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Mario Bolio, columna de hierro de la trova yucateca

“Hay quienes luchan un día y son buenos,
Hay quienes luchan muchos días, y son mejores,
Pero hay quienes luchan toda la vida,
Esos son los indispensables”
Bertol Brecht.

Mario Bolio García.

Quisiera preguntarle a la distancia si Mario Bolio ha elevado el vuelo como una alondra azul, si sus mañanas estarán iluminadas por un rayito de sol que se filtra por la enredadera, si en el fondo del alma vivirá para siempre, si llevó sobre su pecho un crucifijo de marfil, y si su tumba huele a primavera. Pero de lo que si tengo la seguridad, es que Mario se fue de entre nosotros con un rayo de sol quebrándose en su ventana. Mario tuvo la fortuna de que, su rica vida estuviera siempre acompañada de la música, en especial de la música tradicional yucateca, la cual le arrulló desde la infancia y le acompañó toda la vida, hasta el final de su camino. La trova yucateca, fue su amor más profundo, y éste, fue muy bien correspondido por él, pues a ella le dedicó la obra más trascendente de su fértil vida. Mario tenía una personalidad fuerte, de esas cuya presencia se dejó sentir en las cosas que emprendió, y supo dejar su marca personal e inconfundible. Caballero de gallarda presencia, voz clara con dicción impecable, se hizo insustituible en varias actividades en las cuales ha dejado un vacío muy difícil de llenar. Las noches en el Museo de la Trova Yucateca, han quedado huérfanas del conductor gallardo y la palabra fácil. Y los homenajes en el Mausoleo de los Compositores, no serán lo mismo sin su conducción.

Mario Bolio García, nació arrullado por el cantar de las olas del mar; progreseño de cuna, tomó de éstas ritmo y armonía para marchar por la vida. Guitarra y piano fueron las voces que cantaron y arrullaron sus sueños de infancia, y que marcaron su destino para siempre. Alonso Bolio Mendiburu, su padre, puso la voz de la guitarra en su camino; y Socorrito García Morales, su madre, aportó la melodiosa voz del piano; cuna completa y llena de melodía, ritmo y armonía. La música llenó su camino de tal manera, que sin ella, seguramente Mario no hubiera seguido el camino que siguió. Conocí a sus padres, en las inolvidables veladas de la Sociedad Artística “María Navarro Sanabria” de la ciudad y puerto de Progreso. Agrupación fundada por la inolvidable dama Hortensia Solís de Rocher, que llevó a cabo brillantes veladas literario-musicales en el desaparecido “Casino de Progreso”. En esas noches con brisas marinas, Alonso dirigía un gran conjunto de guitarras, que interpretaba grandes obras de la trova yucateca y de la canción romántica mexicana. Por su parte, Socorrito, acompañaba maravillosamente a todos los cantantes que tomaban parte en las veladas; fue una pianista acompañante del nivel de Conrado Peniche Sierra o Lupita Peraza de Núñez. Mario y yo, éramos entonces, él un joven, y yo apenas un adolescente, pero ya colaboramos en las actividades de esta sociedad y la “Gustavo Río”.

Mario dejó una importante obra como compositor, muestra de ello son, sus boleros: Si Tienes un Pensamiento, Unos Ojos y Te Llevo en Mí. Incursionó también en el bambuco, y escribe: Con tu Reflejo. Fue un gran promotor de la trova yucateca, a nivel local y nacional, pues colaboró con el Mtro. Miguel Civeira Taboada en la organización de eventos de trova yucateca en la Ciudad de México. Su bambuco, Con tu Reflejo, le lleva a conquistar el tercer lugar del Festival Internacional del Bambuco, en 1988. La radio, fue también su trinchera de lucha para promover la trova, en la estación Radio Ecológica, produjo y condujo el programa “¿Recuerdas?”, que fue un bastión en defensa de nuestra trova tradicional. La obra más trascendente de su vida, fue su amplia investigación y recopilación de la historia de la canción yucateca titulada “La Canción Yucateca, su historia y sus creadores”, que primero tuvo el formato de fono libro y, apenas el año pasado fue editada en forma impresa. El 26 de noviembre de 2017, la Sociedad Artística “Ricardo Palmerín” le confirió la Medalla “Ricardo Palmerín” por su obra de rescate y promoción de la canción yucateca tradicional, junto con el también llorado Dr. Andrés Garrido del Toral, cronista del Estado de Querétaro.

Mario era de un temple de acero, y marchó así hasta el final del camino. Su final tuvo la congruencia de su vida toda, congruente consigo mismo, se fue como quien era, un hombre vertical, de una sola pieza. Su luz se apagó seguramente con música de guitarras que al ser rasgadas dijeron: “Qué entierren mi cuerpo / junto a la ventana / Que mi novia tiene mirando hacia afuera / Quiero que mi tumba / Que mi tumba huela / ¡Ay, huela a primavera!”

¡Hasta siempre querido Mario!

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