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La esencia de mi amigo Paco Marín, director de teatro

Conocí a Paco Marín hace ya muchos años con la puesta en escena de la obra (Farzuela en Fo sostenido) escenificada en el jardín de los poetas del palacio municipal. Ya desde ahí, dio muestras del enorme talento que tenía para lo que fue su vida, su motivo de existir y su pasión: el Teatro, que lo proyectó como uno de los mejores directores en la historia de Yucatán.

El mundo de Paco desde un principio fue el escenario. Con la globalización de hoy sus temas fueron siempre muy bien escogidas, represento en los escenarios de la aldea global el comercio y el turismo, de la guerra y la paz, del poder, los mercados y los medios de comunicación transformaron la tierra en un inmerso escenario para comedias, tragedias y dramas históricos. Todos os hombres y las mujeres representas algún papel. Los dirigentes políticos y empresariales piensan que deciden como debe continuar la obra… y Marín interpretaba aquello a su muy personal percepción del mundo.

Si una persona pone en juego sus facultades intelectuales enfrentándose a fuertes competidores contribuye a la historia de su contexto y a la de la cultura mundial. Paco Marín fue el director y dramaturgo más grande de su tiempo, y además sabia actuar para el escenario y escribir para el escenario. Era un hombre de teatro integral, sus personajes siguen entre nosotros. Nos encontramos en todas partes. Quien fue amigo de Paco Marín, aprovechara más de la vida. Yo lo conocí por mediación de la gran actriz Elena Larrea.

Fue el últimos de los teatreros que utilizo el amplio y sobre cogedor escenario del teatro Peón Contreras, que es utilizado la inmensa mayoría de las veces para la música, más no para la dramaturgia como debería ser. En nuestro último templo de las artes escénicas presentó poco antes de morir la obra “Salome”. Se atrevió a escenificar obras clásicas del siglo de oro español, aunque no desdeño jamás a los autores contemporáneos. Pero sin llegar a los extremos de algunos que las presentan “en adaptación libre del director”. Marín nos trajo ciudades extranjeras, campos de batalla de islas lejanas, a la tarima del teatro. Con pocos recursos y la fuerza del lenguaje estimuló la fantasía de su público con grandes representaciones. 

La abundancia de medios virtuales de comunicación nos aproxima en todo momento a culturas ajenas distorsionadas, las realidades virtuales, que causan el mismo efecto que si existiesen de verdad, adquieren más importancia. Con las piezas de Paco Marín, conocedor comprensivo del ser humano, sus obras están llenas de sabios consejos útiles en la actualidad. Sus temas son permanentes: amor y muerte, guerra y paz, poder y opinión. 

En ocasiones reseñe su trabajo cuando hacia crítica teatral que entre comillas las sigo haciendo en este desierto de la dramaturgia y siempre lo encontré original, clásico o moderno, maltratado y parodiado. En pocas palabras la desaparición física de Paco Marín significo un duro golpe al teatro en Yucatán y personalmente un gran dolor y tristeza. Las veces que me encontraba con él, con su gran barba al estilo Davinchi, platicábamos del teatro en la banca de un parque o en un café y siempre al despedirnos me daba la mano y me decía de quiero. 

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