Bienestar Espiritual

Microhomilía

Hoy escuchamos uno de los Evangelios más conocidos: “El joven rico”. Quizás pensemos: -Bonito, pero yo no soy rico y no me dice nada. Pero no es así, ya nos lo anuncia la segunda lectura, La Palabra tiene siempre algo que decirnos.

Cada una y cada uno de nosotros suele tener una “riqueza” en la que tiene puesto el corazón y esa riqueza nos impide vivir libres. Un proyecto, una persona, la propia imagen, el deseo de ser aceptado, reconocido u amado, incluso el poder, se vuelve la “riqueza” que buscamos o que aseguramos aferradamente, pues en ella ponemos nuestra vida y seguridad, creemos que ahí está nuestra realización. No se trata que la cosa sea mala, sino que el problema reside en la relación con tenemos con la cosa, dependemos de ella y ahí hemos puesto la confianza, la realización y el corazón. Eso se nuestra nuestra “riqueza”, vivimos atados a ella, ahí está atorado el corazón.


¿Cuál es tu riqueza? ¿Qué posees como seguridad y atrapa tu corazón? ¿Quieres ser libre? ¿Qué habrías de soltar?


Siente como Jesús te mira con amor y te invita a soltarlo todo para que lo tengas todo.

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