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Dos obras emblemáticas del sinfonismo engalanan el segundo concierto de la XXXVI temporada de la OSY

El pasado domingo 26, no fue una excepción en la XXXVI temporada de la OSY, pues el Teatro Peón Conteras estuvo ocupado en todos sus niveles, y este público fiel y asiduo salió muy complacido del resultado de este magnífico concierto, en el que nuestra orquesta nos obsequió con un par de excelentes interpretaciones de dos de las obras más gustadas del repertorio de sinfonías que existen en el mundo de la música. Ambas obras, son muy emblemáticas de este género, y muy del gusto del público de todas las latitudes. La Sinfonía No. 8 de Franz Peter Schubert, popularmente conocida como “La Inconclusa”, es una obra genial, sensible, totalmente pletórica del espíritu pleno del romanticismo. No se sabe a ciencia cierta por qué, su autor abandona su composición en el segundo movimiento, y opta por seguir trabajando en otras obras de este mismo género, y compone las sinfonías Nos. 9 y 10, estas dos, totalmente acabadas, y la octava, se queda en esos dos primeros movimientos, pero que son tan geniales, que esta obra es la que trasciende como la creación más genial del autor. La Inconclusa, es un caso en el arte como los de la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia, a quienes nadie se le ocurriría siguiera pensar en especular cómo lucirían intactas, y mucho menos tratar de completarlas. Aunque no ha faltado por ahí, la poco afortunada idea de convocar a un concurso de compositores para hacer los movimientos para completar esta joya inconclusa.

Por su parte, la Sinfonía No. 7 de Ludwig van Beethoven, es una obra de plena madurez del compositor, no es la más popular, en este plano rivalizan la quinta y la novena, pero definitivamente si es la más emotiva, cualidad que se desborda en el segundo movimiento, Allegretto, que es un raudal desbocado de sentimientos profundos que tocan las fibras más sensibles del alma. La línea creativa de Beethoven en el género de la sinfonía, está muy bien marcada y definida; las dos primeras, son los pasos de aproximación, la primera navega en las plácidas aguas de Haydn, la segunda, se remonta por los dulces prados de Mozart, y en la tercera, Beethoven se lanza arrollador, con personalidad y camino propios que llegarán a su culminación y más allá, en la novena, una de las más grandes maravillas de la música de todos los tiempos. Pero la séptima, es una joya también del romanticismo en pleno, y es un amplio abanico de emociones desbordadas, de principio a fin, y así lo percibió el público, por lo que dio una larguísima ovación que hizo salir varias veces al director, Juan Carlos Lomónaco, he hizo poner de pie a los solistas de la orquesta. Aquí, es indispensable destacar ocho nombres, cuya labor en la interpretación de esta obra, fue toral. Christopher Collins, nuestro violín concertino; Veselin Dechev, chelista principal; Sacha Ovcharov, excelente oboísta; Paulo Dorio, maestro del clarinete; Joaquín Melo, virtuoso flautista; Miguel Galván, fagot principal; David Fanchin, corno principal; y Tanya Estrada, gran ejecutante de los timbales.

La Sinfonía No. 8, “Inconclusa”, está compuesta de dos movimientos, Allegro Moderato y Andante con moto. Su interpretación hizo volar nuestra imaginación al recuerdo de los titánicos esfuerzos de Carlos Tello Solís por restituir una sinfónica, después de un largo ayuno, de 1946 a 1975, y nos hizo rememorar un escollo nunca superado, no contar en ese entonces con un intérprete del oboe de una calidad aceptable. Tradicionalmente, esta obra es usada como tarjeta de presentación de toda sinfónica que inicia sus labores, y así fue en 1975. El primer movimiento lo inician las cuerdas como un suave rumor y entra la voz dulce del oboe, acentuada por los cornos, la música va subiendo y una fuerte nota nos lleva a retomar el inicio, el tutti entra con fuerza y se retoma el tema inicial, varias veces se juega con esta cadencia y los chelos abordan grave y soberbio tema para volver de nuevo al tema inicial, los metales brillantes y con fuerza anuncian un sonoro pasaje del tutti en stacatto, para volver al tema inicial que nos lleva al suave final del movimiento. El segundo movimiento, tiene un suave inicio de los cornos, entran las cuerdas y los chelos juegan con partes en pizzicato, entra el tutti con fuerza y hay un pasaje en stacatto, canta la flauta y responden los chelos en pizzicato, ahora canta el clarinete y se une el oboe y después la flauta, entra el tutti con fuerza destacando las brillantes notas del trombón bajo; las cuerdas abordan dulce pasaje y viene nuevo diálogo entre las maderas, pasaje breve del tutti en el que se desborda la emotividad, el clarinete canta solo y entra el tutti con suave tema que va subiendo y nos lleva al sentido final de la obra. Gran ovación premia la interpretación de la orquesta.

Reanuda el concierto después del breve intermedio. La Sinfonía No. 7 de Beethoven está compuesta por cuatro movimientos: Poco sostenuto. Vivace, Allegretto, Scherzo: Presto y Finale. Allegro con brío. El primer movimiento inicia con fuerte nota que da entrada al oboe y en seguida entra el corno con suave nota al que siguen las cuerdas con delicadeza, la música va subiendo con fuerza en un pasaje en stacatto lleno de alegría, se van sucediendo diálogos entre flauta y cuerdas, oboe y cuerdas, un redoble de timbales nos marca un cambio a nuevo pasaje soberbio de los chelos en pizzicato y entra el tutti con suavidad y va subiendo, nuevo diálogo entre flauta y violines con marcado ritmo que va subiendo con fuerza y se desborda con gran alegría, el tutti va entrando por secciones para todos juntos estallar con fuerza que nos lleva al brillante final del movimiento. El segundo movimiento, es totalmente emotivo, delicado, pausado, lleno de fuertes sentimientos que llegan al fondo del alma, cantan chelos y los acompañan violas y violines segundos un tema muy sentido, entran en seguida los violines primeros con el mismo tema y la emotividad crece a raudales, entra el tutti con profundo sentimiento, los chelos cantan en pizzicato y se van alternado las voces de distintos instrumentos para abordar sentido pasaje que nos lleva a un final emotivo muy profundo.

El tercer movimiento, lo inicia el tutti con fuerza y alegría, canta la flauta y responde el tutti con alegría y fuerza, se aborda pasaje soberbio y marcado que toma un ritmo de gran alegría, un redoble de timbales marca la entrada a un pasaje alegre y tierno a la vez, canta el oboe con el tutti y la música sube con fuerza, se retoma el pasaje rítmico y de nuevo se desborda en dulzura y se vuelve al tema inicial para llevarnos al alegre final del movimiento. El cuarto movimiento, arranca el tutti con gran fuerza y alegría, con ritmo muy marcado, se aborda un fuerte stacatto lleno de alegría muy melodiosa, la flauta canta y el tutti responde, el redoble de los timbales anuncian una gran subida con fuerza desbordada, con u marcado ritmo que señalan los timbales sonoros, es un pasaje melódico que va creciendo con fuerza y baja de golpe para un pasaje dulce y de inmediato se retoma la fuerza que va subiendo y se desborda para tremendo final sonoro. La ovación estalla sonora, larga, acompañada de gritos de bravo; el director tiene que salir varias veces, va poniendo de pie a los solistas que también reciben cálida ovación, después de larga salva de aplausos, se pone fin al concierto.

Salimos del Peón Conteras, con la emoción del segundo movimiento de la séptima resbalando aún por la cara.

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