos mismos años.

Estaban la Casona, el Grupo Universitario de Luis Armando Trejo Cardoz y más adelante, todo lo que hizo Eric Renato Aguilar, en diferentes sitios de la ciudad. Luego María Alicia Martínez Medrano y de ella salió Enrique Cascante.

La llegada de Tomás Ceballos creó una temporada teatral de gran fuerza, impulso y novedad en nuestra ciudad. “La más Fuerte”, “Silencio Pollos Pelones”, “El Rosario de Filigrana”, “El Burgués Gentil Hombre”, con Cholo en el Peón Contreras.

Francisco Marín fue otra fuerza impulsora de un teatro diferente en la ciudad. Paco hizo de todo, hasta desnudos escénicos.

Como dice la canción: “como han pasado los años…”

En ese ambiente teatral, con Tomás, Paco, María Alicia, Eric Renato, Enrique y algún otro más que hacía cosillas muy personales, llega Jorge Esma Bazán, al Instituto de Cultura creado por Janitzio Duran y Mecho Rivero. Esma hace una rebambaramba, promueve festivales de teatro trayendo gente muy importante de México, trata de crear la Compañía Estatal de Teatro, pero rejego como era a crear los presupuestos necesarios para los seres humanos con vocación teatral, hizo muy poco, en este sentido y a pesar de ser teatrista, dejó a Yucatán sin una solidez teatral.

Renan Guillermo, ha sido la más grande sorpresa que le ha sucedido a la cultura en la entidad. Sin mayor presupuesto que la nómina del ICEY, y ciertos centavos sacados a regañadientes de la oficialada, logró desarrollar una actividad incomparable hasta el día de hoy. El impedimento presupuestal que Renan Guillermo tenía era Ulises Carrillo, quien aprobaba millones de pesos para sus admirados amigos de la OSY y compraba boletos de avión para que  su hermana Elisa Carrillo viajara de Alemania a Mérida para pasar sus vacaciones en lugares privilegiados como una hacienda rumbo a Uxmal. 

Roger Metri y Raúl Vela Sosa, se obnubilaron y no supieron hacer nada sólido y consistente en el suceso teatral de Yucatán. Detener, o solamente continuar es estancar o igual a retroceder. Todos lo sabemos.

Erica Millet Corona, nomás llegar a la dirección de la Secretaría de Cultura, cesó a más de cien trabajadores y desintegró toda agrupación que tuviera vínculos con los escenarios.

¿Dónde se hace teatro hoy? Igual que a principios de siglo XX, en domicilios particulares o en espacios de muy pequeño formato, es decir elitista al máximo, con cupo para cuarenta o un poquito más de espectadores.

Ese es el teatro hoy, julio de 2022, en Yucatán. Ni un solo grupo pide ir a un teatro Peón Contreras, porque ninguno solo podría meter ocho cientos espectadores en dicho lugar.

¿Dónde está el avance? Me resulta muy interesante, hacer un libro documental sobre el teatro en Yucatán. Este puede ser un bosquejo.

Un comentario

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