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Chicoleando

Hace algunos ayeres el máximo cómico de nuestro teatro regional, Héctor Herrera, tuvo como sede para sus funciones teatrales y de variedad un local situado en la calle 64 justo enfrente a donde hoy se encuentra la hemeroteca del Estado, el local se llamaba “Teatro Héctor Herrera”. Años antes a que”Cholo” lo convirtiese en templo de Talhia, fue la cárcel publica de Mérida. Dicho lo anterior pasare a relatar la siguiente verídica aventura.

   El teatro de que hablamos llevaba presentado cierta obra que tuvo mucho éxito. Lleno en casi todas las funciones y durante la larga temporada que duro en cartelera. El gran actor yucateco acostumbraba celebrar después de terminadas las “tandas” una pequeña reunión con varios actores, acrices, músicos, tramoyistas y amigos en general en el interior de su camerino, animadas reuniones en que se abordaban los mas diversos temas. En ocasiones se comentaba tal o cual pasaje actoral, la actuación de alguna vedette o cantante, se repasaba, corregían diálogos, etc, todo esto acompañado de una o varias botellas de licor según fuera el caso-

    Aquella noche la función había sido un éxito, todos estuvieron excelentes, aquellas ocasiones en que la conjunción planetaria hace que hasta lo mas feo nos parezca hermoso. Estuvieron bien los actores, magos, malabaristas, cantantes, tramoyistas, la orquesta edtc, en fin , toda la “troupe”- “cholo” estaba de muy buen talante. Se compraron las consabidas aguas para acompañar una  suculenta botella de Bacardí. Se encontraban en aquel ni tan petit comité varias de las mas afamadas gargantas profunda en el arte de adoración a Dionisisios. Todo estaba lista para comenzar la chupadera pero, faltaba algo esencial: el hielo. Por aquel entonces no era tan fácil conseguirlo, ni eso ni nada a altas horas de la noche, aun no se conocían los establecimientos que funcionan las 24 hora. Era obviamente potra Mérida. Pero, para fortuna del grupo, en la esquina había una gasolinera que si era de toda la noche y vendía hielo. No falto un espontaneo, un propio que ni presto ni perezoso se ofreció para ir a comprar el famoso hielo.

   El tipo salió, se calculaban unos20 minutos mas o menos para que aquel regresase trayendo su mercancía preciada encomendada por los artistas. A los cinco minutos se presento con una marqueta de hielo atada a un sozquil. Como mandan los cánones, algún otro experto pico el hielo con un punzón tomándolo casi de la punta, lo que demostraba su amplia experiencia en el ramo. Sirvieronse los vasos del extracto de caña y comenzó el bebedero. Hacia un calor insoportable por lo que el agua en estado solido, o sease, hielo, se derritió rápidamente en el m omento en que la cosa se ponía “chévere”. Nueva orden del mimo yucateco al mismo propio para que fuese por mas. Este lo hizo. Se contaron chistes, los últimos chismes, una bailarina ocupo una mesa e interpreto voluptuosa danza ante los aplausos, aullidos y silbidos conminándola a quitarse mas ropa. Estaba ya nada mas con brassier y pantaleta cuando…de nueva cuenta se aghota el hielo. Ahora, para ya no pararle a la diversión, se le dijo al “chalan” trajera bastante cantidad del mismo. En dos minutos retorno con enorme marquetota. Escucho hasta ovación por su celeridad y por la certeza de que ya no habría interrupciones por falta de hielo. La fiesta en su apogeo. En un momento dado, un cantante sintió algo raro en su trago, Se trataba del hielo. Este tenia un agudo sabor a sal. Hizo un mohín, se encogió de hombros y siguió libando. A los pocos minutos, el mismo “cholo” noto aquello, lo salado del hielo. Dejo su vaso a medio llenar en una mesita y se puso a cavilar. “Oye”-dijo al mandandero- ¿en donde compraste este hielo?”- “Aquí en la esquina”-respondió.- “Pero ¿en la gasolinera?”.- “No hombre don Hector, aquí en la esquina pero enfrente, ahí en donde velan a los muertos, en la gasolinera venden unos pedacitos así de chicos, en cambio allá, son marquetas grandotas, es con las que acomodan a los difuntos para que duren mas(los muertos)”-

   Todos sintieron ganas de cantar la guacara, osea vomitar. Este cabrón les había estado llevando hielo con el que conservaban en esa época a los cadáveres en las dos funerarias de la esquina del teatro,”Funeraria Poveda”y “Perez Rodriguez”. Habían estado tomando con hielo mortal¡¡¡

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