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De natura (4)

La fragilidad en la naturaleza es solo aparente, las especies  se fortalecen desde la gestación.

MJ

Mariposas de variados coloridos  revolotean bastante seguido en nuestros entornos y por algunos resquicios, no siempre las podemos observar por lo rápidas que son, a menos que vengan en grupos y nos roben la mirada y así fijar la atención con el debido cuidado que  nos permita percibir que la fragilidad en ellas es un mito, llevan una fuerza que nace desde la gestación, es la fuerza de la vida. A algunos seres les percibimos más  frágiles que a otros y de hecho lo son, mas cuanto más observamos, comprendemos esa fuerza innata que silenciosa nos habita. Seguro habremos tenido alguna mariposa entre las manos y sabemos de esa suavidad fortalecida. La gestación, esa etapa previa al vuelo les ha provisto de una fuerza insospechada. No hay contradicciones en natura, mientras más observamos más comprendemos como eso mismo nos sucede a los humanos si ejercitamos nuestra fuerza interior  que se nos ha dado desde el momento de la concepción. Resolver lo que pareciera contradictorio es parte de la evolución en la naturaleza, en mucho a eso hemos venido, tan solo a solucionar para ser capaces de ver más allá y abrir nuestras alas. Si como descubrió en sus investigaciones sobre la felicidad M.Csikszentmihalyi es el fluir lo que puede compararse con la felicidad, estar en donde nos corresponde nos permite ese flujo en la misión encomendada. Hay especies que necesitan de más cuidados que otras como es el caso de la nuestra que de no ser por los primeros años bien encausados sería difícil sobrevivir. Cuando pensamos tan solo en la cueva que nos cobijó en los principios,  nos queda clarísimo que tan preponderante es esa fuerza natural que nos ayuda a vivir y sobrevivir adversidades inimaginables. Las mariposas yucatecas tienen variados colores, van desde los marrones/rojizos, hasta los verdes esmeralda pasando por varios tonos de amarillo y  blanco. Muchas plantas les atraen y van de flor en flor. Verles revolotear alrededor  de las flores es grandioso y en épocas de primavera mucho mas ya que la luz  cambia, destellos luminosos toman diferentes tonalidades dependiendo del momento del día, y van surgiendo las horas amarillas a media tarde hasta las azules que surgen cerca de los momentos cuando hemos despedido al sol. En cada estación temporal la luz se mueve diferente, los rayos del sol toman nuevas angulaciones y todo va como girando. Es tan solo cuestión de observarlo.

Por aquí en las afueras de la ciudad en donde  vivo, hay sonidos que nos abstraen, estamos muy cerca de los montes. Por las tardes de pronto se escucha un silbido muy intenso, tan fuerte que parece que es de origen artificial, como si alguien estuviera haciéndolo como un timbre agudo. No dura mucho tan solo unos minutos, luego va perdiendo intensidad y termina por apagarse de pronto. Nos llamaba mucho la atención cuando acabamos de llegar por aquí, hasta que el joven que nos ayuda en el jardín nos aclaró su origen: -es una víbora- nos dijo. Nos quedamos boquiabiertos, hasta hubimos de preguntar ¿Una víbora?, -sí. Así es-. Ese silbar intenso cada vez es menos frecuente.

Deambulan también por nuestros lares algunas manadas de coatíes. Van como en grupos, casi siempre son de  tres o más  miembros. Son del tamaño de un zorro mediano y tienen una cola larga y rallada, siempre extendida a todo lo largo curvada hacia adentro. Estos animalitos pasean por los muros de las casas y por las mañanas se les puede ver cruzar el asfalto de un lado a otro adentrándose a los montes que aún quedan dentro del fraccionamiento. Al verlos tratamos de guardar silencio, ellos solo nos miran y toman rápido su camino sin miedo, y con precaución se alejan.

Por las tardes, solíamos escuchar también los cencerros de las vacas que eran reclutadas para volver a los establos. Cerca había algunos lugares con ganado, así que se escuchaba ese cow concert (así le decían unas vecinas estadounidenses).  En unas cuantas ocasiones entraron al fraccionamiento, las bardas colindantes eran pequeñas albarradas de piedras sobrepuestas y se derrumbaban fácil. En el jardín uno podía encontrarse con una vaca pastando.

Un 25 de diciembre me lleve una de las sorpresas más gratas que haya podido esperar en un día de Navidad. A media mañana saliendo de casa me tope de frente (como a unos tres metros de mi) con un venado mediano, caminaba con mucha dificultad resbalándose sobre el asfalto, siguió como si nada cuando me vio. Hubimos de pedir ayuda para que regresara a su hábitat.

En verdad que es grandioso todo lo que natura nos puede ofrecer para tener una mente mucho más sana y ligera, ya que al percibir esa vida que nos rodea tenemos asegurada una buena fracción de serenidad natural. Se dice mucho que quien toma la costumbre de observar seguido los entornos naturales vive una vida mucho más saludable y llena de gozo. En lo personal estoy muy agradecida con la vida que me permitió tener momentos cerca de natura desde muy niña.

Mis padres nunca tuvieron un lugar propio en la playa para veranear. La experiencia de vivir una temporada (Así se conoce en Yucatán al periodo que se pasa frente al mar) la tuvimos con unos tíos que nos acogieron cada verano y vivimos mis hermanos y yo muchas experiencias inolvidables, tanto es así, que cuando murió su hija mayor (con quien compartí prácticamente toda la vida) me nació escribir un texto que titulé: “Uaymitún siete días”. Quería honrar esos momentos vividos con ella y sus padres.

Es así que ahora que cierro estos cuatro textos dedicados a  natura, hago hincapié en mi sentir de cuanto debemos apreciar lo unidos que estamos como especie homo sapiens  con toda la naturaleza. Con algunas especies mucho más. Desde la época de las caminatas por las praderas les hemos observado, luego les cazamos para sobrevivir y ha sido también un asunto muy interesante el de la domesticación, una vez que establecimos el sedentarismo. Con las plantas ha ocurrido algo similar, poco a poco se fueron conociendo para luego convertir a algunas de ellas  en la fuente de la sanidad a través de las plantas medicinales, hasta hoy día están en investigación, es algo constante y así seguirá.  He escuchado estos días que del veneno de algunas víboras se lograrán las mejores medicinas para curar enfermedades que siguen siendo amenaza para nuestra especie.

En particular el mundo de las aves nos ha aportado mucho. Se dice que de escuchar sus sonidos el hombre fue creando el propio lenguaje de la especie y las variaciones (dependiendo del área terrestre) las observó Darwin. También se sabe que la conjunción de sonidos ordenados es lo que dio pie a las primeras melodías musicales. Se han podido detectar notas muy concretas en el piar de algunos pájaros, cortas, largas y relativas a ciertas horas del día, a eventos que perciben (como antes de la lluvia o después de la puesta de sol) o  para atraer a la pareja. Se dice que Mozart replicó en algunas de sus melodías el sonido de los Estorninos, aves que eran cercanas a su entorno, muchas sinfonías están inspiradas en sonidos naturales.

El desafío a la gravedad es otro asunto que ha intrigado mucho a nuestra especie. La observación del vuelo de las aves está registrada desde la prehistoria y ya más adelante fue objeto de interés de Leonardo Da Vinci. Creímos que podíamos volar y lo logramos gracias a esas minuciosas observaciones.

Estamos eternamente unidos a la naturaleza y por ende es algo que como adultos sería maravillosos tener muy en cuenta siempre y mucho más  cuando tenemos niños con los que compartimos, para que ellos la aprecien y más que nada respeten sus manifestaciones como algo sagrado. Solo haciendo conciencia es como este bello planeta se preservará. MJ Nota: El texto completo de “Uaymitun siete días” se puede consultar en mi blog personal: majocreativa.blogspot.com

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