Bienestar Espiritual

Reflexión de Año Nuevo 2022

San Lucas 5:1-11

Señor, mi Dios: Toda la noche de lo que llevo de mi existencia he pasado lavando las redes, como Tu Apóstol San Pedro, porque, ¡nada he pescado!

¡Toda la noche decepcionado por los padres que Tú me diste, al verlos cómo son, cómo me tratan, cómo no me valoran, cómo no se ocupan de mí, cómo son de irresponsables, cómo tienen un corazón seco que no sabe amar, me veo obligado a lavar mis redes, porque veo claramente, que ¡Nada hay por hacer!

¡Toda la noche desesperanzado al ver a mis hijos que, ¡Nada les intereso, nada les importo, nada valgo para ellos, nada puedo esperar de ellos y, lo que es peor: ¡Nada me nace hacer algo por ellos, mi única salida es lavar las redes, porque, desafortunadamente ya son peces de otra pecera!

¡Todo este año he pasado esforzándome y poniéndole todo mi talento, todo mi esfuerzo, toda mi imaginación, todos mis recursos y todos mis desvelos a ese proyecto que parece que no cristaliza, parece que ha rayado en lo imposible; está lleno de trabas, está detenido por mil razones ajenas a mí y fuera de mi alcance, me veo obligado a lavar redes, ¡porque siento que ya no debo luchar más por él!

¡Todos estos años que he vivido, que he pasado en mi vida sacerdotal, luchando contra viento y marea, tal parece que han sido todo un fracaso, que me quieren desalentar para que ya no luche más, sino que mejor comience a lavar mis redes, abandone Tu llamado divino y mejor viva el resto de mis años para mí y disfrute a mis anchas y le ponga punto final a una vida sacerdotal sin pena ni gloria!

Sin embargo, nuestro panorama cambia por completo cuando escuchamos al gran Apóstol San Pedro, que responde así al Señor:

“—Maestro, toda la noche estuvimos trabajando muy duro y no pescamos nada. ¡Pero, si Tú lo mandas, voy a echar las redes! (San Lucas 5:5).

Cristo está al control de todos nuestros esfuerzos y solo espera que le demos un voto de confianza a Su Palabra de Vida, de poder y de gloria, para que el milagro se lleve a cabo, tal como lo hizo el Apóstol San Pedro: “Hicieron lo que Jesús les dijo, y fueron tantos los peces que recogieron, que las redes estaban a punto de romperse.” (San Lucas 5:6).

Cuando damos el voto de confianza a la Palabra de Cristo, el hijo podrá exclamar: ¡Confiando en Tu Palabra de Vida, una vez más, dejaré de lavar mis redes de la decepción y Te daré gracias, oh Señor, porque valoraré a mis padres como nunca lo hice, porque gracias a ellos, tengo el preciado don de la vida y te tengo a Ti, mi Señor que me revistes de poder y me haces triunfar aun en los imposibles. Hoy en este Año Nuevo, creo en Tu Palabra y me acercaré a mis padres para agradecerles, porque por ellos, Tú me sacaste de la nada a la existencia. ¡Ahora sí que valoraré este don de la vida y dejaré de lavar redes, porque sé que gracias a Tu Gran Poder seré un campeón que hasta mis padres se pondrán orgullosos de mí y todo en mi vida será un verdadero suceso extraordinario!

Aún mi vida sacerdotal encuentra NUEVOS AIRES SALUDABLES cuando la voz del Señor resuena en mi corazón y me invita a volver a darme una nueva oportunidad, sin importar ni la edad, ni la energía, ni la ausencia de juventud, porque el Señor me invita a que bogue mar adentro para que la pesca milagrosa se lleve a cabo. Lo que más me llena de entusiasmo es ver al Apóstol San Pedro que OBEDECE LA ORDEN DEL SEÑOR, porque ya no es una sugerencia, sino UNA ORDEN. Estoy seguro de que, obedeciéndole sin objeciones, lograré hacer en Su Nombre Bendito y Omnipotente en esta nueva oportunidad, que la red se llene de peces de calidad y de gran tamaño para gloria y honra de la Trinidad Santísima.

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