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Xok bi chuuy, los hilos multicolores se vuelven arte

Las tradiciones de nuestro pueblo se manifiestan de las maneras más variadas y ricas, tantas como la imaginación puede concebir. De las manos de mujeres y hombres de Yucatán, salen piezas de arte de las más variadas características; una de las más ricas es sin duda el hilo contado, también llamado punto de cruz y, en lengua maya, xok bi chuuy. Este arte que se practica en el seno de los hogares, y que se ha ido transmitiendo de generación en generación, constituye actualmente una de las muestras más representativas del arte textil en nuestro estado. Su origen se pierde en la niebla de los tiempos, no sabemos cómo llegó a Yucatán, pero es una realidad que, se practica desde tiempos inmemoriales que son anteriores a la llegada de la cultura europea. Si bien, esta hermosa expresión de arte se vio enriquecida por el mestizaje, su origen se encuentra entre las culturas prehispánicas entre nosotros. Hay que señalar que, este delicado arte también se practicó en otras latitudes desde muy antiguo, y que en esos lugares también produjo grandes expresiones de arte. Ahí están como mudas muestras los tapices flamencos, los gobelinos franceses y otras expresiones igualmente valiosas. Pero las nuestras, rivalizan con aquellas y nos dan un timbre de orgullo, tanto regional como nacional.

El hilo contado, como toda expresión humana, ha ido evolucionando en el tiempo, si bien la técnica básica para su ejecución se conserva totalmente, los diseños que esta técnica produce como expresión final, ha ido variando en el tiempo. Un hipil o un terno del S. XIX, uno de principios del S. XX, otro de mediados del mismo siglo o uno actual, tienen notables diferencias en sus diseños y expresiones; quizá la más significativa es el tamaño de los bordados que adornan con su riqueza el traje regional. Si hacemos una comparación, los bordados antiguos, de las diferentes épocas, eran mucho más sencillos y discretos que los de la actualidad. Incluso, nos atrevemos a decir que, se ha caído en exageraciones, y actualmente se hacen algunos ternos en los que los aros bordados ya no tienen espacio entre unos y otros, lo cual, a nuestro criterio, no le aporta más belleza sino lo contrario, los hace un tanto grotescos, pese a su enorme laboriosidad, la cual no dejamos de reconocer. Perder la discreción, es una pérdida de la belleza al fin y al cabo. Los bordados de ternos e hipiles, son una manera de retratar a la naturaleza con el concurso de los hilos de colores. Las rosas, los xailes, los pensamientos o los claveles, enriquecen con su presencia las prendas de la mujer yucateca, y su presencia en la vida diaria en las comunidades populares nos da una riqueza cultural que no tiene comparación alguna.

Pero el hilo contado o xok bi chuuy, no constriñe su presencia a las prendas de vestir femeninas, su presencia enriquecedora se ha ido extendiendo también a las prendas masculinas. Ya, desde hace un buen tiempo, los hilos coloridos se dejaron venir a las guayaberas y les han puesto una alegría y presencia no vistos antes. Si bien, en un principio, las grecas y otros diseños similares eran la única presencia de este arte en la guayabera, esta presencia se ha revolucionado y ya las flores o los pájaros se han posado en el pecho de los caballeros, sin menoscabo de su masculinidad. Últimamente, se ha desarrollado un auge muy grande de este tipo de bordado pero hecho con máquinas industriales y son muy espectaculares también, pero no es lo mismo un bordado hecho a mano, contando cuidadosamente cada puntada, y ejecutándolo en diagonal, como mandan los cánones de este arte, que una máquina que trabaja automáticamente bajo un diseño producido por una computadora. La delicada labor de las manos de nuestros artesanos, merece el aprecio y el respeto de todos. No debemos permitir que este tipo de productos desplacen, lo hecho por un ser humano, por lo ejecutado por una máquina programada.

El arte del hilo contado es un timbre de orgullo de la mano diestra y hábil de nuestros artesanos, pero no es un arte exclusivamente nuestro, el hilo contado está en presente en una gran cantidad de nuestras culturas ancestrales, y así lo encontramos en Guerrero, en Veracruz, en Oaxaca o en el altiplano, y su riqueza y belleza, si bien es diferente, no por ello tiene un ápice menos de valor y de riqueza. Otro detalle que reviste gran importancia, es que, este arte, en un pasado aún reciente, estaba reservado únicamente a las manos de nuestras mujeres, y esto le daba una dosis de un machismo discriminador. Actualmente, los criterios van cambiando, y hoy por hoy, una importante cantidad de varones se ha ido incorporando a este campo del arte, y lo está haciendo con una riqueza y calidad que no deja nada que desear a lo hecho por las féminas. Entre las poblaciones que actualmente destacan en este arte en nuestro estado, destacan Teabo, Kimbilá y Tekantó, pero en cada rincón de Yucatán y de México todo, los hilos de colores se transforman en arte en las manos laboriosas de nuestros artesanos.

Fotos de Salvador Peña L.

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