Cultura

Trata de Blancas

Entre los hipnotizantes aromas del panucho y el salbut, el alegre canto de los merolicos, estruendo de música vomitada por los magnavoces de los juegos mecánicos y los voladores -“cuetes  wey”-el gentío, las riadas de feriantes venidos de los pueblos circunvecinos, de todo el estado y aun allende el país y fuera de sus fronteras ,pero obviamente , una inmensa mayoría de las personas pertenecían al pueblo originario, nuevo eufemismo para no llamar indios a los indios, en este caso mayas, que acudían a este lugar sagrado para ellos desde antes de la colonia (se dice que el cuerpo del sabio  Zamná fue enterrado por partes: una en el famoso cerro, antaño, el quizá mas grande e importante de los templos, y el corazón, justamente( la palabrita de moda) debajo del fabuloso templo católico en la que por el sincretismo del tiempo transcurrido, continuo siendo lugar de peregrinación  de los mayas.

             Sin embargo, para la feria, acudían también los izmalodescendientes “blancos” de Mérida y los que aun Vivian en el pueblo primigenio: Los vecinos del centro de la comunidad. Es decir, justamente las personas “visibles” (los “mestizos”, eran por lo tanto invisibles). Por esas fechas acudían también hetairas de la capital del estado ya que allí existía una mini zona de tolerancia y abundancia de hombres venidos de las haciendas. Los primeros en acudir a la mini zona eran aquellos que invariablemente estarían jugándose la vida en el taurino tablado. Corridas largas, de veinte toros. Ahí estaban fornicando, justamente los valientes matadores: Felipe Chiu,Mariano y Joselito Canto, Carlos Hubbe ,”El chel” Cabrera , R de Leon( quien falleciera de una cornada, justamente en Izamal ) con sus competentes-así se anunciaba-banderilleros ; “tukuch”.”El flaco “Medina. La estrella, la figura en estas corridas pueblerinas era Álvaro Cámara Parra, justamente.

             Terminada la feria, estas mujeres “caras” de la vida galante, regresaban a Mérida y quedaban nada mas, justamente, las falenas de fijas , las de siempre. Este lugar de perdición era regenteado por su propietario que era justamente el comandante de policía de la ciudad.

             Indignadas por la zona de tolerancia, las señoras decentes, es decir, las del centro, se cansaron de las escapadas de sus maridos a dicha zona y justamente fraguaron un plan y acudieron al único periódico que existía, la llamada Biblia del yucateco, con justamente un escrito e incluso hablaron con el director del mismo quien por supuesto las apoyo publicando a ocho columnas   en su edición del día siguiente:” Trata de blancas en Izamal”.             El comandante y padrote, al leer aquello, se puso rojo de furia y acudió a los mas destacados hombres “notables” a la oligarquía izamaleña expresándoles que aquello era una vil mentira por lo que les propuso visitaran su hato de erotismo y los señores acudieron al lugar, allí, fue cuando justamente, el comandante ordeno a las suripantas salieran de sus pequeños cuartitos para que justamente aquellos personajes, los mas representativos justamente de las fuerzas vivas del pueblo comprobase que aquello publicado y chismeado por las señoras visibles no era cierto. Se trataba justamente de alguien que “quería perjudicarlo”.” Miren-dijo a los personajazos- como ustedes están comprobando, eso de la Trata de blancas es una vil mentira. Vean ustedes a las mujeres. Ninguna blanca, todas son atabacadas”

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