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La bella Adriana: Elena Arizmendi Mejía

Elena Arizmendi Mejía

Si a Dolores Jimenes y Muro se le consideró la antorcha que iluminó la revolución mexicana, en referencia a su vocación de maestra, escritora y sus diversos servicios por la educación y cultura de los mexicanos y especialmente por las mujeres del país, sin duda, Elena Arizmendi fue una lampara de luz para los heridos de los dos bandos, en su calidad de enfermera y fundadora de la filantrópica institución “Cruz blanca neutral” mexicana.

Elena provenía por el lado materno de figuras de gran relevancia en la historia del país, su bisabuelo fue el coronel Cristóbal Mejía quien después de luchar por la independencia de México, entró triunfante con Agustín de Iturbide y el ejercito Trigarante a la ciudad de México. Asimismo, era nieta del General Manuel Mejía quien fue secretario de Guerra y Marina durante 11 años en los periodos de Benito Juárez y Lerdo de Tejada y contendió por la presidencia de la república en contra de Porfirio Díaz. Por esta última razón vivió exiliado unos años, hasta que Díaz le concedió una amnistía que le permitió regresar a vivir a su natal Oaxaca.

Nació en la ciudad de México en enero de 1884, pero gran parte de sus primeros años de vida, Elena los pasó con su abuelo en la hacienda Ayotla, en Oaxaca, donde aprendió a cabalgar y adquirió fortaleza corporal al vivir en una tierra descrita como inhóspita y calurosa, lo que posteriormente le serviría al huir de persecuciones durante la revolución, caminando o cabalgando grandes distancias.

En la ciudad de México recibió sus primeras enseñanzas en el Colegio de las Vizcaínas que fue la primera escuela laica para mujeres en América y gracias a la posición privilegiada de su familia contó con una vasta biblioteca que amplió su horizonte. Sin embargo, su educación fue interrumpida en el año de 1898 por el fallecimiento de su madre cuando contaba con 14 años, lo que la obligó a hacerse cargo de sus cinco hermanos, de su padre y del manejo de la casa familiar, lo que le otorgó de acuerdo con José Vasconcelos, don de mando y la facilidad de dar órdenes, atributos con los que la retrata con el seudónimo de Adriana en sus obras Ulises criollo y La Tormenta.

A los dos años su padre con el que no mantenía una buena relación se casó con una mujer muy joven, lo que precipitó la huida de Elena de la casa familiar a través de un matrimonio con un militar llamado Francisco Carreto, el cual resultó abusivo y maltratador con la joven de 16 años. Después de perder a su único hijo, probablemente por un hecho violento, Elena decide divorciarse y se refugia con sus abuelos en Ayotla, pero no eran tiempos propicios para las mujeres divorciadas, así que decidió estudiar la carrera de enfermería en el hospital de Santa Rosa a cargo de una congregación de monjas en San Antonio Texas, en donde tuvo contacto con sus vecinos Francisco I Madero y su esposa Sara Pérez, quienes se refugiaron en esa ciudad una época.

Unas semanas antes de su graduación en abril de 1911, decidió volver a la ciudad de México al enterarse que los heridos del bando de los revolucionarios no eran atendidos por la también recién fundada Cruz Roja mexicana, escribiendo la propia Elena que por esta situación: “Sus sentimientos de mujer y de mexicana se vieron lastimados”.  Junto con su hermano Carlos organizó una reunión con los encargados de esa organización, quienes le reiteraron su negativa a atender a los heridos que luchaban contra el gobierno de Porfirio Díaz. Los dirigentes de la Cruz Roja eran Eduardo Liceaga medico personal del presidente y Luz González quien era hija del secretario de Guerra y Marina, por lo que no podían o querían romper con el que consideraban su benefactor.

Elena en base a los convenios de Ginebra, juntó a un grupo de médicos y enfermeras para fundar la Cruz Blanca Neutral para el auxilio de los heridos de los dos bandos. Aportando y recaudando fondos entre algunas celebridades, como María Conesa, Virginia Fábregas y Leopoldo Beristaín, consigue formar la primera brigada de ayuda incluida ella como enfermera y establece un hospital de campaña el 11 de mayo de 1911 en Ciudad Juárez Chihuahua. A finales de ese año la Cruz Blanca Neutral ya había establecido 25 brigadas en todo el país, asimismo, fundó albergues para los huérfanos donde les procuraba alimento y atención médica.

Pronto los celos a su labor se hicieron manifiestos cuando fue elegida para ser la primera mujer de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, puesto que ella rechazó. La admiración por su labor y filantropía se combinaba con las críticas que emergieron hacia todas las acciones de los Maderistas, en especial a las mujeres a quienes se les consideraba que debían ser sumisas y dóciles, muy diferentes a la personalidad de Elena, que se desenvolvía con gran seguridad personal. Uno de los primeros ataques que recibió fue cuando sonriente, se dejó tomar una foto con unas cananas como las usadas por los soldados rebeldes, por lo que fue acusada de violar la neutralidad de la organización.

Siendo presidente Francisco I. Madero, Elena fue a pedirle orientación para defenderse de las acusaciones sobre un mal manejo de las finanzas de la Cruz Blanca, cosa que nunca pudieron probar, por lo que Madero le recomendó visitara al abogado José Vasconcelos. El flechazo fue instantáneo y por aproximadamente 5 años vivieron un tórrido romance que causó gran escándalo, ya que Vasconcelos era casado y con hijos. Aunque no era la primera mujer con la que engañó a su esposa, ni fue la última ya que años más tarde su relación con Antonieta Rivas Mercado sería la más publicitada por sospecharse que la orilló al suicidio, la relación con Elena Arizmendi fue la más apasionada, una “locura de amor”, según Krauze.

Fiel a sus pensamientos machistas y contradictorios, sobre todo en lo tocante a la religión, Vasconcelos escribió: “Al final de las más desastradas aventuras eróticas, me entraba el afán de pureza”, o “oficialmente anticatólico yo seguía de creyente”. No tuvo reparo en escribir su biografía con cierto cinismo y valor, ya que por ejemplo reconoce que era bastardo, pero significativamente deja para la posteridad sus pensamientos sobre la mujer, su desprecio hacia ellas, inclusive a su esposa y sus múltiples relaciones extramatrimoniales. “Animales de cabellos largos e ideas cortas” de Schopenhauer, rezaba un letrero colgado en su habitación.

En el caso de su relación con Elena, admite su adoración y admiración a su belleza, “Me volví ateo para pecar a gusto” es una de sus famosas frases, o  “Decía de ella la fama que no se le podía encontrar un solo defecto físico”, pero nunca consideró la posibilidad de un divorcio, ya que el matrimonio era “una especie de mal necesario”, una “fatalidad provinciana”, dejando a Dios cobardemente, la decisión de quitarle a la esposa de encima, llegando a escribir sus negros deseos de que falleciera al dar a luz. Una de las cosas que más apreciaba de Elena y más adelante también de Antonieta era su imposibilidad de ser nuevamente madres.

Elena y Vasconcelos viajaron juntos por varias partes del mundo y se establecieron en la ciudad de Nueva York donde pretendieron vivir con libertad su amor, pero los celos extremos de él, sus frecuentes escándalos y críticas a sus ambiciones intelectuales, comenzaron a cansarla, por lo que con dolor decidió dejarlo, Elena contaba con 31 años.  En esa ciudad se estableció viviendo sola con “habitación propia”, manteniéndose con el pago de algunas clases y con sus colaboraciones periodísticas, cosa impensable en el México de esos años y contrajo más adelante matrimonio con Roberto Druesch, pero tampoco duró esa relación, divorciándose por segunda vez.

Elena Arizmendi, Sara Pérez y Francisco I. Madero en El Paso, Texas

En Estados Unidos donde vivió más de 20 años (de mediados de 1915 al año 1938), se involucró con los movimientos feministas y fundó la Liga de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, (también conocida como Liga de mujeres de la raza), como un contrapeso a la hegemonía de las organizaciones feministas estadounidenses. Admiraba a las sufragistas angloamericanas-su fortaleza, capacidad organizativa y efectiva oratoria-, pero resentía el menosprecio con que las dirigentes miraban a América latina.

Creo el diario Feminismo Internacional donde periódicamente escribía artículos, en muchos defendiendo los ideales de Francisco I Madero, pero muy crítica con los gobiernos posrevolucionarios. Escribió: “No es justo que los revolucionarios mexicanos, después de gritar en un mitin o por la prensa ¡Mueran los tiranos!, al llegar a su casa dan una paliza a su mujer o de palabra o de obra destrozan la reputación de otras mujeres…”. Es probable que, por este motivo, injustamente no fue incluida por la Secretaría de la Defensa Nacional dentro de las 400 mujeres que se condecoraron por sus servicios a la revolución, a pesar de haber sido pionera en la ayuda a las víctimas de la contienda y encabezar un rol diferente pero no menos valioso, que el de las mujeres que apoyaron como madres, esposas, soldados o maestras.

Al conocer la declaración del presidente Lázaro Cárdenas en favor del voto femenino en 1935, lo cual la entusiasmó, decidió regresar a vivir a la ciudad de México. Sin embargo, pasaron casi 15 años antes de que la reforma se incorporara a la constitución en 1953 y las mujeres no votaron en una elección presidencial hasta 1958.  Elena falleció en el año 1959, unos meses después de la muerte de Vasconcelos y a los dos se les sepultó en el panteón Jardín.

El único reconocimiento que existe a su altruista labor, lo gestionó la Cruz Blanca, dándole su nombre al dispensario médico que tenía en Xochimilco y logrando de manera póstuma que en 1985 la alcaldía Benito Juárez nombrara una calle de la colonia del Valle, con su nombre.

En el mes de mayo específicamente el día 12, fecha del nacimiento de Florence Nightingale pionera de la enfermería moderna, se conmemora el Día Nacional e Internacional de la Enfermería, justo es que se recuerde y conmemore a una valiente enfermera mexicana que luchó por la atención de los heridos de la revolución con imparcialidad y entrega: Elena Arizmendi Mejía.

Referencias:

  • Se llamaba Elena Arizmendi. Artículo de Gabriela Cano. 2003 Universidad de México.
  • Ulises criollo. José Vasconcelos. Editorial Porrúa. 2014.
  • Elena Arizmendi, una habitación propia en Nueva York, 19161938. Artículo de Gabriela Cano para el Colegio de México. 2011.

Laura Elena Rosado Rosado | Mexicanas por Descubrir

Originaria de Mérida, Yucatán es egresada de la Licenciatura en contaduría pública por la UADY y Máster en Grandes Religiones por la Universidad Anáhuac. Entre los cursos y diplomados que ha cursado se encuentran el Diplomado en cultura religiosa, historia, arte y religión en el área maya impartido por el CIESAS y la UNAM y el Diplomado en historia del arte universal por la Universidad Modelo. Es además, estudiosa sobre la historia de Yucatán con diversos cursos en el Centro Cultural Prohispen y el Colegio Peninsular Rogers Hall. Entre sus publicaciones se encuentra los libros “Llévanos en tu zabucán” y “En cuatro tonos de Rosado”. Ha participado también en publicaciones como el libro “Mujeres en tierras mayas” coordinado por Georgina Rosado y Celia Rosado Avilés y es frecuente colaboradora en diversos medios de comunicación impresos.

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