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Los primeros radios en el novecientos

Ya en el nuevo siglo se establecieron las primeras empresas vendedoras de radios en la península. Era el gran negocio pues todo el mundo ansiaba adquirir su fonógrafo que reproducía sonido ya con mejor claridad que lo que la gente había presenciado varios años atrás.

Con los años arribaron los radios RCA Víctor, con aquel slogan «la voz de su amo» (que se ha conservado hasta nuestros días) en un cartel donde se ce a un perrito muy atento escuchando (al parecer) lo que dice el aparato, esto es, la voz que emite, seguramente la de su amo o ¿Quién sabe? sólo se trata de un truco publicitario y nada más.

Con el radio vendría a continuación el tocadiscos donde los oyentes podían escuchar cómodamente en sus hogares la voz de los tenores actuantes en las óperas de Verdi, Ouccini, Rosini y poco después a Wagner, en alemán para quien dominara esa lengua. Llegaron por su puesto radioconsolas de Alemania de excelente sonido, y a poco los viejos discos de pasta, que se rompían muy fácilmente y cuya audición no era satisfactoria nítida. Pero no había remedio: había que comprar aquellos discos de pasta tan quebradizos. Además, eran presa fácil de ralladuras lo que hacia repetitiva la melodía o coloquie de alguna opera y muchos se desilusionaron ante tales defectos.

Por los años cuarenta salieron al mercado los discos de vinilo, que duraban el doble o el triple de los de pasta que sólo podían escucharse por unos minutos y eran de 70 rpm. Los de vinilo sonaban mejor y su duración era de 33 rpm, por lo que una ópera entera podía escucharse en 3 de estos discos, más estéticos y con grandes y bellas portadas. Finalmente ya tenemos los discos compactos, pequeños y muy cómodos de trasladar a cualquier parte con su respectivo tocadiscos. ¡Los tiempos cambian, como diría don Hilarión, en La Verbana de la Paloma!

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