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Gerardo de la Torre en Yucatán

Gerardo de la Torre (Oaxaca, Oax, 1938-Cd. de México, 2022).

Gerardo de la Torre tenía la particularidad de ser un escritor emanado de la clase obrera. Lo era de familia y por sí mismo, pues trabajó desde los 15 a los 34 años en Pemex. De ahí que varias de sus novelas se centren en cuestiones petroleras, sobre todo, sindicales, aunque se eslabonen con otros temas como los del 68 o el trabajo en televisión. Narrador complejo, que ofrece una visión social de época a partir de hechos de la realidad vivida que constituyen los ejes de sus tramas; todo un escritor congruente con su ideología tanto en su modesto modo de vida como en su obra literaria.

Vino a Yucatán en junio de 2008 a impartir un taller de Narrativa en la Biblioteca Central “Manuel Cepeda Peraza” a través del INBA y el entonces ICY. Un taller memorable por las enseñanzas, la motivación y por los participantes, provenientes de seis estados del Sureste mexicano, incluyendo a Veracruz. Fue una semana intensa donde Gerardo convivió con los escritores participantes, en lo formal y lo informal, haciéndonos ver la literatura como forma de vida desde lo más profundo.

En esos días de largas conversaciones pudimos constatar que era un auténtico obrero de la escritura, con disciplina, conciencia del deber y búsqueda del rigor. Más que nada, con un sentido humano. Nada de pedanterías, ni poses, ni burlas, ni de hacerle fuchi/fó al entorno yucateco. Se acopló a todo -lugares, comidas, entrevistas- con absoluta sencillez.  

Sabía compartir sus experiencias como escritor, él que había trabajado no sólo la novela y el cuento sino también los guiones de cine, televisión e historieta y la traducción, además de ser corrector más allá del estilo y la ortografía para ser un rehacedor de textos deficientes enviados por las editoriales. Hacía énfasis en aprender de la vida y en saber interpretarla en la escritura. Las lecturas que recomendaba eran pertinentes y siempre asequibles tanto para acceder a ellas como para su comprensión

Era admirable también su fortaleza física a pesar de contar con 70 años de edad y haber sufrido un infarto algunos años antes. Algo habrá ayudado su pasión deportiva, pues en su juventud jugó beisbol y practicó boxeo. Sabemos que estuvo feliz en esta estancia, a pesar de los pequeños problemas comunes a los visitantes no habituados al medio ambiente peninsular. Si bien, aunque nacido en Oaxaca, había pasado sus primeros años en el caluroso Minatitlán, pero nuestro clima le hizo algo de guerra; sin embargo, sólo tuvo una queja luego de ser tentado por ese tramposo espejismo que es el Paseo Montejo al mediodía para hacer una caminata. Menos mal que tomó la correcta decisión de tomar un taxi a fin de regresar a su hotel a descansar y rehidratarse.

El día previo a su retorno a la capital, luego de que concluyera el taller, departimos en grupo en el bar El Gallito, en el inolvidable privado donde tantas concurridas reuniones gastronómico-etílico-literarias tuvimos en esos años. Con Gerardo estábamos tirios y troyanos en torno a la misma mesa, conviviendo con civilidad y sin agresiones, y luego de largas horas nos propuso a los sobrevivientes que fuéramos a visitar a Gabriel Ramírez. Y hacia ahí nos dirigimos. Había algún resquemor en Gerardo porque llevaban muchos años sin verse y por haberlo incluido como personaje en su novela Los muchachos locos de aquel verano, recordando hechos de los tiempos setenteros (y alguna travesura del pintor: intervenir una foto de Meche Carreño para dejarle el rostro igualito al del “Jamaicón” Villegas y pegarla en la oficina de Juan Manuel Torres, entonces enamoradísima pareja de la actriz). Pero Gabriel nos recibió con amabilidad, luego del encuentro en la puerta con sorpresa mutua entre ellos. Y aquel reencuentro transcurrió dentro de la espontaneidad de los recuerdos, anécdotas, puestas al día y hasta baile de mambo.

Después Gerardo colaboró como jurado en algunos de los premios nacionales del ICY, lo cual nos dio oportunidades para conversar vía telefónica. Hace unos tres años había yo hablado con dos personas sobre la posibilidad de traerlo a Mérida, mediante una cooperacha entre varios, pagándole incluso sus honorarios. Pero entre la pandemia y otros problemas la propuesta tuvo que ser relegada. Y hace unos días nos enteramos de su triste fallecimiento ocurrido en un hospital de la Ciudad de México.

Nos quedan sus libros y para bien de los lectores parece haber buena disposición del área editorial federal para que se reediten y distribuyan. Será una magnífica manera de tenerlo presente y apreciar sus propuestas narrativas.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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