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El Muerto

El agente García Oficial del Departamento de Averiguaciones Previas del Estado de Yucatán (DAP) se encontraba en una pequeña caseta situada a un lado de a carretea de Valladolid bastante alejado de cualquier ser humano. En pocas palabras, aislado total en medio de la nada.

   Se encontraba ahí por una grave falta administrativa que le trajo aparejado ese castigo: el aislamiento total. Su único medio de entrar en contacto con el resto de la humanidad era el radio de la comandancia. Llevaba en aquel infierno de calor, sol y lluvia, aderezado con noches de una heladez terrible. Todo esto muy a la yucateca, como se comprenderá. Pienso que la soledad no deseada es uno de los tormentos más horripilantes que se pueda uno imaginar. El estar nada más teniendo como compañía a nuestros propios pensamientos y emociones más recónditas, podría ser tan delirante para quien la padece e incluso en algunos casos muy peligrosa.

   Y del castigo al agente García, lo peor es que fue sin fecha determinada, sino se le levantaría el mismo cuando al comandante encargado se le hinchara un huevo. El tipo maldecía su suerte. Ni siquiera un trozo de periódico para distraerse. Agua y alimentos constituían su único medio de distracción para no volverse loco.

    Cierto día, se alejó un tanto de la caseta para hacer sus necesidades, es decir, para “ensuciar”, como decimos en Yucatán. De pronto, en su camino una desagradable y macabra sorpresa. En el suelo, tirado, yacía un campesino maya al parecer desmayado. García le tomo los signos vitales y resulto lo menos esperado. El tipo estaba muerto, y bien muerto. Y lo peor es que ese mismo día le habían anunciado que su castigo terminaba. Cumpliendo con su sagrado deber, corrió al radio y comunico su hallazgo. Había encontrado un cadáver. Para su mala suerte, de la central le comunicaron que se tendría que quedar ahí como parte del protocolo. Esto suponía al menos un día más en aquella terrible soledad.

   García enloqueció y, lleno de una furia salvaje la emprendió a patadas al yerto cadáver del infeliz hombre. “Maldito, hijo de tu puta madre muerto, ya me arruinaste la esperanza que tenia de regresar a mi casa”.

   Pasadas unas horas, llego el SEMEFO, la patrulla y un actuario. El que dirigía la operación le pide a García los lleve al lugar de los hechos y hacia allí se encaminaron en fila india y…una sorpresa aun mayor que el hallazgo: el cadáver había desaparecido misteriosamente.

            El asombro de todos en especial de García fue superlativo. Entre los agentes que habían escogido se encontraba uno que era oriundo de aquel lugar y gran conocedor de las cosas que podían suceder en aquellos lejanos montes. Que abundaba el tigrillo, el jaguar, el puma, y que cualquiera de ellos pudo haberlo arrastrado a su guarida. Amén de las aves de rapiña. El comandante advirtió al agente García que se había metido en un gran lio, ya que los primeros protocolos habían trascendido a la ciudad de Mérida. Entonces se dirigieron a rastrear los montes de los alrededores y no encontraban un alma. De pronto, a lo lejos divisaron una pequeña casa de paja y con un corral con algunas cabezas de ganado. Toda la comitiva se dirigió hacia la choza encontrando al “difunto” en pleno acto erótico con la esposa del dueño de la estancia. Alivio

            Ante esta extraña situación, el medico les explico que, debido a los golpes propinados por el agente, estos surtieron efecto como un RCP (respiración cardiopulmonar).

            Nota: hecho verídico en los años 50´s del siglo XX

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