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Ligeros comentarios de la música pop a partir del swing

Aquí en Yucatán la influencia yanqui en la música pop (popular, casi siempre populachera) ha sido y es innegable. Nosotros siendo niños escuchábamos en la época de la II Guerra Mundial las tocadas del swing (más hemos de aclarar que antes, por los años veinte del siglo pasado ya había enloquecido el charlestón a los yucatecos amantes de los bailes).

El swing era menos ruidoso que el charlestón pero contaba con la facilidad técnica de algunos llamados «reyes» por el populacho: Harry James, «rey» de la trompeta; Gene Krupa, «rey» de la batería y otros «reyes» de diversos instrumentos, y la realidad sea dicha pues tanto James como krupo tocaban con notable desenfado sus instrumentos.

El charlestón era muy escuchado y muy bailado en los clubes aristocráticos de aquella Mérida todavía naciendo al bullicio instrumental de nuestras bandas u orquestas. Aquí teníamos un excelente trompetista en Julián Molina quien contaba con su propia orquesta y era nuestro vecino por lo que solíamos escuchar sus ensayos trompétisticos durante el día pues en la noche se la pasaba dirigiendo y tocando con sus orquestas y poniendo a bailar aquellas piezas en las que los bailadores tenían que ser mu «hachas», sobre todo en los brincos y contorciones que exigía aquel ritmo loco.

El swing puso de modo a partir de los años treinta al memorable Louis Armstrong no sólo con su saxofón sino con aquella voz ronca o acatarrada y eran muchos nuestros músicos locales que arman sus orquestas para ensayar el swing, el cual, como hemos dicho, se escuchaba claramente peor los viejos radios RCA en los hogares meridanos.

Y por supuesto, había que conocer los pasos del ritmo, tales como los que practicaban Fred Astaire y Ginger Rogers en los filmes que llegaban a nuestros cinematógrafos. Hoy se han olvidado del swing cambiándolo por el rock y el twist.

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