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¡Rosario Ibarra De Piedra, presente!

“Hay quienes luchan un día y son buenos,

Hay quienes luchan muchos días, y son mejores,

Pero hay quienes luchan todos los días,Esos, son los indispensables.”

Bertol Brecht.
Rosario Ibarra de Piedra al frente de una manifestación.

En 1982, la primera mujer en ser candidata a la presidencia de la república, marcó un hito en la política nacional. Rosario Ibarra de Piedra, había marcado con esta candidatura un antes y un después en la política mexicana. Desde luego, su candidatura no triunfó, pero puso un ejemplo imborrable de dignidad. Rosario Ibarra, sufre en 1974 la desaparición forzada de su hijo, Jesús Piedra, y eso marca su vida y la lanza a una incansable lucha social, por los derechos humanos, que sólo terminaría con su muerte, ahora, en 2022, a los noventa y cinco años. Su digna candidatura, frente a la de Miguel de la Madrid, contó con el apoyo de toda la comunidad intelectual y artística del país. Su candidatura fue postulada por un partido que hizo historia en el panorama político de México, el desaparecido Partido Revolucionario de los Trabajadores. Un partido de bases trotskistas, que contemplaba en sus programas las escuelas de cuadros, con formación política y práctica; de manera que, la candidatura de Rosario Ibarra sería histórica y marcaría un rumbo nuevo en el devenir electoral de nuestro país.

María del Rosario Ibarra de la Garza, nace en Saltillo, Coahuila, en 1927. En 1974, su hijo Jesús Piedra, es arbitrariamente detenido en Monterrey por la policía, que lo vincula, sin pruebas, a la “Liga Revolucionaria 23 de Septiembre”. Jesús es entregado a militares y nunca se vuelve a saber de él. Esta desgarradora tragedia marca la vida de Rosario, quien a partir de ese momento inicia una lucha incansable en contra de estas desapariciones y hace causa común con una amplia comunidad de madres que buscan a sus hijos desaparecidos en diversas circunstancias, todas ellas al margen de la ley. Mujer de empuje inquebrantable, organiza un Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, en 1977. Este comité fue popularmente conocido como “Eureka”. Su lucha logra el triunfo de encontrar con vida a ciento cuarenta y ocho desaparecidos durante los gobiernos de Díaz Ordaz y Luis Echeverría. La fuerza de su gestión es tanta que, en 1978, José López Portillo promulga la Ley de Amnistía que logra la libertad de mil quinientos presos políticos, procesados injustamente, así como el retorno de cincuenta y siete exiliados y también el desistimiento de dos mil órdenes de aprensión. En el curso de estas luchas se forja una frase que está vigente hasta nuestros días: “¡Vivos se los llevaron vivos los queremos!

La lucha incansable de Rosario Ibarra, lleva a vincular a Eureka con asociaciones internacionales en París, Nueva York, Ginebra y La Haya. La larga y persistente lucha de Rosario lleva a la fundación, en 2012, del Museo Casa de la Memoria Indómita, para reivindicar a las personas víctimas de las desapariciones forzadas. Como legisladora, fue una promotora incansable de reformas constitucionales a favor de los Derechos Humanos, y en contra de la tortura y las desapariciones forzadas. Fue postulada como candidata al Premio Nobel de la Paz en 1986, 1987, 1989 y 2006. Por su lucha en el ámbito de los Derechos Humanos, se le otorga la Medalla “Eduardo Neri”, en 2019. Ese mismo año, el Senado de la República le otorgó la Medalla “Belisario Domínguez”, y ella, en un acto de discreción, la recibe y la entrega en custodia al presidente Andrés Manuel López Obrador. Su carácter indómito la llevó a participar en marchas y protestas, siempre en la primera fila, dando siempre la cara, poniendo el pecho antes que ningún otro.

Rosario Ibarra de Piedra con la imagen de su hijo Jesús Piedra.

Una anécdota que pinta de cuerpo entero su fuerte carácter indómito, se dio en una ocasión que, siendo legisladora, convocó a un acto de masas en el zócalo capitalino. El evento, que era sobre Derechos Humanos, desagradó al cardenal Norberto Rivera Carrera quien, para boicotear la reunión, mandó echar a rebato todas las campanas de la Catedral. El sonido era ensordecedor, así que Rosario levantó la voz y dijo: “Estamos incomodando al cardenal y él nos boicotea con sus campanas. ¡Pues menos le va a gustar que le tomemos la Catedral!” Y la muchedumbre se lanzó hacia el templo. Al enterarse el prelado, mandó callar las campanas y el acto se reanudó sin contratiempos.

La dignidad de su primera campaña presidencial, motivó mi única participación y filiación a un partido político. En 1982, se formó el Comité Estatal del Partido Revolucionario de los Trabajadores en Yucatán. Un grupo de jóvenes nos integramos a este comité y promovimos la campaña de Rosario Ibarra en el estado. Recordamos gratamente a los compañeros de esta lucha política. Sintia Alayola, Emma Alonso, Noemí Avilés, Pía Gómez, Juan de Dios Gómez, Jorge Angulo, Carlos Vivas, Jesús Peraza, Carlos Martínez, Tony Peraza, Jimmy Montañez, José Enrique Avilés y un servidor. Este partido político fue pionero en la lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual, y tenía un comisionado para esta finalidad. En su gira de campaña, Doña Rosario sostuvo importantes juntas de trabajo con nosotros, en el Hotel del Gobernador. Al término de la última reunión pasamos a cenar al comedor del hotel. Uno de los compañeros se excusó y se estaba retirando, Doña Rosario se acercó al joven y con gran discreción le preguntó: “¿Qué pasa, por qué no te quedas a cenar?” Bajando la mirada el muchacho le dijo: “Es que no tengo para pagar mi comida”. Doña Rosario lo abrazó y le dijo: “¡No importa, siéntate que yo te invito!” También era profundamente humana.

Rosario Ibarra de Piedra se ha ido físicamente, su lucha de medio siglo deja huella indeleble en nuestra sociedad. Su grito de guerra: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!” resuena hasta nuestra actualidad y se extiende por el tiempo y el espacio. Como dice su hija, Rosario Piedra: “Ella le hubiera gustado jamás haber recibido un reconocimiento, sino mejor ser una mujer desconocida, pero a cambio que su hijo estuviera a su lado y no desaparecido”, pero la realidad se impuso a su historia y la llevó a forjar una lucha que nos hace exclamar sin duda ninguna: ¡ROSARIO IBARRA DE PIEDRA, PRESENTE!

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