CulturaEntérateEspeciales

Balseros

Hubo una época por ahí de mediados de la década de los 90’s del siglo pasado en la cual se dio una oleada de gente que abandonaba isla de Cuba en las condiciones mas precarias que usted se pueda imaginar. Salía esta de su país y se echaba a la mar en destartalados botes o en improvisados medios como lo eran la recamara de un camión y se lanzaba a atravesar el golfo de México con destino a la Florida arriesgando la vida en las procelosas aguas del Golfo de México. Gobernaba aun a Cuba el Comandante Fidel Castro.

            Hay que imaginar lo que estas personas tenían que sufrir durante ese viaje según ellos a “la libertad”. Tormentas, olas gigantes, tiburones y peripecias mil hasta alcanzar, de preferencia las costas de Miami.

             Entre los cientos de navegantes se encontraban todavía en la isla dos jóvenes que tenían planeado huir por esta vía. Habían construido ya en total secreto una balsa. Esta consistía en la llanta, mejor dicho, la recamara de esta a la que habían ido colocando tablas en el fondo para así poder hacer la odisea tropical con un poco mas de comodidad. Llevaban algunos víveres y agua nada mas. A estos viajeros se les conoció internacionalmente con el apelativo de “balseros” y como antes decíamos sumaban legión.

            Nuestros personajes estaban consientes, tenían bien claro que iba de por medio su vida, ya que algunos de estos desertores del régimen habían perecido ahogados antes de lograr su propósito.

            Una oscura noche, sacaron su balsa de su escondite y se lanzaron a su marítima aventura. Estaban ilusionadísimos ya que ambos eran pescadores y conocían muy bien la ruta hacia su destino y la manera de hacerlo correctamente. En un principio todo iba viento en popa, aquí si que literalmente: buena mar y mejor viento. Sin embargo, al segundo día de navegación, una terrible tormenta se abatió sobre ellos que sorteaban como Dios les dio a entender los embates del viento, rezaban, achicaban y se movían de un lado al otro para que aquella cascara de nuez no zozobrara. Para su fortuna, el mal tiempo no duro mucho y..  vino la calma. Se salvaron milagrosamente, pero cayeron en la cuenta de que durante la faena tan valiente que habían efectuado, perdieron el rumbo. Se encontraban en alta mar sin tener la menor idea de su ubicación. Entonces de la alegría inicial pasaron a la desesperanza. Mar abierto y ellos en medio.

            De pronto, a lo lejos, divisan una playa. Aquello los lleno de alegría. Pasaron de un estado angustia desesperante a la euforia total. Se abrazaron casi lloran de felicidad. Dirigieron la ya casi destruida balsa hacia la costa. Dejando su navío , uno de ellos bajo a tierra y se interno un tanto. La playa era amplísima y de arena muy fina, como talco de bebe. Camino hasta un malecón, de un salto estaba ya en una avenida en algún puerto supuso que gringo. Observo un monumento con el busto de un procer y se acerco al mismo. Los pelos se le pusieron de punto y los ojos se le desorbitaron. Corriendo regreso a la balsa diciendo a su compañero con agitadas palabras : “Vámonos, pero ya, de prisa, ¡esto también es de el¡”. Y es que en el monumento de marras había una placa con la siguiente inscripción: “Bienvenidos a Progreso de Castro”

Leave a Reply

Back to top button
error: Este contenido está protegido. Gracias.