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La invasión del ‘garimpo’: 300 balsas de minería ilegal se instalan en un río de la Amazonía brasileña en busca de oro

Greenpeace denuncia que la situación “está fuera de control” y que la lentitud de las autoridades en reaccionar muestra la fragilidad de la fiscalización en la zona.

Comenzó con el rumor de que había oro en el río Madeira, uno de los principales de la Amazonía brasileña, y desde hace 15 días cientos de embarcaciones de dragado con ‘garimpeiros (mineros ilegales)’ han invadido una comunidad tradicional, lo que ha encendido las alarmas de los órganos de protección ambiental. 

Las fotografías y grabaciones muestran un escenario impactante. Cientos de barcas colocadas en línea unas junto a otras en plena actividad y utilizando maquinarias para extraer el oro del fondo del río en la comunidad de Rosarinho, en el municipios de Autazes, a poco más de 100 kilómetros de Manaus, capital del estado. Y lo hacen sin licencia ambiental y a plena luz del día. 

“Lo que estamos viendo ahora es una situación completamente fuera de control. Tenemos 300 balsas colocadas en un punto del río Madeira frente a una comunidad tradicional”, explica a RT Danicley de Aguiar, portavoz de la campaña Amazonía de Greenpeace.

Muchos de los ‘garimpeiros’ proceden de ciudades como Humaitá, en el mismo estado, donde actúan, según denuncia la ONG, desde hace muchos años con “el apoyo de empresarios y políticos” que fomentan esta actividad. 

Con 110,59 toneladas de oro vendidas por 4,9 millones de dólares, Brasil se ubica en el sexto escaño de los países que más comercializó ese metal precioso en 2020. De esa cantidad, al menos 17 % (equivalente a 19,12 toneladas) no tiene ningún justificante, es decir, se extrae ilegalmente. 

Daños ambientales

La llegada masiva de embarcaciones a la comunidad de Rosarinho llamó la atención de los vecinos, quienes a pesar de recibir con emoción la noticia de la existencia de oro, también se mostraron preocupados por los daños ambientales, como la contaminación del río por mercurio. 

El trabajo se realiza mediante dragas, equipos que excavan el fondo del río en busca de este metal precioso. Después, todo el material recolectado se filtra y el agua se devuelve al río, lo que contamina e impacta al medio ambiente y a las comunidades.

Aguiar destaca que el río Madeira, que alberga por lo menos 1.000 especies de peces ya identificadas, es el más rico del mundo en biodiversidad. “No es un río cualquiera. Estamos hablando de un río importantísimo para el equilibrio de la cuenca amazónica (…) Se trata de un gigante que agoniza con las hidroeléctricas y la epidemia del ‘garimpo’ que nunca fue contenida”, señala.

“Las autoridades están tardando mucho en reaccionar. No se acumulan 300 balsas de un día para otro. Esto demuestra la fragilidad de control en esta zona”.

Después de que los diferentes organismos se enzarzasen en una discusión sobre quién debía tomar cartas sobre el asunto y el Ministerio Público diese un plazo de 30 días para que los organismos correspondientes lleven a cabo alguna acción, finalmente, el vicepresidente Hamilton Mourao comunicó este jueves que la Policía Federal y la Marina preparan un operativo en la zona.

“Falta de control”

“Las autoridades están tardando mucho en reaccionar. No se acumulan 300 balsas de un día para otro. Esto demuestra la fragilidad de control en esta zona. No hay justificación para que siga manteniéndose. Además, está cerca de la capital del Amazonas donde se encuentran todas las instituciones y las fuerzas de seguridad”, denuncia Aguiar.

En 2017, una operación, llevada a cabo también en el río Madeira por el Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama) contra los ‘garimpeiros’, terminó con una respuesta violenta por parte de estos que atacaron las instalaciones del organismo.

“A partir de ahí, la fiscalización que ya era frágil pasó a prácticamente no existir y en el Gobierno de Bolsonaro esta situación se incrementó de manera exponencial”, asegura el activista. 

l comienzo de las movilizaciones de los ‘garimpeiros’ este mes de noviembre ocurrió cuando los líderes mundiales participaban en la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático en Glasgow (Escocia), donde Brasil prometió terminar con la deforestación ilegal, atribuida principalmente a actividades ilegales de minería y ganadería, por medio de patrullas de control.

Pero la realidad es que con la pérdida de 13.235 kilómetros cuadrados de selva tropical, la deforestación en la Amazonía brasileña alcanzó este año su punto más crítico desde 2006. 

“El mundo entero está buscando un acuerdo para frenar la crisis climática, pero una vez más Brasil manda una mala señal. En lo que respecta a la protección de la Amazonía, necesitamos más acciones y menos discursos. Es necesario romper con la economía de la destrucción“, concluye. 

Por RT

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