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La fijación de Jolopo por Ixchel

Y esto no es cuento: el reciente fallecido expresidente José López Portillo mantenía una fijación por la efigie de la diosa Ixchel, deidad a la que consideraba de buena suerte. Años atrás el maestro escultor don Enrique Gottdiener le había obsequiado a López Portillo una estatua de bronce de Ixchel con hinchado vientre de mujer próxima a da a luz. Observábase muy claramente el ombligo (el tuch) de la diosa de la fecundidad. Dícese y con razón que el expresidente de México le sobaba el “tuch” todas las mañanas antes de salir a despachar los asuntos de interés nacional (la estatua estaba en los pinos), con objeto de que todo saliera bien ese día. Lo mimos hacia su hermana Margarita, funcionaria de gobierno, quien también creía en las bondades de Ixchel (y de estas sobaditas fueron testigos el Mtro. Luis Pérez Sabido y Justo Castillo, actual trabajador del teatro Peón Contreras).

Pero Ixchel también era una Diosa cruel…

Pero López Portillo y Margarita sólo veían el lado bueno de la deidad, pues en realidad, Ixchel era de hecho enemiga del hombre, de acuerdo con las explicaciones de Morley. Los mayas la representaban con figura de una vieja airada en el acto de destruir el mundo por medio del diluvio, en otra representación aparece como la personificación del agua como elemento de destrucción, de las inundaciones y los torrentes de la lluvia. Por lo general, se le representaba “rodeada por símbolos de muerte y destrucción, con una serpiente retorciéndose sobre su cabeza y huesos cruzados bordados en su falda”.

Sin embargo, repetimos, el expresidente y su hermana sólo la respetaban como la consorte de Itzamná, señor del cielo y como patrona de la preñez e inventora del arte de tejer. También se cree que representaba a la luna en la antigua cosmogonía maya.

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