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Las víctimas. Capitulo II

FOTO GETTY

Los Goebbels

Magda Goebbels se sentó en la pequeña mesa multiusos que en los últimos días le había servido tanto para compartir los alimentos, como para supervisar las tareas de sus hijos, además de usarla para entretenerse algunos ratos jugando cartas. Esa noche a finales del mes de abril, le urgía escribirle a su hijo Harald producto de su primer matrimonio con el magnate industrial Gunther Quandt, piloto de la Luftwaffe y quien se encontraba preso de los aliados en Libia.

¡Mi amado hijo! Ya llevamos seis días en el Führebunker -papá, tus seis hermanos pequeños y yo, para la seguridad de dar a nuestras vidas nacionalsocialistas el único fin honorable posible…

La piloto alemana Hanna Reitsch fue una de las últimas en lograr aterrizar en Berlín cuando las tropas rusas ya se encontraban a pocos kilómetros de la capital. El 28 de abril de 1945, acompañada de Robert Ritter Von Greim descendió en su aeronave muy cerca del bunker en la cancillería donde se encontraba Hitler, una fortaleza de dos pisos construida a quince metros de profundidad. La intención era convencerlo de abandonar ese refugio, cosa que no consiguieron, pero al emprender nuevamente el vuelo se llevó varias cartas de los pocos que aun quedaban acompañando al führer, entre ellas la misiva de Magda a su hijo. Tampoco a ella pudo convencerla de que le permitiera sacar a sus hijos y tratara de salvarlos.

Sabrás que me quedé aquí contra la voluntad de papá, y que incluso el pasado domingo el Führer quería ayudarme a salir. Conoces a tu madre -tenemos la misma sangre, para mí no había duda

Johanna María Magdalena, era una berlinesa nacida en 1901, hija de Auguste Behrend y el ingeniero Oskar Ritschel, quienes muy pronto se divorciaron, por lo que su madre se casó nuevamente con un magnate judío. Magda fue educada los primeros años en el convento católico de las Ursulinas en Bélgica en donde sería recordada como “una niña activa e inteligente” y posteriormente en un prestigioso internado alemán para niñas.

A los 19 años conoció a Gunther Quandt, rico industrial alemán que le doblaba la edad, era viudo y tenía dos hijos. El 4 de enero de 1921 se casó con el y quedó muy pronto embarazada de Harald, pero en 1929 se divorciaron.

Magda empezó a asistir a congresos del partido Nazi quedando encantada con los discursos de los oradores, principalmente los de Joseph Goebbels, lo que la orilló a unirse a dicho partido y a colaborar en la oficina del mismo Goebbels. Mayor fue su fascinación al conocer a Adolf Hitler, de quién varios reportaron parecía estar enamorada. Pronto se comprometió en matrimonio con Joseph, casándose el 19 de diciembre de 1931 siendo testigo del enlace Hitler quien también estaba muy complacido con el enlace y especialmente con Magda, por lo que pasaba varias tardes y noches en su casa departiendo con sus hijos.

Nuestra gloriosa idea está arruinada y con ella todo lo hermoso y maravilloso que he conocido en mi vida. El mundo que viene después del führer y el nacionalsocialismo ya no vale la pena vivirlo y por lo tanto me llevo a los niños conmigo, porque son demasiado buenos para la vida que seguiría, y un Dios misericordioso me entenderá cuando les dé la salvación…

Al igual que su esposa, Joseph Goebbels parecía tener un encanto que rallaba en la idolatría por Hitler. Desde muy joven comenzó a escribir un diario, después de conocerlo y escucharlo, anotó en diversas partes de su libro: “Este hombre tiene todo para ser rey. El próximo dictador”, “lo adoro…ha pensado en todo (lo que yo quiero)”. “Una mente brillante como esa debe ser mi líder. Me inclino ante el más grande, el genio político. Adolf Hitler, te amo porque eres grande y sencillo al mismo tiempo. Lo que alguien llamaría genio”.

De acuerdo con sus biógrafos Joseph padecía un trastorno narcisista de la personalidad lo que le hacía buscar adictivamente el reconocimiento y el elogio. Tuvo una infancia difícil y con enfermedades, como una inflamación pulmonar y una infección ósea que lo dejó con la pierna derecha con un grosor y longitud menor que la izquierda, por lo que cojeó toda su vida. Debido a esta incapacidad fue rechazado en el ejercito para participar durante la primera guerra mundial, sin embargo, él diría que se debía a una herida en batalla.

Se desempeñó como un estudiante sobresaliente y un elocuente orador, y con el empeño de convertirse en un escritor reconocido comenzó a trabajar en un periódico local. En sus escritos de esa época refleja su rencor hacia los burgueses y su creciente antisemitismo, no obstante, en su juventud se enamoró de una maestra hija de madre judía, de la que escribió: “me habría casado con ella si no fuera mestiza”. Pronto los dueños de los periódicos, la mayoría de ellos judíos, comenzaron a rechazar sus escritos, lo que avivó más su odio hacia ellos. En uno de sus primeros encuentros con Hitler el 14 de febrero de 1926, lo escuchó arengar sobre el “sistema judío de explotación” y sobre el socialismo que era una “creación judía”, estos pensamientos junto con la lectura del libro de Hitler Mi lucha, lo convencieron de seguirlo y darle todo su apoyo.

Los niños son maravillosos… Nunca hay una palabra de reproche o llanto. Los impactos están sacudiendo el búnker. Los niños mayores arropan a los más jóvenes, su presencia es una bendición y hasta hacen sonreír al Führer de vez en cuando.

Berlín era el corazón político del Tercer Reich, el mayor símbolo nazi, es por eso que las fuerzas aliadas tenían la mirada puesta en ella, lo que provocó diversas discusiones entre Stalin y los dirigentes de Inglaterra y Estados Unidos, sobre quién debería entrar a conquistarla. Eisenhower, más cauteloso, pensaba que primero debían destruir toda la fuerza militar alemana en los países recuperados antes de la toma de Berlín, a diferencia de Churchill que vio la conveniencia de ser los primeros y el peligro de darla esa oportunidad a los rusos. Stalin aprovechó esas distracciones y retrasos y estimulado por un gran deseo de venganza de sus tropas por las masacres en Leningrado, se adelantó y para fines de abril ya ocho ejércitos rusos estaban entrando en la ciudad.

Que Dios me ayude a tener la fuerza para hacer lo último y más duro. Solo nos queda un objetivo: lealtad al Führer incluso en la muerte. Harald, mi querido hijo -quiero darte lo que aprendí en vida: ¡sé leal! Leal a ti mismo, leal a la gente y leal a tu país…

El matrimonio Goebbels tenía presente la respuesta dada por Hitler al antes consentido arquitecto del régimen Albert Speer, quien se opuso al proyecto llamado; tierra calcinada, que consistía en destruir Alemania si la guerra estaba perdida: “Si la guerra se pierde, -le contestó airadamente el führer- la nación debe perecer… Además, los individuos que quedarán una vez acabada la guerra, serán inferiores, pues la elite se habrá hecho matar”.

El 1º de mayo de 1945, al día siguiente que Adolf Hitler y su esposa Eva Braun se suicidaron, los seis niños Goebbels fueron asesinados por sus padres, quienes horas después también se mataron, adormecidos con morfina les introdujeron entre los dientes capsulas de cianuro.

Helga Susane la hija mayor, la consentida de su padre, tenía 12 años y se sospecha que se resistió ya que tenía contusiones en el cuerpo, principalmente en la cara, además de que algunos que los conocieron comentaron que no tenía muy buenas relaciones con su madre.

Hildegard Traudel, llamada por su padre “un pequeño ratón”, fue muchas veces fotografiada junto con su hermana Helga con Hitler, tenía once años al momento de su muerte.

Helmut Cristian, niño considerado sensible, su padre lo describió en su diario como un “payaso”. Joseph dispuso que se reforzara su educación ya que tenía problemas para pasar los niveles. Tenía nueve años cuando murió.

Holdin Kathrin, ¡Es bonita! Dijo el doctor que la recibió al nacer, pero sus hermanas mayores la opacaban por lo que su padre solía protegerla. Tenía ocho años al morir.

Hedwing Johanna, Conocida coloquialmente como “Hedda”, decía que de grande se casaría con un soldado de la SS. Murió tres días antes de cumplir siete años.

Heidrun Elisabeth, Conocida como “la niña de la reconciliación”, después de la separación de sus padres por infidelidades de Joseph con la artista checa Lída Baarová. Niña alegre, “pequeña coqueta” dirían de ella. Tenía cuatro años al momento de su muerte.

El 2 de mayo las tropas rusas encontraron los cuerpos de los niños Goebbels, en su habitación del Vorbunker, parecían dormidos recostados en sus literas, vestidos con sus inmaculadas batas blancas y las niñas peinadas con sus lazos en el pelo.

Harald, recibió la carta de su madre cuando tenía 23 años, y después de estar preso tres años fue liberado. Heredero de una gran fortuna y de los negocios de su padre, la cual incrementó, hoy los descendientes Quandt son considerados una de las familias más ricas de Alemania, accionistas entre otras compañías, de la BMW

Referencias:

  • La caída Berlín. Diego A. Soria y Julio M. Luqui-Lagleyze. Editorial Planeta. Colombia. 2007.
  • Mi Lucha. Adolfo Hitler. Editorial Diana, México, D.F. 1958.

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