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Del bolán-konché al automóvil, por una parte, y por la otra, de la calesa al coche-calesa

Nosotros no conocimos el bolán-konché, vehículo de que ya hablamos, pero sí nuestros abuelos y aun nuestro padre, quien era un niño cuando realizó algunos viajes en aquel adefesio acompañado a sus mayores a Espita, de donde procedía la familia Peniche. De tal suerte que nos platicaba de las particularidades de ese “coche” que hemos descrito en “Yucatán Insólito”. claro, eran los primeros años del siglo XX, años en los que también arribaron los primeros automóviles a Yucatán.

Mi tío Efraín Peniche fue uno de los que, siendo un jovencito, ya contaba con uno que andaba presumiendo por las mustias calles de una Mérida de menos de 50,000 habitantes. Fueron aquellos los últimos días de los “bolanes” aunque en los pueblos lejanos todavía quedaban algunos en servicio.

Pero el automóvil devenía la sensación, y las chicas casaderas se enamoraban, tal vez no del chico sino del automóvil, sin importar el escándalo que hacía al echarlo a andar. Y con aquellos “foritos o fotingos” de manivela y todo, los perros callejeros se enfurecían y no paraban de ladrar, y los caballos y mulas que arrastraban las carretas y carretones relinchaban horrorizados, se paraban sobre sus cuatro traseros y amenazaban con desbocarse ante el “Jesús en la boca” de nuestros buenos y pacíficos ciudadanos de entonces.

Con el tiempo, el automóvil mejoró ostensiblemente hasta llegar lo que es ahora…

De la calesa al coche-calesa

Por otra parte, en los tiempos coloniales se hizo popular la calesa, y sobre ella conversaremos próximamente.

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