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Acapulco

En la ya lejana juventud cada año un grupo de amigos de la escuela y amigos de barrio de Santana santaneros, hacíamos un viaje al puerto de Acapulco. Dicho viaje tenía como distintivo hacerlo en aventones y con muy poco dinero.  Aunque todos éramos de clase media alta, es decir sin necesidades económicas, era una especie de parejura el hacerlo de esta manera. Después de la larga y penosa travesía, poco a poco nos Íbamos reuniendo en aquel Acapulco de los años sesentas alrededor de veinte paisanos. Obviamente era otro México, ya que éramos unos adolescentes muy vulnerables y, sin embargo, llegábamos primero a la capital y finalmente nos reuníamos en el paradisiaco puerto todos.

Por aquel entonces, un viaje al altiplano aun en automóvil o en autobús duraban casi dos días, ya que había que atravesar en unos lanchones llamados pangas muchos ríos y aun mas abierto. Me pongo a pensar que un viaje así en estos días, seria imposible. Imaginarse un jovencito vulnerable imberbe casi niño hoy día seria victima segura de un secuestro o peor aun de una muerte segura.

El viaje comenzaba al salir de la carretera a Campeche ya fuera en coche o en otro transporte, íbamos avanzando según los conductores, solos, por parejas o varios de ciudad en ciudad.  Los traileros eran la más buena onda, ya que casi nunca se negaban a avanzar muchos kilómetros a uno o un par de chamacos, pero ponían como condición el que no se durmiera uno. Si alguno de los chicos se dormía en la siguiente población eran bajados del tráiler.

Y así pasando peripecias íbamos llegando a Acapulco. Aquella ocasión llegue con un amigo a un hotel del centro muy cerca de la catedral fuimos los primeros en arribar en todo el grupo, los demás llegaban días después.

Teníamos una rutina diaria. Por la mañana un jugo de naranja en un puesto enfrente de la costera. De ahí tomábamos el camión hasta la playa Tecaleta. Aun recuerdo el deslumbramiento de mirar por primera vez hermosas mujeres en bikini, ya que en Yucatán era imposible que alguna usara esa prenda, ya que acá solo se usaba traje de baño de una sola pieza y en la playa su salida de baño. También nos causo sorpresa el que ninguna de esas bellezas nos cortara al iniciar una plática. Mis fosas nasales aun sienten el olor a bronceador que usaban, ya que en Progreso ninguna lo usaba. Como digo no había cortones, pero siendo sinceros, nadie se ligó a ninguna. De ahí siempre en camión nos dirigíamos a la playa de la condesa, en el otro extremo de la isla, en donde funcionaba el mítico restaurant bar PARADISE, disfrutábamos de unas enormes olas en las que casi se podía surfear. Regresábamos al hotel y por la noche acudía toda la yucatecada al internacionalmente famoso TEQUILA A GO GO. Al que asistían la nobleza artística sin nosotros darnos cuenta, éramos demasiados jóvenes e ingenuos.

Un día llegamos mi compañero y yo a Caleta, y miramos caminando en la playa a un grupito de amigos que acababan de llegar. Ellos caminaban todos destanteados. Nos escondimos detrás de unos árboles, ellos no nos habían visto y grite con todas mis fuerzas PELANA. El grupito se miró desconcertados viendo de donde venia tal grito y en tal lugar. Recuerdo que se encontraban entre ellos el chueco Canto y chacato Avilés. Después de esa primera sorpresa continuaron caminando y yo repetí nuevamente aun mas fuerte la misma palabra maya, es decir PELANÁ. Pero lo que me mato de risa fue el escuchar que uno de ellos mientras todos estaban en suspenso dijo uno MAAAAAAARE YA NOS DESCUBREIRON. Mentiría si dijere que no caí en el suelo a reírme como un loco.

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