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Festival Taurino con tres locutores yucatecos

Addiel Volio, Víctor Manuel Esquivel y el valientísimo Rubén Zepeda Novelo.

Yucatán ha tenido desde siempre excelentes cronistas taurinos a nivel nacional. Entre ellos podemos mencionar a José Esquivel Pren, Roque Armando Sosa Ferreyro en épocas anteriores. Y mas recientemente a Víctor Manuel Esquivel quien transmitía las corridas de la plaza México para la radio. Así Addiel Bolio fue cronista televisivo, nieto de Saturnino Bolio “Barana”, uno de los mas grandes picadores que ha existido en México y dio la vuelta al ruedo en la plaza de toros de Madrid, después de un soberbio puyazo. Entre ambos organizaron un festival taurino a beneficio de la casa del estudiante yucateco en la ciudad de México. Completó la tercia otro paisano que durante años fue la pareja del quizá mas grande locutor taurino del planeta, el inolvidable Pepe Alameda, me estoy refiriendo a Rubén Zepeda Novelo, quien entre toro y toro hacía comentarios de muchos comerciales durante las trasmisiones. Un gran aficionado a la fiesta brava.

Dicho festival se llevaría a cabo en la plaza de toros de Texcoco. Lidiarían seis pequeñas vaquillas donadas por diversos ganaderos. Los tres estaban entusiasmadísimos. Pero el más animado rallando en éxtasis por torear, lo era Rubén Zepeda Novelo, quien haría su debut como aficionado práctico. Acudió al mejor sastre de toreros después de una rigurosa dieta para que le hicieran un traje de corto, es decir, a la usanza andaluza.

En los cafés taurinos de la ciudad de México, el “Do Brasil”, y el “Cafetacuba” pletóricos ambos de gente relacionada con el toro. Maletillas, novilleros, periodistas, los aficionados más conocedores, en fin, estos dos míticos cafés situados en las calles de Bolívar, reuniendo a lo más granado del munidillo taurino incluidos en algunas ocasiones grandes figuras de la tauromaquia nacional.

Pues bien, el buen amigo Rubén Zepeda Novelo no cesaba de mencionar su próximo debut toreando en público y las grandes faenas que harían así fuera de unas pequeñas vaquillas.

El día del festival se acercaba, se probo el traje con que torearía, y dibujó en el taller del sastre unas verónicas al aire, que ya envidiarían Paco Camino. Por fin el día del festival llegó y los tres “matadores” Bolio, Esquivel y Zepeda, emprendieron el viaje muy temprano en el coche de este último hacia Texcoco. Iban entusiasmados en demasía, con bravíos trajes en las maletas. Con forme se acercaban a la ciudad, Zepeda se iba quedando mas callado. Todos los boletos estaban vendidos para el evento dada la calidad y fama de los tres locutores yucatecos.  Ya en el hotel acordaron ir a la plaza de toros a observar las vaquillas que lidiarían por la tarde. Entraron a la plaza y se dirigieron a las corraletas en donde se encontraban seis diminutas vaquillas, con los cuernos despuntados, y relatan Addiel Bolio lo siguiente: “llegamos a la plaza, fuimos a los corrales, y mientras mirábamos a los animales, de pronto el buen amigo Rubén, pálido como una página en blanco solamente exclamó ¡Maaaaareeee están muy grandes, yo me voy a Mérida!…y se fue.

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