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Casi el infierno I

La zona Rosa en la ciudad de México ha mediado de los años 70´s del siglo XX era un lugar especial. Se despertaban de un largo letargo en el que por medio principalmente del cine nos trataban de vender un país pretendidamente rural cuando la realidad era por completamente opuesta. La ínsula que los gobiernos habían falseado del país, y en especial de la capital ya era imposible de sostener pese a los patrioteros y chauvinistas discursos oficiales.

La avanzada modernizadora e incorporadora se fue concentrando en aquel lugar de la capital. Las viejas casonas porfirianas de la colonia Juárez fueron convirtiéndose rápidamente en cafés, restaurantes, tiendas de ropa (los hombres vestían multicolormente y ellas con las faldas cada vez más cortas y ellos con el cabello cada vez mas largo). Comercios con venta de artículos y parafernalia de la época (se pasaba de la era de Piscis a la de Acuario). Se vendía: pipas de agua, papel de arroz, cachimbas, posters, incienso, discos, collares, flores y cascabeles. Infalible (el I chin) o libro de los muertos, etc.

Aquel día nos encontrábamos un grupo de amigos y amigas en el café “Toulusse Lautrec” mirando desfilar a toda la gama de las nuevas celebridades que pasaban por ahí. Estaban por ejemplo ya la Loaesa, Talina Fernández, Macaria, Verónica Castro, todas ellas jovencísimas. Eran bailarinas y chicas a go-go. O un Monsiváis sin canas, un José Agustín veinteañero, José Luis Cuevas, siempre insolente y provocador, y de vez en vez, alguna vaca sagrada como Carlos Fuentes,Luis Spota (el autor de “Casi el paraíso”). En aquel cosmopolita y afrancesado ambiente, departiendo con toda tranquilidad, de pronto todo se volvió confusión, caos. Un grupo de empistolados, vestidos todos de la misma manera, irrumpieron tirando mesas y vasos amenazando a medio mundo. A plena luz del día las mesitas fueron a dar a media calle. Tres de ellos hicieron literalmente a un lado a mis compañeros y se dirigieron directamente a su servidor. Con lujo de violencia me levantaron en vilo y me llevaron agarrado del cuello y de la parte trasera del cinturón a un vehículo, un dart (jamás se me olvidará este coche) estacionado a un lado de la terminal del metro insurgentes y tirándome al piso entre golpes y patadas, comenzó lo que según ellos era un interrogatorio, el que parecía el jefe me lanzo las más inverosímiles acusaciones de ser un activista político comunista, todo esto entre las patadas en la espalda del “valiente” que venía en la parte trasera produciéndome una lesión que hasta hoy padezco.

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