CulturaEntérateEspeciales

Irene Duch, la misión superior de la poesía

“En la memoria de la rosa,

La silueta de Irene”

Rubén Reyes.
_Josue Morelos Echeverría, Rubén Reyes Ramírez, Nicole Ooms Renard, Pablo Mercader Duch y Lilia Hijuelos. Foto de Salvador Peña L.

La voz de los poetas transita por el espacio en esta patria chica. A lo largo del tiempo, las liras y las voces han sonado en el aire Ya Rubén Reyes nos ha legado trabajos antológicos de calidad superior, ahí están como testimonio sonoro “La Voz Ante el Espejo” y “Trayectoria del Aire”; ahora, esta profunda y valiosa labor de Rubén nos entrega un nuevo título que viene a enriquecer la producción editorial conjunta de la Universidad Modelo y la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida. “En la Memoria de la Rosa” es el título de la publicación, y es una amplia y profunda compilación y clasificación de la obra poética de Irene Duch, malograda poeta que dejó profunda huella en una rica producción que marchó por casi todas las sendas de la poesía. En la tradición poética de Yucatán, los colectivos han sido de importancia determinante en la tradición de las letras yucatecas. Desde inicios del S. XX, grupos de bardos se han proyectado en el panorama de la poesía, construyendo toda una tradición profunda. Desde el “Grupo Esfinge”, pasando por “Voces Verdes”, llegamos al fértil grupo “Platero”, en el que la figura de los hermanos Duch Gary marcaron pautas de brisas refrescantes de nuestras letras. En este contexto, surge la brillante figura de Irene Duch, que a lo largo de más de una treintena de años, nos dejó un valioso legado poético inmortal.

La noche del jueves 13, a las siete, en la Video Sala del Centro Cultural “Olimpo”, una mesa de reflexión de excelente calidad, sirvió de espacio para presentar públicamente el libro “En la Memoria de la Rosa”, poesía reunida de Irene Duch, obra de compilación y análisis del poeta Rubén Reyes, y que el esfuerzo conjunto de las dos instituciones ya citadas, puso al alcance de los lectores locales. La mesa panel fue moderada por Josué Morelos Echeverría, y contó con el concurso de Rubén Reyes Ramírez, Nicole Ooms Renard, Pablo Mercader Duch y Lilia Hijuelos, quien presentó un texto de Karla Marrufo. El sabroso y profundo conversatorio dejó perfectamente delineada y analizada la figura y producción de la poeta y dejó en claro la trascendencia de su figura en el panorama literario local. Fueron cuatro voces, cada una de ellas con un tono diferente, fueron cuatro voces, cada una son su perspectiva del asunto y su visión personal. Y cada una nos dio una faceta diferente de Irene, para llegar a una conclusión clara y sensible de su personalidad y creación.

Las cuatro voces, nos trajeron a una Irene completa, total, multifacética y profundamente humana. Rubén nos iluminó la noche con un poema sensible. Nicole deshiló mujer y obra con un fino escarpelo para exponer a fondo una Irene total. Karla analizó las facetas más íntimas de la obra de Irene. Y Pablo, con un total desenfado fresco y entrañable, nos abrió regiones del corazón reservadas a la intimidad. Nos quedamos al final con una Irene total y profunda, íntima y expuesta, sensible y maravillosa, una Irene rasa y elevada, todo en uno.

En la Memoria de la Rosa libro compilado por Rubén Reyes. Foto de Salvador Peña

Rubén inicia su poema con una cita de Miguel Hernández: “Palabras para un reencuentro, volver a mi huerto”. “Me asaltan versos de Sabines, en la orilla del aire”, nos expone. “Tanto tiempo, tanto es poco de coincidir”, señala. Rubén nos remite a la memoria tutelar de Martí: “Cultivo una rosa blanca, y en la memoria de la rosa, la silueta de Irene”. “Me declaro confeso del privilegio de haber gozado de la amistad de Irene”. Vuelve a Martí: “Conocer es resolver”. “La razón de ser es el conocimiento, la certeza de Irene Duch con su claro acento humanista, la postura de Irene ante la vida”. Nos señala los objetivos de Irene en la serenidad y paz interior, en su objetivo de construir una mujer serena. “Su poesía es un abrazo humano y cósmico, es la honradez consigo misma, es la misión superior de la poesía, una arcilla de esperanza para el mundo, un poema como introducción”, finalizó. Nicole inicia exponiendo que su texto es: “Una aproximación a la cosmogonía de Irene Duch”. En ella encuentra dos tendencias que no se excluyen: La percepción sensorial y el racionalismo, posturas que ejemplifica en dos de los diálogos de Platón: El Banquete y Fedón, que se circunscriben a estas dos visiones. “La vía de curso para Irene es el cuerpo”. Señala en la poesía de Irene la presencia de las cuatro fuerzas cósmicas: Aire, agua, tierra y fuego. “La piel se le desdobla en mil estrellas”. El horizonte es una mano abierta, aire y agua llevan la delantera, pero el aire es el que se torna más presente. “¿Qué sería del pájaro sin aire? ¿Qué es un poeta, sino una voz? La voz se pausa en el silencio. Unas espirales que nos regresan al cuerpo, que nos sirvió de punto de partida”. “Irene y el mundo, el mundo un poema. ¡Qué morirá cuando yo muera!”

La amable voz de Lilia nos trae el texto de Karla Marrufo. “¿Para qué sirve la poesía?”, es la pregunta introductoria. “Hemos intuido el aire como la ausencia”. “La poesía de Irene se desliza en esta obra de largo aliento”. “Es como si el poema siempre se leyera, nos hace el milagro de repetirnos en otra mirada”. “Se abre una luz en la promesa de un porvenir”. Califica la poesía de Irene como: “Una poética de la conciliación; una voz regida por la lucidez; la admiración de las pequeñas cosas. Nada tengo más que el viento, el mar y los recuerdos”. Cierra las participaciones Pablo, que con natural desenfado nos dice: “Qué onda, aquí estamos. Trataré de ser breve, aunque no lo prometo”. Nos habla de Irene, la poeta y la madre. “Era directa, concisa en sus poemas”. Nos cuenta que le preguntaban: “¿Por qué son tan cortos sus poemas?”, y ella respondía: “Porque si no, se me queman los frijoles”. “Era, además, un ama de casa… ¡Una chingona! Su ejemplo de vida nos hizo no cerrarnos en nuestra zona de confort; he logrado mi camino por sus enseñanzas”. – ¡Gracias Irene por tus astillas de luz que se han guardado en mi corazón!”. La voz de Pablo se quiebra al leernos un poema que le escribió cuando él tenía seis años: – Albondiguita de cristal, / jardín de trinos, / carrusel de mis noches. / Albondiguita de cristal, / nos abraza tu silencio. Nos cuenta Pablo que, después de su fallecimiento soñó con ella y escribió: – Cabalgando por las alas de mis sueños. / Estabas en la orilla del mar, / vi volar tu obscura cabellera, / tu mirada, tu razón de vivir. / ¿Te podré ver volando como gaviota sobre el mar? “Es maravilloso percibir la pérdida de un ser amado, que ahora está más cerca”, concluyó. Salimos de la video sala del Olimpo con el alma pletórica de poesía e Irene.

Leave a Reply

Back to top button
error: Este contenido está protegido. Gracias.