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La edad es solo un número

Muchos de los juegos que practicaba de niño consistían en actuar el papel de los adultos. De adolescente ponía a prueba estos papeles con mas seriedad. Durante la vida estudiantil me era posible experimentar diversos papeles e identidades, sin necesidad de comprometerme mucho. Sin embargo, entre los 16 y 24 años las presiones sobre los jóvenes y aquí me incluyo, aumentan a fin de que decidan que componentes de su identidad íbamos a considerar seriamente y cuales a suprimir. Dichas presiones se deben, en parte, a la necesidad de tomar ciertos números de decisiones importantes relativas a la educación, la ocupación, el conyugue y un estilo de vida en general. De adolescente también poseería facultades cada vez mayores de pensamiento abstracto. Me interese particularmente por la congruencia del comportamiento: Por ejemplo, en ser decididamente honesto, radical o cualquier otra cosa. Este esfuerzo por obtener una imagen de mi mismo integrada, durante la adolescencia da lugar a una crisis de identidad, así como a las diferentes etapas, en el desarrollo de la identidad, mencionadas anteriormente. El desarrollo de una identidad se simplifica con la existencia de ciertos modelos sociales habituales en la comunidad, los cuales ofrecen diversas identidades preconcebidas. Probablemente cualquier jovencita aspirara a convertirse en secretaria, maestra de escuela o modelo, pero tal ves no en una monja ni entrenadora de tigres. Es probable que la identidad elegida, sin embargo, no sea si no una versión individualizada de algún modelo social, tal como un modelo intelectual en oposición a una simple cara bonita.

A los adolecentes se nos presentaba el problema posterior de establecer una identidad de cierto modo es independiente de la familia, aunque generalmente teníamos mucho en común con ella. Esto se logra, de ordinario, al unirse un grupo social ajeno a la familia y al aceptar sus valores; por ejemplo, un grupo que es mas religioso, mas intelectual o mas criminal que su familia.

Hay fuerzas poderosas que empujan de uno mismo. Buscamos en los demás las reacciones que sean compatibles en la forma que nos consideramos a nosotros mismos. Queremos ser admirados por todo lo que admiramos en nosotros mismos. No obstante, nos interesamos principalmente en aumentar nuestra autoestima, es decir buscamos una imagen favorable de nosotros mismos, y reacciones favorables por parte de las demás personas.

Como resultado de las motivaciones descritas, la imagen de la mayoría de las personas tiene de si mismas es bastante mas favorable mezclándonos solo con quienes comparten nuestras propias opiniones, como es el circulo de amigos inmediatos. Por lo general el grupo al que pertenecemos generalmente nos amoldamos a las normas del grupo, formándonos una mal opinión de quienes no comparten nuestra propia imagen, como el niño que rechaza al maestro que le da malas calificaciones, es decir, ya de adultos seguimos actuando inconscientemente como adolecentes de entre 16 y 24 años.

En mi circulo personal y en lo individual a mis 74 años, mentalmente soy un joven de entre 16 y 24 años.

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