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Cartelera del Circo Teatro Yucateco en 1906 (I)

Compañía de zarzuela de Antonio Sanjenis.

La Tempestad

Debutó el viernes 14 de septiembre / Finalizó el domingo 7 de octubre.

Elenco:

  • Primeras tiples: Aurora y Ernestina Caubin, Luisa Arregui y Emerenciana Vehi.
  • Primer tenor y director de la compañía: Antonio Sanjenis.
  • Barítono: el yucateco Alfredo Tamayo
  • Bajo: Arturo Vázquez
  • Tenor cómico: José Casañas.
  • Bajo cómico: Francisco Medina.
  • Representante de la empresa: Manuel Chirinos.
  • Veintiséis coristas, archivo de la propiedad de autores españoles y decorado de la misma empresa.

Ante una excelente entrada, la Compañía de Zarzuela de Antonio Sanjenis debutó el viernes 14 de septiembre en el escenario del Circo Teatro Yucateco con la zarzuela La Tempestad, música de Ruperto Chapí y libreto de Miguel Ramos Carrión. Según el crítico que firmaba como Radiopolin, el coro causó una mala impresión al público, que ceceó la actuación de los integrantes de aquel grupo “pues aquellos no son coros ni el diablo que lo fundó”.

[…] Afortunadamente, esta impresión se fue transformando en un sentimiento de agrado, cuando las principales partes comenzaron a presentarse. Nuestro conterráneo, el barítono Tamayo, fue saludado con un gran aplauso. Siguió después gustando, sobre todo en la romanza del primer acto: su voz es limpia, afinada, clara y sabe manejarla. Mucho futuro tiene por delante nuestro joven barítono, y si sabe, sobre todo, escoger buenos ambientes, es decir, buenas compañías, sus facultades llegarán a un hermoso y total florecimiento.

El botón de oro de la “troupe” es, innegablemente, el señor Casañas. Parece merecer en un todo, la fama de que vino precedido. Es de los ya raros tenores en el género llamado grande. De timbre agradable y sonoro, su voz se dispensa ampliamente llenando el oído. Parece, sí, un poco cansado, pero esto no es óbice para que salve airosamente hasta los pasajes más difíciles, como ocurrió con “Tempestad”. Tiene, además, una brillante cualidad muy poco común en artistas de zarzuela. Es todo un actor; frasea correcta y claramente, tiene el difícil dominio de las manos y sabe reproducir en su rostro y en sus actitudes, las situaciones que se suponen en su alma. Todo el conjunto de estas buenas facultades le granjeó, desde luego, la simpatía del público que lo estuvo aplaudiendo en toda la función, ruidosamente […] (1)

De las señoritas Caubin se dijo que una de ellas, la que hizo de “Roberto”, había sacado la mejor parte, pues cantaba “cristalinamente y aunque no hace prodigios, satisface por lo menos”; en cambio, de la otra, la que hizo de “Ángela”, tendía a las “medianías”, además de que era “un poco fría”.

[…] El tenor cómico, bastante discreto y fraseando muy bien, cosa muy rara en los tenores cómicos que a fuerza de apurar lo grotesco, concluyen por hablar sempiternamente como máscaras.

Las demás partes, en un medio perfectamente incoloro. Veremos después.

En resumen: La compañía, no obstante algunas deficiencias, tiene elementos de los que hay qué esperar satisfacción, y más que nadie el tenor señor Casañas. Merece, pues, la protección del público, si quiere gozar de un espectáculo bueno y culto y si no quiere que se le diga que prefiere a éste las pornografías bufas o las corridas de toros. Hay que cuidar mucho, mucho de los cuerpos corales si desea que no sean una gran mancha, y llenar ciertas deficiencias de número que se notan en la orquesta […] (2)

La compañía de zarzuela había comenzado sus actuaciones cuando se aproximaba la temporada de nortes y el Circo Teatro Yucateco carecía de carpa, circunstancia que, según La Revista de Mérida, causaba temor en el público y los artistas. Aquella protección era necesaria, pues así los primeros “dejarían de pescar un constipado, y los segundos, porque sus voces se oirán con más sonoridad”. La empresa del recinto atendió el reclamo y comenzó a instalar la mentada carpa. (3)

El sábado 15 de septiembre, con motivo de las fiestas patrias, no hubo función, sino hasta el domingo 16, la que se vio concurrida y en la cual los artistas recibieron muchos aplausos. El lunes 17 de septiembre, en función extraordinaria, se anunciaron La banda de trompetas, el estrenó de la zarzuela en un acto y tres cuadros titulada Bohemias (i.e. Los Bohemios) y El santo de la Isidra, pero la función se suspendió “dizque a consecuencia de que el piso del Circo-Teatro quedó en mal estado por el chubasco que cayó”. (4)

Ya con su “hermosa carpa impermeable”, y en lo que fue la primera función de abono, el martes 18 de septiembre subió a escena en el Circo Teatro Yucateco la zarzuela en tres actos El anillo de hierro, con música de Pedro Miguel Marqués y libreto de Marcos Zapata. El público, que había llenado el lugar, salió satisfecho, con sobrada razón, del desempeño de la compañía, según escribió Mario Cavaradossi (Horacio Villamil Castillo (1888-1935?):

[…] El héroe de la noche fue el tenor señor Casañas (Rodolfo) quien desde el primer acto se hizo aplaudir estrepitosamente; pero principalmente en el concertante final del acto segundo, en el que secundado con “amore” por la Srita. Caubin, el señor Tamayo y la orquesta (reforzada) obtuvo un hermoso triunfo. El público llamó a los artistas varias veces al palco escénico en medio del mayor entusiasmo. Decididamente, el señor Casañas ha dominado con su talento artístico al de las mil cabezas. Recitando, estuvo admirable.

La Margarita encarnada por la señorita Caubin, muy graciosa, muy bella, muy simpática; pero sin que se reflejara en su semblante los grandes sentimientos ora de amor volcánico, ora de profunda melancolía, ya de desesperación o bien de suprema angustia que en diferentes situaciones deben agitarse en el alma de la heroína de Zapata. Por lo demás, la señorita Caubin cantó con firmeza la conocida aria del acto primero: su voz es intensa y bien timbrada; y si procurara “apasionarse”, por decirlo así, de su papel, y se moviera en escena con alguna desenvoltura, cosecharía más, muchísimos más aplausos de los que han llegado a sus oídos […] (5)

Cavaradossi concluyó su crónica con un aplauso a la señora Blanch y al tenor cómico Casas, que encarnaron a “Ledia” y a “Tiburón”, respectivamente, por la gracia con la que desempeñaron sus papeles “sin descender a la bufonada”; por su parte, el señor Soto estuvo bastante bien, lo mismo que el coro de hombres, en tanto que el de las mujeres estuvo regular. A propósito de los coros, aseguró que pronto llegaría el maestro Mario Sánchez para dirigirlos. (6)

En la función extraordinaria del miércoles 19 de septiembre subieron a escena las obras que habían sido anunciadas para el lunes 17 y que no fueron representadas a causa de la lluvia: La banda de trompetas, el estreno de la zarzuela en un acto y tres cuadros titulada Bohemias (i.e. Los Bohemios) y El santo de la Isidra.

Sobre la primera zarzuela, con música de Amadeo Vives y libreto de Guillermo Perrín y Vico y Miguel de Palacios, el crítico deploró que fuera una “desgraciada caricatura” de La Bohemia de Puccini.

[…] Da lástima ver que creaciones sublimes sirvan de juego para bordar toscos sainetes. La música está cargada de ciertas reminiscencias de “La Bohemia”. Agradó en algunos números. Y en cuanto a la representación, el tenor Casañas, dejó una buena impresión.

Completaron el programa “La banda de trompetas” y “El santo de la Isidra”, medianamente hechas. El tenor cómico y la característica son de los que gustan más cada día […] (7) (Continuará)

Referencias

1.- El debut de la compañía de zarzuela. (15 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2.

2.- Íbid.

3.- La primera función de zarzuela. (13 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2; La carpa en el Circo-Teatro. (14 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2; Al fin la carpa. (17 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2; La función de zarzuela. (17 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2.

4.- Función para esta noche. (17 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2.

5.- Teatrerías. (19 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2.

6.- Íbid.7.- La función de anoche. (20 de septiembre de 1906). La Revista de Mérida, p. 2.

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