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Gobierno de Cancún boicotea con verbena asamblea de víctimas del 9N

Con una verbena que incluyó danzas, zumba, una pasarela y la vendimia de productos diversos en Plaza de la Reforma, el gobierno municipal presidido por la alcaldesa, “Mara” Lezama, boicoteó la tarde de ayer la Asamblea de la Impunidad organizada por el Comité de Víctimas del 9N, como se conoce al ataque armado de policías en contra de manifestantes, la noche del nueve de noviembre de 2020.

El comité -integrado por mujeres y hombres que fueron heridas de bala, golpeados, torturados y abusadas sexualmente por elementos de la Secretaría de Seguridad Pública del municipio, bajo el esquema de Mando Único- se reúne en esa explanada todos los días 9, desde hace 11 meses.

La presidenta y su gabinete lo saben, porque buena parte de los reproches mensuales, en esa fecha, se dirigen a ella y hacia el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, por la impunidad que rodea el caso, con 11 ex policías vinculados a proceso, pero amparados y en libertad, de los 80 que esa noche se desplegaron en contra de una multitud conformada por infantes, adolescentes, mujeres, hombres y personas adultas mayores, que corrieron despavoridas al escuchar las detonaciones de armas de fuego.

Pese a saber que las actividades para conmemorar la fecha, se realizan anoche, el gobierno municipal que se dice cercano a la gente, programó las “Tardes de Plaza de la Reforma”, un “espectáculo lleno de música” organizado por el Colectivo Multicultural Cancún, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), el Instituto del Deporte y el Instituto de la Cultura y las Artes, “para apoyar a emprendedores y artesanos”.

La consecuencia obvia fue que la asamblea de víctimas de un abuso de autoridad que pudo ser mortal, pero afectó la vida de muchas personas, y el fandango comercial, pletórico de personas que bailaban, reían, cantaban, compraban y vendían sus productos, se cruzaron, pero el reclamo por justicia quedó rebasado por el evento convocado por el gobierno municipal, que no guardó respeto alguno y, por el contrario, subió el sonido de la música durante la relatoría de las y los agraviados.

“Esto no es normal. Justo con toda esta situación que están viviendo las y los defensores de derechos humanos, me pregunto: ¿Qué carajo de ciudad y de ciudadanía tenemos?”, cuestionó Edwing Reyes, fundador de Resilientxs, organización dedicada a la defensa de los derechos humanos de la comunidad LGBTTTI+.

“¿Por qué carajos el gobierno hace este tipo de acciones y hace que las personas, aquí, se sientan solas? Esto no está bien. Esto no es normal”, subrayó, al tomar el micrófono en un intento por hacerse escuchar, entre la estridencia de la verbena.

Edwing admitió que él no vivió aquel ataque, pero gente cercana, que salió a las calles a protestar por el asesinato de la joven Bianca Alejandrina, sí.

“Ponganse a pensar… mataron a una persona y aquí hay gente que está bailando, hay gente que está riéndose, gente que está vendiendo paletas de helado y mataron a una persona, asesinaron a alguien. ¿No se ponen a pensar? ¡Alguien murió! Mataron a personas y ¿ustedes están bailando?”, expresó, mientras los organizadores del evento elevaron todavía más el sonido.

“¡Qué indiferencia! ¿Dónde queda el dolor de las personas? No se ponen a pensar en sus hijos y en sus hijas, en sus abuelos, en sus abuelas; en sus tíos y tías. Aquí las personas que están celebrando, que están jugando…¿qué pasaría si son ustedes?”, planteó, entre juegos, concursos, música, risotadas y gente dando la espalda al colectivo, sentado al centro de la explanada.

Wendy y María, una de las chicas que recibió dos impactos de bala y otra, que fue víctima de abuso sexual por parte de policías municipales, también reprocharon el actuar del ayuntamiento y la indiferencia de la gente, pero aseguraron que seguramente si alguna de esas personas se volvía víctima de algún agravio, ellas estarían ahí para protestar y cobijarles.

“No tiene nada de malo que los niños y niñas se diviertan con sus padres, es derecho al ocio, pero que aquí las personas que están hablando son víctimas… esto no es normal; mientras bailan 10 mujeres son asesinadas.

“Tenemos que seguir alzando la voz y esto no se va a acabar porque es lo que nos están demostrando los gobiernos y nosotros vamos a seguir alzando la voz. Esta es una lucha por la vida”, sostuvo Edwing.

A Julián Ramírez, quien aquella noche fue golpeado, esta vez lo venció la impotencia. Con la voz entrecortada rememoró lo ocurrido luego del ataque armado, o sea, las amenazas anónimas, el hostigamiento de patrullas rodeando sus domicilios, las audiencias fallidas, las innumerables reuniones, las promesas incumplidas, la reparación del daño que no satisfizo, las presiones para retirar cargos y amparos; el sabotaje a las acciones mensuales y la indiferencia.

“Y ahora nos ponen un circo bailable”, dijo, al hablar de la soledad que les ha sobrecogido en este intento por defender sus derechos y reclamar justicia.

Entre antorchas encendidas como símbolo del fuego que los mantiene con la esperanza encendida y la lucha viva, anunció que se elaboró un pliego petitorio que será entregado el próximo 9 de noviembre.

También dio a conocer que el ocho de noviembre habrá una marcha en honor a Bianca Alejandrina, la chica asesinada por la cual salieron a marchar aquel 9 de noviembre. Entre las actividades, está programada la presentación de algunos artistas nacionales y locales, comentó, mientras la verbena alrededor seguía su curso.

“No dejemos que la indiferencia se nos cuela y nos dé frío; que nos apoyemos de esta antorcha, de esta luz de la esperanza; de la fuerza que veo en cada una de las personas que integran el comité y que mes tras mes encuentran formas increíbles de hacernos confiar otra vez y de sentir acompañadas.

“Ese día no solo los agredieron a ellos, nos agredieron a todos. Algunos quizá pudimos correr antes, pero de ninguna manera salimos ilesos. Cada día que paso por aquí me acuerdo de ese día (…)”, manifestó la activista, Silvia Chuc, al recordar cómo el entonces titular de la Secretaría de Seguridad, Eduardo Santamaría, se encontraba atestiguandolo todo, cruzado de brazos, en el mismo sitio en donde artistas bailaban anoche.

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