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En torno a Rebelión

Retrato del escritor Lorenzo Rosado.

Ha sido memorable la censura que se ejerció sobre la zarzuela Rebelión, de Lorenzo Rosado y Arturo Cosgaya, de la cual habló Faulo M. Sánchez Novelo en uno de los capítulos de la investigación que está llevando a cabo acerca de los primeros espectáculos en el Circo Teatro Yucateco.

El libreto y partitura de esa zarzuela siguen siendo desconocidos, pero por las crónicas y notas de prensa sabemos del argumento, seguramente motivo del acto de censura para su puesta en escena. Diversos investigadores del teatro regional y de la música popular yucateca han hablado con detalle del tema, así que me limito a hacer algunos comentarios.

El primero es acerca del destino inmediato posterior de Lorenzo Rosado, luego de su forzada salida de Yucatán. No conocemos su itinerario de destierro, pero una de sus etapas ocurre en Sonora, desempeñando interinamente funciones de Secretario de Estado, equivalente de una Secretaría General de Gobierno, bajo el gobierno también interino de Ignacio L. Pesqueira. En ese cargo le habrá tocado establecer comunicación constante -y quizá lidiar- con personajes que habrían de cumplir un papel importante en la Revolución Mexicana y que en ese entonces desempeñaban diversas misiones en ese estado norteño del cual eran oriundos o donde estaban avecindados: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Salvador Alvarado, Benjamín Hill, Adolfo de la Huerta y el gobernador con licencia José María Maytorena, quien con el tiempo formaría parte del bando villista.

Por lo poco que sé, no fue un cargo fácil de desempeñar para el escritor yucateco nacido en Espita (hay algunas menciones acerca de ello en La frontera nómada, de Héctor Aguilar Camín, por ejemplo), pero le tocó el momento clave en que Venustiano Carranza llega a Sonora después de haber atravesado el desierto de Chihuahua para entrevistarse con Pesqueira y obtener el apoyo de los sonorenses, quienes a final de cuentas habrían de ser el bando ganador de la Revolución Mexicana. Por la índole de su cargo, en la ley del 5 de marzo de 1913 en que el Ejecutivo de Sonora desconoce a Victoriano Huerta como presidente de la República aparece la firma de Lorenzo Rosado.

En su obra literaria quedó algo de esa etapa en la entidad del Noroeste, pues en Eróticas, poemario suyo, aparecen composiciones relacionadas con Hermosillo y, conforme a algunas fuentes, fue autor de la letra de un Himno Constitucionalista, con música del sonorense Rodolfo Campodónico.

Por cierto, Rebelíón no fue la única zarzuela suya que sufrió algún tipo de censura, pues antes había tenido problemas con Out, escrita en colaboración con Lorenzo López Evia y relativa al beisbol, deporte que empezaba a apasionar a los yucatecos, y la cual también ha sido mencionada en el repaso acerca de los espectáculos del Circo Teatro Yucateco. En este caso los pretextos fueron más bien de tipo moral por contar con chistes subidos de color y frases de doble sentido en contra de las autoridades. Tampoco contamos ni con el libreto ni la partitura de esa obra.  

Pero en realidad temas semejantes a los de Rebelión estuvieron presentes antes y después de ésta en escenarios yucatecos sin haber sido objeto de alguna reconvención. Una de estas obras es El alcalde de Zalamea, de Pedro Calderón de la Barca, donde un campesino mata a un capitán perteneciente a la nobleza y en campaña al que había dado alojamiento y que abusó de su hija sin procurar asumir responsabilidades. Esta venganza de honor de un hombre del medio rural que hace justicia por propia mano ultimando a un noble y que hace valer el Derecho Natural para justificar su acto violento, logrando convencer al mismísimo rey Felipe II, bastante tendría de aplicación al entorno yucateco de la época. Aunque Pedro Crespo fuera un campesino rico se ponía al tú por tú con el poder establecido para castigar un abuso del estrato social superior y lograba ser reconocido, incluso con el cargo de alcalde vitalicio por disposición real.

Cabe señalar que Pedro Crespo es también el nombre de un líder agrario de Cansahcab en tiempos de la Revolución Mexicana. La primera vez que lo escuché nombrar pensé que era una broma, pero sí, aquel político yucateco era homónimo del alcalde de Zalamea, uno de los personajes epónimos de la literatura española.

Muy notoria habría de ser también la crítica social más que explícita del drama Tierra baja, del catalán Ángel Guimerá, donde un terrateniente lleno de deudas por sus malos hábitos trata de recuperarse casándose con una rica heredera, procurando eliminar cualquier sospecha de sus relaciones con Marta, una muchacha pobre y empleada suya, a la que sedujo y convirtió en su amante. Para ello ordena que se case con Manelich (pronunciado y escrito ahora como Manelic), un pastor que vive en la tierra alta, casi sin contacto con el mundo y por tanto lleno de inocencia. Pero por varios motivos el pastor irá tomando conciencia de su situación de peón sometido a un patrón malvado que dispone a capricho el destino de sus subordinados y ante ello terminará haciendo justicia por propia mano.

En el drama el protagonista expresa palabras de libertad y conciencia moral contra la corrupción del amo, que en la famosa interpretación de Enrique Borrás habrán retumbado en los escenarios donde se presentó. Recordemos que uno de los poemas más leídos y recitados de Antonio Mediz Bolio es “Manelich”, inspirado en ese drama que impresionó y marcó al escritor yucateco y que muchos lectores, declamadores y oyentes -incluyendo a algunos académicos- han creído que se trata de la apelación a un rebelde maya para luchar contra la desigualdad y la injusticia, lo cual es revelador de la identificación de situaciones sociales más allá de la geografía.

Tierra baja ya ha sido mencionada cuando menos tres veces (1901, 1903 y 1905) en el acucioso recuento de Faulo Sánchez Novelo y habría de ser la primera obra teatral escenificada en el nuevo Teatro Peón Contreras, en 1908 luego de su ceremonia inaugural, y se representaría en Mérida varias veces más, antes y después de la caída del régimen porfirista.

La obtusa visión de quienes ejercían la censura les impedía darse cuenta de que una de las estrategias más sutiles del teatro -más allá de las intenciones y tiempos de vida de los autores- consiste en que aun cuando se ubiquen en épocas y regiones distantes desarrollan acciones que el público terminará asumiendo como idénticas a las que está viviendo en su entorno inmediato. El hecho de que estos dos dramas estuvieran ambientados en España -una de ellas en tiempos remotos- haría creer que eran ajenas al Yucatán de los abusos a los peones y del derecho de pernada, sin percatarse de que se trataba de condiciones muy similares, susceptibles de ser comprendidas por el público general.

Aunque Lorenzo Rosado procuró la distancia temporal en su libreto, se mantuvo dentro de nuestra región y ello habrá sido un factor tomado en cuenta por los miopes censores. Quizá si la hubiese ubicado en la Cochinchina se hubiera representado sin problemas con parecido efecto crítico. Y el valor universal de las dos obras de Calderón y Guimerá, ambientadas en la España rural de otros tiempos, sigue incólume.

Jorge Cortés Ancona

Licenciado en Derecho, con Maestría en Cultura y Literatura Contemporáneas de Hispanoamérica. Es egresado del Doctorado en Literatura de la Universidad de Sevilla con una tesis sobre teatro y boxeo, y cuenta con un DEA (equivalente de maestría) de la misma institución. Ha impartido clases y cursos en diversas instituciones educativas y culturales sobre literatura e historia de las artes visuales. Ha escrito numerosos artículos y entrevistas sobre temas culturales y figura en varias antologías de poesía.

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