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El escritor colombiano Fernando Vallejo desde ojos meridanos

Luis Fernando Vallejo Rendón

Colombia es madre de Fernando Botero, Gabriel García Márquez, Juanes, Shakira, de Tiro Fijo, las FARC, Pablo Escobar, Camilo Torres, del primer presidente socialista de ese país, Gustavo Petro y por supuesto, de Fernando Vallejo, nacido en Medellín, en el seno de una familia acomodada, lo cual lo posibilitó para realizar estudios en prestigiosos colegios religiosos. A los 24 años hizo residencia en Roma con el objetivo de estudiar cine (quizá queriendo seguir los pasos de Pier Paolo Passolinni, con quien tiene un enorme parecido físico), luego vivió en New York y más adelante, en México, donde siguió el itinerario vital y artístico del poeta colombiano Porfirio Barba Jacob, aventurero homosexual. Su obra contestataria, iconoclasta y rebelde, se puede ubicar en la tradición antioqueña, que incluye a otros como el mencionado Porfirio Barba, Fernando González o Gonzalo Arango.

La prosa de Vallejo es áspera, original e independiente, ilimitada e incomparable con cualquier género, ideología o creencia religiosas. Esas cualidades le hicieron merecedor de un puesto destacado en la literatura colombiana contemporánea. Tanto en sus libros como en sus presentaciones personales, ataca de manera directa a la iglesia, la burocracia, a los representantes políticos, convirtiéndose con ello en uno de los personajes más críticos del horizonte literario iberoamericano.

La narrativa de Fernando Vallejo surgió, según sus propias palabras, de la violencia colombiana, y él se sitúa en el punto opuesto al realismo mágico de “Gabo” García Márquez. La homosexualidad, los lugares perniciosos y marginales. La rapidez con liga el presente y el pasado, pero en un solo tejido narrativo, crean sus atmosferas violentas, lujuriosas y liricas, que caracterizan sus obras. También es conocido por sus insultos a Colombia y sus instituciones sociales, políticas y religiosas. Entre sus novelas destacan La Puta de Babilonia, La virgen de los sicarios, Memorias de un hijueputa, pero su obra central es la serie autobiográfica El río del tiempo, Los días azules, El fuego secreto, Los caminos a Roma, Años de indulgencia, El mensajero y Entre fantasmas.

Dice Wikipedia: “En 2003 Fernando Vallejo recibió el prestigioso premio Rómulo Gallegos por su novela El desbarrancadero (2001), que narra el regreso de un hombre (el propio autor) a Medellín, donde su hermano, enfermo de sida aunque lúcido en su discurso, se halla a las puertas de la muerte.

Su producción narrativa posterior incluye títulos como La rambla paralela (2002), Mi hermano el alcalde (2004), El don de la vida (2010), Casablanca la bella (2013) y ¡Llegaron! (2015). Atraído por el cine, escribió además los guiones de películas que él mismo dirigió: Crónica Roja (1977) y En la tormenta (1980), ambas sobre la violencia en Colombia, a las que seguiría en 1983 Barrio de campeones”.

En YouTube hay muchas entrevistas a Fernando Vallejo, encontrándonos con un señor de cultura borgiana, opuesto a todo, pero que despierta un gran interés por la certeza de sus comentarios, todos surgidos del conocimiento pleno de lo que dice porque cada uno de ellos ha sido una vivencia o una interpretación de la realidad, basada en sus enormes conocimientos.

No me imagino, en Mérida, ni en cien años, a un literato que aborde temas de los que hace uso el escritor colombiano porque para ello, haría falta otra historia, otra cultura, otros seres, con sus correspondientes distintos cerebros. Junto a la de Fernando Vallejo, la literatura nuestra se mira todavía como la escritura de los mandamientos de la ley divina.

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