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¡Extra extra! Tongolele en Mérida!

Allá por los años cincuenta del siglo del siglo veinte, durante la llamada época de oro del cine mexicano, estaban muy en boga los cabarets y centros nocturnos especialmente en la capital de la republica y por extensión en el resto del país que presentaban a lo mejor de la farándula en el país.

            En la mayoría de las películas nacionales, en algún momento de las mismas,  como complemento y atracción de taquilla, una especie de intermedio y variedad obviamente para atraer mayor numero de espectadores a las salas cinematográficas los diversos shows de los cantantes, cómicos, rumberas, especialmente estas ultimas ya que se vivía la locura de este ritmo, creación del músico cubano Dámaso Pérez Prado que dio origen a orquestas y las máximas exponentes del mismo: las rumberas -de las que mi amigo Fernando Muñoz es un experto- se tenia como la mayor luminaria a la frondosa mujer llamada Yolanda Montes “ Tongolele”, una gringa que se decía nativa de Tahití  por razón del exotismo de aquel país y los sensuales movimientos de cadera de la artista, que encabezaba el Parnasso tan competido de estas hermosas mujeres que conformaban el reinado de las rumberas, el sueño erótico de los mexicanos de aquellos lejanos tiempos.

            En la ciudad de Mérida Yucatán existía por entonces un muy buen centro Nocturno, digno de las mejores capitales. Sucede que el empresario de dicho lugar de solaz esparcimiento, contrato a la famosísima Tongolele para una actuación en nuestra ciudad.

            Todo iba viento en popa, las entradas vendidas en su totalidad para las actuaciones de la hermosa bailarina, cuyo sello distintivo era un gran mechón de blanco cabello enmarcando su blanquísimo rostro.

Sin embargo, una terrible complicación. Sucede que las autoridades de migración intentaban impedir el show de la gran bailarina por el hecho de ser extranjera y no tener visa de trabajo. El empresario casi se desmaya de la impresión. Pero, ingeniosos -por no decir otra cosa- que somos los yucatecos a alguien se le ocurrió solucionar el problema casándola con un mexicano, y recurrieron a uno de los meseros del lugar donde se presentaría. Lo mas rápido posible llamaron al juez quien se presentó realizando aquella boda por motivos artístico-económico. Al mesero le señalaron las condiciones del matrimonio, es decir de al chen tutús es decir que ese “acto” nunca se consumaría.

Terminado el casorio, y ya con todo en regla, por la noche ante un lleno total Tongolele llevo a cabo su actuación ante la locura y paloxismo del publico asistente que no cesaba de gritar “otra, otra”. Ella saludo y se traslado a su camerino. De pronto, escucho que alguien llamaba fuertemente a su puerta, misma que ella abrió y… sorpresa, ¡el mesero llegaba a exigir sus derechos de esposo! a Yolanda Montes Tongolele. El tipo, herméticamente pedo quería que su mujercita le cumpla, pero esta por el contrario se puso a pegar de gritos, motivo por lo cual llegó rápidamente el personal de seguridad y se llevaron al borrachito al bote.

Este pobre hombre termino sus días entre las brumas de la locura. Se le zafó un tornillo,  le patino el coco y se le fue el avión, pregonando que el era el legitimo y primer esposo de la GRAN TONGOLELE.

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