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La Escuela Modelo, más de un siglo de historia en la educación de Yucatán

VII vida regular de la escuela. Gran auge del tenis. Incorporación de un personaje entrañable: “Panchoyo”.

Con el establecimiento de la educación secundaria, se vino a consolidar la estructura de la escuela, y así se mantuvo por varios años, hasta 1965, en que se hacen cambios importantes en sus servicios educativos. La vida regular de la escuela, estaba marcada por festividades muy sobresalientes en la sociedad, como lo eran las participaciones en los desfiles, que en ese entonces eran cuatro al año; el primero era el del 16 de septiembre, para conmemorar el inicio de la Independencia Nacional; el segundo, el 24 de octubre Día de las Naciones Unidas; el del 20 de noviembre, por el inicio de la Revolución Social Mexicana; y finalmente, el 5 de mayo, por la Batalla de Puebla. El contingente modelista sobresalía en esos eventos por la gallardía de su contingente, la impecable presencia de sus escoltas; y la marcialidad y sonoridad de su Banda de Guerra. Como era natural en esos tiempos, todo esto dependía de la dirección y bajo la responsabilidad de Don Juan N. Cuevas. De gran importancia tradicional eran los festivales, cómo el del 15 de septiembre, para conmemorar la Independencia Nacional y la fundación de la propia escuela. El del 12 de octubre, para conmemorar el encuentro entre el viejo y el nuevo mundo, evento que congrega en la escuela a la Liga de Acción Social, fundadora de la escuela, y al hermano Colegio Consuelo Zavala. Tradiciones profundas que se conservan plenamente hasta nuestros días, sin fallar en más de cien años de realizarlas.

Conmemoración del 12 de octubre. Presiden Rómulo Rozo, Remigio Aguilar Sosa, José Vales García, Delfina Ancona Cámara y Javier Alayola Duarte. Foto archivo de Mario Sosa.

Con la puesta en servicio en 1926, del nuevo edificio y sus instalaciones, un deporte tomó auge entre los modelistas, el tenis. Tanto Don Pepe Novelo, como Don Juan N. Cuevas, eran grandes practicantes del deporte blanco, como se le conoce al tenis, muy pronto, se hicieron famosas las partidas entre estos dos maestros, y los alumnos, en gran cantidad, se congregaban en las tardes para presenciar estos encuentros deportivos; muy pronto se formaron grupos que apoyaban a Don Juanito o a Don Pepe. El asunto subió de tono al unirse a estas justas el gran deportista Gonzalo Novelo Ramírez, conocido popularmente como “Sansón” Novelo, que fue campeón en todos los deportes en los que participó, y el tenis no fue la excepción. Todavía hasta los años 70’s, Sansón era un destacado jugador de tenis del Círculo Deportivo de Empleados Bancarios, pues como trabajador del Banco de México, era socio distinguido de ese club. Don Juanito aprovechó positivamente el entusiasmo de aquellos jóvenes que concurrían a ver sus partidos contra don Pepe, y empezó a formar nuevos jugadores del deporte blanco, que muy pronto empezaron a participar y a destacar en las competencias que se llevaban a cabo en la ciudad y el estado. El antiguo Country Club de Mérida, era la catedral del tenis local, y los modelistas empezaron a incursionar en las competencias que ahí se llevaban a cabo.

Trofeo estatal de tenis ganado por los modelistas ocho veces entre 1929 y 1939. Foto de Salvador Peña L.

Muy pronto, las enseñanzas de Don Juanito dieron frutos, los modelistas empezaron a conquistar los trofeos de las justas del Country Club, y más adelante empezaron a llevarse las competencias estatales que se efectuaban en Yucatán. Una década brillante para el tenis modelista, fue la comprendida entre 1929 y 1939; en esos diez años, ocho veces la copa fue ganada por los modelistas. Como constancia de estos triunfos, las vitrinas del Salón de Actos albergan uno de los trofeos más bellos que se posee en la amplia colección de trofeos deportivos y académicos ganados por los modelistas. El mencionado trofeo consiste en una copa de plata, sostenida por tres raquetas invertidas sobre una base de mármol rojo del Ródano, y junto a cada raqueta una pelota de tenis. La copa luce orgullosamente los nombres de los modelistas que en ocho ocasiones conquistaron el campeonato estatal de tenis. En 1929, el campeón fue Felipe Cen; en 1930, lo fue René Kubic; en 1931, gana el campeonato Fernando Zapata Espinosa; dos años consecutivos fue campeón Enrique Lago Teigel, 1932 y 1933; en 1935 y 1936, repite la hazaña Miguel A. Rodríguez Cicero, en 1937 refrenda el título su hermano Humberto Rodríguez Cicero; y cierra el ciclo en 1939, Raúl M. Erosa. El auge del tenis marcó toda una época de la Escuela Modelo.

En la historia de la escuela, hay un personaje entrañable que vive en el corazón de todos los modelistas de un muy amplio período de tiempo, Francisco López Macías, mejor conocido como “Panchoyo” o sencillamente “Choyo”. Francisco López llegó a la escuela en los últimos años de la década de los 20’s. Su presencia se hizo habitual diariamente pues venía a la escuela a la hora del recreo, venía en bicicleta y traía dos cubetas con refrescos y hielo. Su presencia en la escuela fue como vendedor a la hora del descanso. En ese tiempo, la escuela tenía un conserje del que únicamente sabemos que se llamada Pablo. Pues un buen día, Pablo le anunció a Don Pepe que había encontrado otro empleo, y se retiró. El buen hombre, además de hacer la limpieza de las instalaciones, también hacía la cobranza de las colegiaturas, para lo cual se le había asignado una bicicleta. Por lo que Don Pepe se acercó a Panchoyo para ofrecerle el empleo de conserje y cobratario, le ofreció un sueldo por ello, la consabida bicicleta, y un lugar donde vivir en las propias instalaciones de la institución. Así, en 1930, Panchoyo se une a la familia modelista y esto sería para el resto de su larga vida. Durante su etapa de sesenta años en la escuela, Panchoyo, poco a poco, día a día, se fue convirtiendo en un personaje indispensable en varios aspectos de la vida modelista.

Francisco López Macías Panchoyo. Foto de Salvador Peña L.

Para aceptar el cargo, Panchoyo puso una condición a Don Pepe, seguiría vendiendo sus refrescos en los recreos de la escuela, y así lo hizo, y su doble función en la escuela, llegó a convertirse en una relación profunda y entrañable con toda la familia modelista, hasta convertirse en un icono del modelismo. Poco a poco, las responsabilidades de Panchoyo en la escuela se fueron multiplicando, en su cintura llegó a colgar una gran argolla con todas las llaves de la escuela; no había rincón de la institución a cuyo acceso no se llegara sino era por medio de una llave que estaba en la cintura de Panchoyo. Con el tiempo, Don Juanito le enseñó un arte que le haría legendario en la escuela: Con bobinas de mecate de henequén y una pequeña tablita de madera, Panchoyo elaboraba todas las redes de las porterías de los campos de futbol de la escuela. Llegó a desarrollar una habilidad magistral para marcar con cal, cómo se hacía en esos tiempos, los campos de futbol; era asombroso verlo caminar con una precisión tal que, sin falla de ninguna especie, los círculos y áreas quedaban marcados con una perfección geométrica inigualable. Además, Panchoyo poseía una bonhomía sin par, sabía mucho de muchas cosas, y supo establecer una relación tal con los alumnos y maestros de la escuela, que podía ser un confidente y consejero sin igual.

A la par, su labor de multiusos se combinaba con su venta en la tiendita de la escuela de aquellos años, tiendita que consistía en una sencilla mesa de madera con un par de neveras del mismo material, que con hielo picado, mantenía siempre helados los refrescos embotellados, así como sus legendarias “aguas de tanque”, sencillas y deliciosas limonadas que se llamaban así por una leyenda urbana que decía que eran elaboradas con agua sacada de la alberca. A la vida de Panchoyo en la escuela se unió su hermana Isabel, popularmente conocida como “La Chi”, que tomó también su lugar en esta historia, aportando sus inigualables tostadas, sencillas tortillas fritas, embarradas de frijol, con salsa de tomate y espolvoreadas de queso blanco sopero. Aquellas legendarias tostadas de la Chi, fueron en nuestra infancia y adolescencia un alimento exquisito y proverbial en la historia del modelismo. El deporte, también formó parte en la historia de Panchoyo. Era un diestro beisbolista, y Don Juanito lo incorporó como cátcher en los equipos modelistas de béisbol, así, Panchoyo alternó con destacados deportistas del rey de los deportes, como Sansón Novelo, Efraín Peniche, Atilio Cámara o Manuel Fernández Montilla.

Equipo de beisbol de la Escuela Modelo en 1947. Con el peto de catcher Francisco López Macías Panchoyo. Foto archivo de Mario Sosa.

Sesenta años duró la estancia de Panchoyo en la Escuela Modelo. Al cumplir cincuenta años de labor, la escuela le organizó una cena homenaje, en el marco de la cual, Panchoyo pronunció un memorable discurso en el que externó varios conceptos muy importantes sobre la historia de la escuela. De este discurso recordamos dos fragmentos esenciales. Al referirse a la memoria de Don Juan N. Cuevas, Panchoyo dijo: “Quiero recordar en este momento, a otro que se achicharró conmigo todos estos años, a Don Juanito Cuevas, gran maestro y gran impulsor del deporte”. Y nos dio una lección profunda cuando dijo: “A la escuela, tengo que agradecer por mis hijos. La escuela me los encarriló, pero yo puse los rieles con mi trabajo”. Panchoyo sólo salió de la escuela con su muerte, ocurrida unos días antes de cumplir noventa años de edad, en los primeros días de enero de 2001. Panchoyo es, sin lugar a dudas, un personaje entrañable de la historia del modelismo de todos los tiempos.

Don Juan N. Cuevas dirigiendo el contingente modelista en desfile del 16 de septiembre. Foto archivo Mario Sosa R.

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