Bienestar Espiritual

“La grandeza de un hombre”

San José, a la par que Abraham fue invitado por Dios a dejar la comodidad y el confort de su casa y su familia. Cuando enviudó, fue el elegido entre doce ancianos para desposarse con la Virgen María, quien había hecho voto de castidad. Doce ancianos fueron convocados para ver a quien de ellos se le asignaba el cuidado de esta jovencita a fin de preservarla con todo respeto porque ella había decidido mantener su virginidad. La vara de José fue la escogida cuando reverdeció y floreció, tal como lo hizo la vara de almendro de Aarón.

San José tuvo que luchar contra muchas incomodidades, la primera es ver que su mujer estaba embarazada y tenía que subir hasta Belén para empadronarse. En medio de tantas dificultades, tuvo que preparar el viaje en el burrito que tenían para recorrer 156 Kilómetros.

Tuvieron que ir a Belén porque San José era de la familia del Rey David y le correspondía la ciudad de Belén. Belén significa en arameo CASA DEL PAN y en árabe “CASA DE LA CARNE.” Sus habitantes se dedicaban a cultivo del trigo y a la cría de carneros. Era Belén la ciudad que abastecía de los mejores carneros para los sacrificios rituales del Templo de Jerusalén. Cabe resaltar, que al nacer en ese sitio EL DIVINO SALVADOR, lo honró, porque Él es “EL PAN DE LA VIDA” y “EL CORDERO DE DIOS”. También es muy importante señalar que, tanto por José como por María, él Señor es de la ascendencia del Rey David, de modo que en su vida pública quienes se beneficiarían le gritarían con fe: “¡Jesús, Hijo de David, Ten piedad de mí!” Jamás le dirían “Hijo de José”.

Nos cuenta el Evangelista: “Por aquellos días Augusto César decretó que se levantara un censo en todo el Imperio romano. (Este primer censo se efectuó cuando Cirenio gobernaba en Siria). Así que iban todos a inscribirse, cada cual a su propio pueblo.

También José, que era descendiente del rey David, subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a Judea. Fue a Belén, la Ciudad de David, para inscribirse junto con María su esposa. Ella se encontraba encinta y, mientras estaban allí, se le cumplió el tiempo. Así que dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada.” (San Lucas 2: 1-5).
José, al ser el elegido, tomó a María por su esposa y observó todo lo que debía. San José era JUSTO y no aceptaba el que su esposa estuviera esperando un hijo.

Es por eso que cuando la ve embarazada, le asalta la duda y como él era justo y para nada la había tocado, decide auto culparse, porque sabía que, si la denunciaba, ella correría la suerte de morir apedreada de la manera más vil junto con el niño que llevaba en sus entrañas, tal como lo señala San Mateo: “José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.” (Mateo 1:19).

Es justo en el icono del nacimiento de Cristo donde vemos a San José muy pensativo y dudoso, porque sentía que ese hijo no era de sus entrañas. De hecho si observamos el icono veremos que se le acerca el demonio disfrazado de un anciano sabio y sensato que pretende hacerle razonar y hacerle ver que él no era el padre de ese niño y que lo mejor sería que abandonara a María a su suerte, haciéndole ver que no era justo que a un hombre de su talla moral lo burlaran de ese modo tan infame.

Fue el ángel quien le revela en sueños que tome una sabia actitud: “ Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.” (San Mateo 1: 20-24).

Esta revelación divina hace que San José cambie de parecer y retome el papel que le corresponde porque ahora está más convencido de que esta es la voluntad divina.

San José tuvo que sortear mil incomodidades, el precio de ser elegido para tan importante papel de PADRE NUTRICIO, ahora, lo obliga a abandonar Israel y caminar en medio de los peligros del desierto más de 800 kilómetros: “Cuando ya se habían ido, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

Y aún hay más: Una vez instalados en Egipto, tienen que regresar a Israel: “Después de que murió Herodes, un ángel del Señor se le apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a la tierra de Israel, que ya murieron los que amenazaban con quitarle la vida al niño». (San Mateo 2: 19-23).

¿Harían falta más detalles para no enaltecer la figura de San José? Lo que nos dicen los evangelios apócrifos, solo resaltan la nobleza y la honradez de este hombre elegido por Dios para que protegiera al Hijo de Dios. Lo que nos dice San Mateo y San Lucas nos es suficiente para ver que detrás de este hombre hay un ser humano de una vida espiritual recia, profunda y heroica que ya quisiéramos tener por lo menos una parte de ella. San José es un ejemplo extraordinario de lo que debe ser un esposo, un padre y un hombre de virtudes que vive para amar a Dios en su prójimo.

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