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Un bosque en el Cereso de Mérida

La magia del teatro sabe tocar el fondo de todos los corazones, su naturaleza eminentemente humana, traspasa todas las barreras y establece una comunicación entre las almas que no tiene comparación alguna con la de otras actividades. El teatro, es un arte efímero e intangible, sólo existe en el momento en el cual se está representando en un escenario, y esta cualidad le da una dosis maravillosa de valor extra por sobre otras formas de expresión artística. Una novela o un poemario, son, además de expresiones de arte, objetos tangibles, presentes y duraderos, están ahí, en un librero al alcance de nuestra mano, en cuanto nuestra voluntad quiera asirlos y aprehenderlos. El teatro no, al teatro lo tenemos que buscar, tenemos que ir a su encuentro, y eso le da una dosis extra de fascinación que, cuando asienta sus raíces en nosotros, nos transforma irremediablemente y para siempre. Y estas cualidades mágicas se dan plenamente al momento en el que, una representación entra al alma de los espectadores y se vuelca en un torbellino de emociones y sensaciones que no tienen comparación en el mundo material.

Este mágico proceso del teatro, se dio en toda su plenitud el pasado jueves 18, al presentarse en el Centro de Reinserción Social de Mérida el grupo teatral “Folies Rataplán” que dirige el Mtro. Fernando Muñoz, con la obra de su autoría “El Bosque”, y en el marco del “Día del Libro”, que SEDECULTA llevó a este centro penitenciario. La iniciativa de esta presentación, fue propuesta al grupo teatral por la escritora, e integrante del elenco de esta obra, Lucila May Peña, y los integrantes del colectivo la acogieron con gran entusiasmo y se mostraron gustosos de acudir voluntariamente a hacer esta presentación, que resultó una experiencia vivificante para el grupo de actores, pues los espectadores, reclusos de este centro de rehabilitación, resultaron un público con calidad de excelencia, con una sensibilidad profunda, y una atención expectante que muy pocas veces se logra transmitir a un multicéfalo. La obra lleva ya un significativo número de presentaciones en ámbitos muy diferentes, pero todos los miembros del grupo están de acuerdo con que, esta fue una representación muy especial y que quedará grabada en sus corazones.

La obra es un melodrama, tiene partes amenas, partes románticas, partes de gran tensión, y algunas trágicas, y la actitud del público del CERESO, fue asumiendo la actitud que cada escena y su ambiente reclamaba del espectador. El bosque, es una metáfora de la vida misma, del mundo tal como es, y como tal, en él hay de todo. Al ir transcurriendo la trama, el espectador se va dando cuenta de que, cada árbol es un ser humano, con una historia detrás, y que ha llegado ahí huyendo de algo que en la sociedad humana le ha ocurrido. Cómo en la vida misma, en el bosque hay de todo, árboles que entablan relaciones de todo tipo, incluida la diversidad sexual. Los hay optimistas, alegres, y también viejos y pesimistas, y todos en conjunto son la sociedad misma. Los árboles del bosque forman una comunidad con todo lo variopinta que ésta puede ser. De pronto, la cotidiana vida del bosque se ve alterada por la llegada de un adolescente que llega huyendo de algo terrible, viene huyendo, agotado, y se duerme bajo uno de los árboles; éstos lo rodean y especulan sobre quién es él. El chico tiene una pesadilla que le permite a los árboles saber que viene huyendo de una selva de concreto, y en su pesadilla viene la presencia de los villanos de la historia: Los leñadores. Poco a poco, el chico y los árboles entablan una relación y se va integrando a ellos. Los leñadores se presentan realmente y el bosque es agredido y casi destruido; el chico trata de defender a los árboles y el leñador lo mata. Los árboles lo recogen y con su sabia le vuelven a la vida, pero el chico se va transformando en un nuevo árbol del bosque. La trama tiene un final feliz con el chico enraizado en él.

El elenco de la obra lo integran, seis árboles que son: Tony Baeza, Gabriel Arroyo, Raúl Uranga, Fernando de Regil, Lucila May y este cronista; una narradora que es Alicia Lizarraga, quien además tiene a su cargo las percusiones y efectos sonoros especiales; la música incidental es de Marco Venicio quien la ejecuta en salterio y arpa tricordia; Él, el adolescente, es encarnado por Teo Flores. La representación tiene coreografía que es obra de la Mtra. Xenia García. El autor y director es Fernando Muñoz. Este grupo teatral se llama Folies Rataplán, y tiene una trayectoria de diez años en los escenarios locales, con exitosas presentaciones como: Encuentros Holliwodenses, La Sangre Siempre es Roja, Las reinas del Trópico, Antinoo, El Pavo Real y El Cantar de los Cantares.

La puesta en escena resultó maravillosa pues los espectadores se metieron en la historia con toda el alma. Los sentimos relajados y alegres en las escenas de amor; pero se pusieron expectantes y tensos en las fuertes escenas dramáticas y realmente angustiados ante la muerte del chico. Fue maravilloso sentir el alivio que corrió por el graderío al volver a la vida el adolescente, arropado por los árboles. El grupo entero nos maravillamos al sentir que, en el CERESO de Mérida, priva un ambiente en el que el encierro está muy lejos de ser el método de rehabilitación, y se deja sentir la positiva labor que, al frente de esta institución, ha desarrollado su director Profr. Francisco Javier Brito Herrera. Un detalle que añadió mérito al público fue que, la presentación se prolongó hasta la hora en la que los internos debían ir al comedor a almorzar, y estaban tan metidos en la obra que, nadie se movió de su lugar hasta el final de la obra. La ovación final al grupo teatral se sintió sincera, plena y totalmente auténtica. Terminada la representación, los espectadores se acercaron, preguntaron, y se mostraron muy satisfechos con la experiencia, y por parte de los actores esto fue compartido plenamente. Verdaderamente, fue una maravillosa experiencia llevar un bosque al CERESO.

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