Bienestar Espiritual

“El Niño Jesús en su primera Pascua”

(San Lucas 2: 41-51)

¡Qué ejemplo tan maravilloso nos da el Señor, quien desde cuando cumplía los 12 años, sus padres lo llevan por primera vez a Jerusalén! Una distancia de 147 kilómetros. Camino de unos 3 días.

¿Cómo estaría tan lleno de gozo su corazón de niño, porque iba a entrar ya convertido en todo un jovencito responsable y miembro ya en activo del Pueblo Elegido, de la Asamblea Santa, del Pueblo Sacerdotal? ¿Con qué alegría iría cantando ese salmo del gozo por la Casa del Señor? Ya podemos imaginarnos que cantaba convencido de que entraba a la Casa de Su Padre: “Yo me alegré cuando me dijeron: ¡Vamos a la Casa del Señor!” ¡Ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén! (Salmo 122…).

¡Jesús niño está ya en su Primera Pascua! Siete días de festejo en alabanzas, lecturas de los salmos, de las profecías, de los libros sapienciales, del éxodo, del levítico, etc., etc. hicieron que fuera una semana de deleite espiritual. Cuando por fin, tuvieron que regresar a Nazaret, sus padres se percatan que en la caravana no está Jesús, se dedican a buscarlo hasta que al tercer día se dirigen al Templo de Jerusalén para ver si ahí lo encontraban y, justo ahí estaba en medio de los grandes rabinos y doctores de la Ley, quienes le preguntaban y a su vez eran interrogados por ese niño increíblemente maravilloso. Su madre se dirige a Él en tono de preocupación: “—Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? —le dijo su madre—. ¡Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando angustiados!” (San Lucas 2: 48).

La respuesta parece un poco irrespetuosa ante sus padres al contestar con otra pregunta: “ ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre?”

Cristo niño estaba de fiesta y se sentía muy a gusto en la Casa de Su Padre, porque a partir de este momento, Él demostraría con su actitud ejemplar de lo maravilloso, importante y vital que es “LA CASA DE SU PADRE”; “EL CELO POR LA CASA DE SU PADRE” Y “LOS NEGOCIOS E INTERESES DE SU PADRE “, que más tarde nos daría la regla de oro para nuestra vida espiritual: “¡Busquen primeramente el Reino de Dios y Su justicia, porque lo demás, vendrá como añadidura!” (San Mateo 5:48).

Pensemos en lo vital y provechoso de ocuparnos en amar y visitar LA CASA DEL PADRE, permaneciendo por largos instantes en comunión con la presencia divina en oración, en la escucha atenta a Su Palabra y en alabanza de gratitud. Esa actitud de Jesús y esa respuesta es de suma importancia para todos nosotros, porque si así actuamos, estamos haciendo que, por nuestro amor por la Casa del Padre, la gloria de Dios se manifieste en nosotros traducida en una fe que mueve, remueve y conmueve todo y nos hace ser gratos a la presencia divina y, a ser felices, fuertes, invencibles y exitosos en nuestra vida integral.

Porque si nuestra alma está llena de la sabiduría divina, nuestra fortaleza está garantizada por el mismo poder de Dios y su gloria se manifestará por siempre hasta llegar a las Mansiones eternas.

Si los cristianos nos involucramos a conciencia, con amor, con decisión, con pasión y con celo por LA CASA Y LAS COSAS DEL PADRE CELESTIAL, todo lo demás que necesitamos será provisto por el mismo Dios quien nos ilumina, nos fortalece y nos hace aptos para que en lo muy nuestro, también seamos abundantes y no estemos en la escasez ni mucho menos en la miseria.

Cuando uno va con amor a la Casa del Padre acompañado de sus padres, hermanos y amigos, es cuando uno puede crecer a la vista de Dios y de los demás en edad, en sabiduría, en conocimientos, en responsabilidad, en fortaleza, gozando del favor divino y de la Comunidad Cristiana. Solo así habrá cristianos maravillosos, útiles, serviciales, ciudadanos responsables y amantes de su patria; profesionales de calidad, productivos y honestos.

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